El acoso escolar continúa siendo una de las grandes lacras del sistema educativo en España. En las aulas de nuestro país, 14 de cada 100 estudiantes aseguran que ellos mismos o un compañero de su clase sufren bullying cada día.
Así se desprende del VIII Informe de Acoso Escolar en Centros Educativos, elaborado por la Fundación Mutua Madrileña y la Fundación ANAR y publicado este viernes. Los datos, recabados durante el pasado curso escolar, muestran un preocupante incremento de la violencia en las aulas.
En concreto, la tasa de incidencia general se sitúa ya en el 14,1 % del alumnado encuestado. Esta cifra supone un repunte significativo respecto al 12,3 % que se registró en el periodo lectivo inmediatamente anterior, evidenciando una tendencia al alza.
Uno de los aspectos más alarmantes del documento es la cronificación de este maltrato. Más de uno de cada cuatro menores afectados, concretamente el 27,6 %, lleva padeciendo estas agresiones de manera continuada durante más de un año de su vida.
Las formas de agresión presencial siguen unos patrones muy definidos. Los insultos, los motes y las burlas son la vía más habitual, afectando al 86,4 % de las víctimas, seguidos de cerca por el aislamiento social o hacerle el vacío al compañero.
Respecto a los motivos esgrimidos por los acosadores, el aspecto físico de la víctima es la principal excusa para la burla, concentrando el 78,9 % de los casos. Le siguen las diferencias por cultura, raza o religión, con un 54,9 %.
Otro dato relevante es que la mayoría de los episodios de maltrato se producen en grupo. Además, los propios compañeros de clase son identificados como los principales autores de estas conductas denigrantes en el 66,7 % de las situaciones denunciadas por los alumnos.
El 'ciberbullying'
El ciberbullying también ocupa un lugar destacado en el informe, afectando a tres de cada 100 estudiantes. Aunque la cifra parece menor, el daño psicológico es inmenso debido a la rápida difusión de rumores, que es la forma más común de ataque virtual.
Las redes sociales son el campo de batalla preferido para este hostigamiento digital. WhatsApp lidera este fatídico ranking, utilizado en el 78,4 % de los casos, seguido por la red social de vídeos cortos TikTok y la plataforma fotográfica Instagram, según relatan.
Una imagen que ejemplifica el acoso escolar.
Un fenómeno de reciente aparición y rápida escalada es el uso de la Inteligencia Artificial para cometer estas agresiones. Hasta un 23,5 % de los casos de acoso cibernético ya involucran el uso de estas avanzadas herramientas tecnológicas por parte de los agresores.
Los acosadores utilizan la Inteligencia Artificial fundamentalmente para crear vídeos falsos mediante la manipulación de fotografías de sus compañeros. También la emplean de manera recurrente para clonar o distorsionar la voz de las víctimas y lograr humillarlas masivamente en el inmenso entorno virtual.
A pesar de este oscuro panorama, el informe arroja datos positivos sobre la reacción del entorno escolar. El 77,7 % del alumnado afirma que comunicaría inmediatamente la situación a un profesor, y casi el mismo porcentaje asegura que apoyaría a la víctima.
Además, la percepción sobre la implicación de los compañeros frente a las injusticias mejora de manera notable. El 59,2 % de los encuestados percibe que el resto de los estudiantes interviene para frenar al agresor, lo que supone un gran crecimiento porcentual.
La visión de los docentes también resulta fundamental para entender la dimensión total de este problema. Actualmente, casi el 23 % de los profesores reconoce tener constancia de algún caso de acoso escolar en su aula, lo que facilita una intervención rápida.
Consecuencias en PISA
Toda esta espiral de violencia silenciada tiene consecuencias directas e inevitables en el rendimiento académico general de los menores. El acoso escolar se ha consolidado como uno de los motivos centrales por los que han bajado drásticamente los resultados en informes internacionales como PISA.
Tanto en España como en el resto del mundo, la debacle educativa que muestran estas pruebas no se explica únicamente por la falta de comprensión lectora. La inestabilidad emocional que sufren miles de alumnos acosados lastra de forma crítica sus resultados en las evaluaciones.
Un estudiante que vive inmerso en un entorno hostil y padece acoso escolar durante más de un año no puede concentrarse adecuadamente. Esta angustia bloquea su desarrollo cognitivo, alejándole del nivel de exigencia que miden regularmente las pruebas de la OCDE.
A todo esto debemos sumar también la inmensa distracción digital que enfrentan todos los jóvenes actualmente. La exposición constante a pantallas no solo reduce su atención en clase, sino que amplía peligrosamente las vías para sufrir hostigamiento continuado, perjudicando finalmente su futuro académico y todo su bienestar emocional en general.
