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Las claves

La entrada masiva de migrantes registrada en Ceuta a finales de julio alteró el comienzo del curso educativo en la ciudad. La preocupación por la seguridad en las calles y en los alrededores de los centros llevó a reforzar la vigilancia, modificar algunos accesos y adoptar medidas excepcionales para reducir los desplazamientos de alumnos y docentes.

La vuelta al colegio ya había comenzado marcada por ese clima. Algunas familias retrasaron el regreso de sus hijos a las aulas, mientras profesores y padres denunciaban que parte de los refuerzos prometidos todavía no había llegado a todos los centros. Ahora, la inquietud alcanza también a la Universidad de Granada, que ha reorganizado la actividad de su campus ceutí para evitar que las clases presenciales se prolonguen hasta la noche.

La Universidad vincula esta reorganización al clima de inseguridad y busca evitar que alumnos y profesores tengan que desplazarse durante las últimas horas de la tarde. Juanmi, profesor del Campus de Ceuta, duda, sin embargo, de que "adelantar la salida resuelva el problema de la inseguridad". "Si hay gente mala, está a todas horas en la calle. Da igual que te vayas a las seis, a las siete o a las siete y siete", sostiene.

La Universidad también ha acordado incorporar tres vigilantes a los dispositivos existentes. Estos se sumarán al efectivo adicional desplegado desde el 1 de septiembre, por lo que el campus contará con cuatro vigilantes de seguridad.

El plan prevé además la coordinación con las administraciones para vigilar el exterior de las instalaciones. A ello se añaden dos líneas de atención psicológica, grupos de apoyo emocional y un programa intensivo de formación en gestión de crisis, trauma y estrés para el personal universitario.

María tiene 22 años y estudia tercero de Enfermería en el Campus de Ceuta de la Universidad de Granada (UGR). Su horario habitual del turno de tarde podía comenzar a las tres y terminar cerca de las diez de la noche. Este curso será distinto: las prácticas se mantendrán de forma presencial, pero las clases teóricas que queden después de las 18.30 o las 19.00 continuarán a través de internet.

"Mi horario inicialmente era de tres a nueve y media o nueve menos cuarto, con la parte práctica y la teórica seguidas. Ahora una parte será presencial y otra, online", explica la estudiante a EL ESPAÑOL. El cambio forma parte del plan de contingencia diseñado por la UGR para retomar la actividad académica y reducir los desplazamientos durante las últimas horas de la tarde.

El curso debía comenzar el 14 de septiembre, pero la Universidad retrasó una semana el regreso a las aulas. Este lunes se celebró el acto oficial de apertura y este martes empiezan las clases.

Más de 1.700 personas integran la comunidad universitaria del campus: 1.597 estudiantes de grado y máster, 150 docentes e investigadores, 26 trabajadores técnicos, de gestión y administración, además del alumnado del Aula Permanente y varios investigadores.

La institución comunicó las modificaciones por correo electrónico. "Nos explicaron las cosas detalladamente y se entendieron perfectamente", afirma María. Los profesores también les enviaron indicaciones sobre las plataformas mediante las que deberán conectarse. La alumna cuenta que ni ella ni sus compañeros participaron en la decisión: recibieron las medidas ya adoptadas por el Rectorado para poder organizarse antes del inicio.

Una primera semana diferente

El documento oficial, fechado el 10 de septiembre y firmado por el rector, Pedro Mercado, establece una organización específica para la Facultad de Ciencias de la Salud. Durante la primera semana, la docencia teórica será totalmente presencial por la mañana y completamente online por la tarde. Cada estudiante podrá elegir la modalidad que considere más adecuada, aunque pertenezca inicialmente al otro turno.

Desde el 28 de septiembre volverá la alternancia entre teoría y práctica. Las actividades prácticas de Enfermería, por su carácter clínico y sanitario, serán presenciales y obligatorias. En el turno vespertino comenzarán a las 15.00 y se extenderán hasta las 18.30 o las 19.00. Después, las asignaturas teóricas pendientes se impartirán a distancia.

"La parte práctica la haremos de tres a seis y media o siete. Después nos iremos a casa y realizaremos la otra asignatura online", resume María. Para la Facultad de Educación, Economía y Tecnología, la última actualización del plan también fija que las clases de la tarde comiencen a las 15.00, que la presencialidad termine como máximo a las 19.00 y que la jornada prosiga virtualmente cuando sea necesario.

La medida busca reducir los desplazamientos durante las últimas horas de la tarde. María cree que puede servir, especialmente para quienes viven lejos del campus. "Hay gente que tiene que volver sola porque vive en otra zona. Reducir el horario presencial creo que ayudará", sostiene. Sus compañeros, añade, intentarán regresar en grupo para evitar que alguien tenga que desplazarse sin compañía.

La tranquilidad, sin embargo, no es completa. "Por una parte, la medida está bastante bien porque así no nos ponemos en peligro a partir de las seis y media o siete. Te da tranquilidad, pero la preocupación siempre está porque la situación es bastante crítica", reconoce.

Malestar por la decisión

Una docente, que prefiere mantener el anonimato, relata a este periódico el malestar que existe entre parte del profesorado universitario por la reorganización. Cuestiona que se haya decidido reducir la presencialidad sin consultar previamente a quienes deberán aplicar los cambios.

"No ha habido ni votación. Impusieron las normas desde Granada sin preguntar qué opinaban los profesores que viven aquí", afirma. Según explica, el nuevo modelo puede obligar a un docente a impartir una clase presencial entre las cinco y las seis de la tarde y esperar después hasta poder continuar otra asignatura desde su casa de forma telemática.

"Deben reforzar la seguridad en los edificios y sus alrededores, no recortar las clases de los docentes por la inseguridad", reclama.

Por su parte, Juanmi considera que las decisiones sobre el campus deben tener en cuenta la experiencia de quienes viven en la ciudad. "Para entender Ceuta hay que vivir en Ceuta. Es muy complicado que te digan desde Granada cómo cambiar los horarios cuando llevamos más de 50 días soportando esta situación", explica.

A su juicio, mantener la actividad presencial también permite que profesores y estudiantes recuperen parte de su vida cotidiana.

"Los alumnos necesitan ir a clase y los profesores necesitamos darla para volver a la rutina. Durante unas horas, lo que más te preocupa es la asignatura y desconectas un poco de toda la presión que estamos viviendo", señala el docente.

María valora el refuerzo, pero duda de que alcance para despejar el temor. "Han puesto medidas, pero no es suficiente, creo, porque es una situación muy complicada", concluye. Así comenzará un curso en el que las aulas volverán a abrir, aunque parte de la jornada universitaria terminará desarrollándose detrás de una pantalla.