El próximo martes 8 de septiembre, los alumnos de Ceuta volverán a encontrarse con sus profesores y compañeros, pero también con una imagen desconocida: vigilantes privados en los centros, presencia de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad en sus inmediaciones y docentes atentos a cualquier señal de miedo, aislamiento o angustia.
Las clases comenzarán como estaba previsto, aunque la ciudad está lejos de haber recuperado su vida habitual tras la crisis fronteriza.
Mientras algunas familias preparan las mochilas, otras todavía dudan si llevarán a sus hijos o esperarán para comprobar cómo funciona el dispositivo anunciado.
El Ministerio de Educación ha previsto contratar seguridad privada en los centros públicos y concertados, reforzar el vallado de varios colegios de Infantil y Primaria y habilitar aulas matinales en algunos institutos, especialmente para los primeros cursos de la ESO.
El plan incluye además actuaciones formativas y de intervención psicosocial.
Las medidas forman parte de los 3,2 millones de euros que el Gobierno destinará durante los próximos cuatro meses a responder a la situación educativa de Ceuta, aunque el Ministerio todavía no ha facilitado un desglose de cada partida.
"Aulas sanadoras"
EL ESPAÑOL ha tenido acceso a Infancia y adolescencia frente a la crisis fronteriza, la guía elaborada por Fernando Trujillo y Antonio Martín, de la Universidad de Granada, en colaboración con el Ministerio de Educación, para abordar las posibles consecuencias emocionales sobre los menores ceutíes.
Una madre abraza a su hija a las puertas de un centro educativo de Ceuta antes del inicio de las clases.
El documento recomienda dedicar las dos primeras semanas del curso a la "descompresión emocional", mediante juegos, expresiones artísticas, debates, ejercicios de escucha o un "buzón de preocupaciones".
También propone convertir las clases en "aulas sanadoras": espacios estructurados y seguros donde los alumnos recuperen sus rutinas y expresen sus emociones, sin transformar a los profesores en terapeutas.
Entre los más pequeños podrían aparecer miedo a separarse de sus padres, pesadillas, rabietas o irritabilidad. En Primaria, la guía pide observar dificultades de concentración, preguntas repetitivas, dolores de cabeza o barriga y excusas para no acudir al colegio.
Entre los adolescentes alerta sobre aislamiento, hiperexposición a las redes sociales, caída del rendimiento y una mayor división entre "ellos y nosotros".
El documento aclara que estas reacciones no implican necesariamente un trastorno. Los docentes deberán detectar cambios en el comportamiento y valorar su intensidad, duración, interferencia en la vida cotidiana y evolución.
Los casos persistentes o graves deberán derivarse a profesionales de la salud mental.
Seguridad sin detalles
La consejera de Educación de Ceuta, Pilar Orozco, explicó a EL ESPAÑOL que el Gobierno le trasladó la instalación de vigilancia privada durante las 24 horas, la recrecida de los muros de cinco centros y un plan con Policía Nacional, Guardia Civil, Ejército y Policía Local.
Sin embargo, asegura que todavía no ha recibido un documento que concrete su funcionamiento.
"Me hubiese gustado verlo antes de anunciar que el inicio del curso iba a ser el día 8; tenerlo todo previsto y no decir primero que se va a comenzar sin conocer qué se tiene preparado", sostiene.
En un primer momento, las medidas excluían a los centros concertados, pero el Ministerio rectificó y anunció que también dispondrían de vigilancia privada.
Familias divididas
Cristina tiene dos hijos en el colegio San Agustín y, en principio, piensa llevarlos. "Soy una privilegiada porque el colegio está en el centro de la ciudad, que está muchísimo mejor que la periferia", reconoce.
No obstante, secundará una ausencia colectiva si otras familias deciden no enviar a sus hijos: "Si deciden que falten, pues yo falto".
Para acompañar a ambos, llevará a su hija una hora antes y pagará el aula matinal. "Mi hijo entra a las ocho y mi hija a las nueve. Me he planteado llevarlos a los dos a la vez", explica.
Yolanda, en cambio, no llevará a sus mellizas de 10 años al colegio Mare Nostrum mientras no perciba una mejora. "No creo que sea normal que mis hijas tengan que ir protegidas por policías, militares y guardias civiles", sostiene.
Una de ellas sufre episodios de ansiedad: "Se pone a llorar, me pide que nos vayamos y dice que tiene mucho miedo".
La madre tampoco cree que vigilar las entradas y salidas sea suficiente. "Mis hijas tienen sus extraescolares, tienen su deporte y no van a poder hacerlo con normalidad".
Asegura que muchas familias comparten sus dudas, aunque deben trabajar y no tienen con quién dejar a los menores.
Nuria ha retrasado el regreso de su hijo de 15 años, que permanece con familiares en Santander.
"Tal y como está la situación, por su seguridad y nuestra tranquilidad, hemos decidido que se quede allí unos días más", explica. Su hija mayor sí acudirá porque comienza segundo de Bachillerato, quiere estudiar Medicina y debe preparar la PAU.
La decisión, advierte Nuria, depende también del barrio y de los recursos familiares: "Hay chicos de 15, 16 o 17 años que esperan el autobús a las siete y media en Loma Colmenar. Si fuera mi hijo, tampoco lo mandaría".
Decisiones del claustro
Entre los docentes persisten las dudas. David Arbona, profesor de Bachillerato y ciclos formativos en la Escuela de Arte, anima a sus alumnos a regresar para salir "de este estado de estrés, malestar y angustia".
"Voy a poner todo el alma en enseñar, pero va a ser muy complicado", reconoce. En su centro habrá un guardia en la puerta. Además, está prevista presencia policial y militar en entradas, salidas y recreos
Noelia, maestra de inglés en el colegio público Maestro Juan Morejón, encontró un vigilante cuando se incorporó el 1 de septiembre. "A mis niños no les va a pasar nada porque yo me voy a poner por delante", asegura. Pero admite: "Por mucho que digan que la vuelta va a ser segura, normal no puede ser".
Alejandra, profesora de Lengua y coordinadora de bienestar del colegio concertado La Inmaculada, aporta las primeras decisiones comunicadas en el claustro. Desde el lunes, el centro contará con vigilancia privada las 24 horas y utilizará solamente su entrada principal para reducir los accesos abiertos.
También se eliminará el periodo de adaptación de los alumnos de tres años: todos acudirán de nueve a una desde el primer día.
En otros centros, según le han trasladado, los estudiantes de Bachillerato tampoco podrán salir durante el recreo, "para evitar algún conflicto o una situación desagradable".
Alejandra participó además en la presentación del plan psicosocial, que provocó objeciones entre los asistentes.
"Ni los docentes ni los orientadores somos psicólogos clínicos ni tenemos esa formación. Esto debe recaer sobre personal externo y especializado", defiende.
Según relata, los responsables no concretaron quién prestará esa atención ni cuándo comenzará.
"No se puede edulcorar lo que está pasando porque los niños no son tontos", sostiene.
Pese a sus críticas, considera necesario abrir: "La mayoría creemos que el centro es garante de seguridad y que allí los niños podrán recuperar unas relaciones sociales fundamentales".
Ceuta afronta así una paradoja: el colegio debe ayudar a los menores a recuperar sus rutinas, pero su reapertura estará acompañada por un dispositivo extraordinario que les recordará que la crisis todavía no ha terminado.
