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El próximo 8 de septiembre, la Policía reforzará los accesos a los colegios de Ceuta y vigilará las rutas del transporte escolar. Dentro, los profesores esperarán a unos alumnos que quizá no lleguen. Varias familias ya han decidido mantener a sus hijos en casa porque no consideran que existan suficientes garantías de seguridad.

Los padres se comunican por barrios y redes sociales, intercambian sus temores y preparan una protesta coincidiendo con el arranque de las clases. Algunos sólo retrasarán la incorporación durante unos días. Otros no tienen todavía una fecha para regresar.

"No creo que sea normal que mis hijas y otros niños tengan que ir al colegio escoltados por policías, militares y guardias civiles", afirma Yolanda, madre de dos mellizas de 10 años.

El Ministerio de Educación mantiene el inicio del curso para el alumnado de Infantil, Primaria, ESO y Bachillerato. Sin embargo, la vuelta a las aulas ha quedado atravesada por la crisis desencadenada tras la entrada masiva de migrantes desde Marruecos a finales de julio.

Familias y docentes reclaman información concreta sobre la vigilancia, la limpieza y la atención psicológica que encontrarán en los centros.

El Gobierno ha respondido con un plan de choque que movilizará 309 millones de euros durante los cuatro últimos meses de 2026. De esa cantidad, 3,2 millones se destinarán a reforzar la seguridad de los centros educativos y ofrecer acompañamiento psicosocial a alumnos, familias y profesores.

El Gobierno también ha anunciado una mayor presencia policial en los accesos y el transporte escolar, además de un programa para ayudar a la comunidad educativa a afrontar las situaciones de estrés vividas durante las últimas semanas.

Pero, a una semana del comienzo de las clases, algunos docentes aseguran que todavía desconocen cómo se concretarán varias de esas medidas.

La incertidumbre ya ha alterado el calendario de los más pequeños. Las escuelas infantiles municipales Nuestra Señora de África y Juan Carlos I, destinadas a niños de cero a tres años, no abrirán al menos hasta el 28 de septiembre.

En Nuestra Señora de África se están ultimando la limpieza, la colocación del mobiliario y los preparativos para su puesta en funcionamiento.

Juan Carlos I permanece pendiente de los últimos trámites administrativos relacionados con la adjudicación del servicio. La Consejería de Educación de Ceuta asegura que trabaja para que ambas abran "con todas las garantías de seguridad, calidad y normalidad".

"Tiene pánico"

Ese mensaje todavía no tranquiliza a Yolanda. Sus mellizas deberían comenzar las clases en el colegio Mare Nostrum, pero ella ha decidido no llevarlas. Una de las niñas, asegura, tiene miedo incluso de abandonar su vivienda.

"Cada vez que salimos a la calle lo pasa muy mal. Le dan ataques de ansiedad, se pone a llorar y me pide, por favor, que volvamos a casa", relata. "No puedo llevar a mi hija al colegio con un ataque de ansiedad. Tiene pánico a salir".

El Mare Nostrum no figura entre los centros en los que entraron personas durante la crisis. Aun así, Yolanda considera que la vigilancia durante las entradas y salidas no basta para recuperar la vida cotidiana de las niñas, que también realizan actividades deportivas y extraescolares.

"No nos vale estar seguros solamente a la hora de entrar y salir del colegio", sostiene. No sabe cuánto durará la ausencia: "Mientras esto siga así, no creo que mis hijas vayan a ir".

Actualmente está en paro después de 25 años como autónoma y puede quedarse con ellas. Es consciente de que muchas familias no tienen esa posibilidad. "Hay padres que tampoco están de acuerdo con el inicio del curso, pero trabajan los dos y no tienen dónde dejar a los niños. No les queda más remedio".

Nuria ha tomado una decisión diferente para cada uno de sus hijos. Su hija mayor comenzará segundo de Bachillerato y acudirá a clase porque quiere estudiar Medicina y necesita preparar la prueba de acceso a la universidad. Su hijo de 15 años permanecerá unos días más con sus tíos en Santander.

El adolescente debía regresar para comenzar cuarto de la ESO, pero sus padres han retrasado su vuelta. "Por su seguridad y nuestra tranquilidad, hemos decidido que se quede allí", explica Nuria. La familia calcula que podrá regresar alrededor del 15 de septiembre.

Durante los días posteriores a la entrada masiva, el menor apenas salió de casa. Permanecía pendiente de las redes sociales y de las noticias sobre Ceuta. Sus padres consideraron que alejarlo temporalmente era la mejor opción para proteger su salud mental.

Nuria vive cerca del colegio concertado San Agustín y reconoce que su situación no es la misma que la de los alumnos residentes en barriadas periféricas, que deben desplazarse en transporte público.

"Pienso en todos esos chicos de 15, 16 o 17 años que esperan el autobús a las siete y media de la mañana. Si fuera mi hijo, tampoco lo mandaría al colegio".

"Habrá un vacío"

David Arbona, profesor de Bachillerato y ciclos formativos en la Escuela de Arte de Ceuta, anima a sus alumnos a acudir. Considera que regresar a clase puede ayudarlos a salir del "estado de estrés, malestar y angustia" vivido durante el último mes.

Aun así, comprende la decisión de los padres y duda de que el curso pueda comenzar con normalidad.

"La sensación en el centro era de tristeza", describe. Arbona cuestiona que todos los trayectos, recreos y alrededores de los colegios puedan permanecer vigilados y asegura que la preocupación es especialmente intensa entre quienes deben desplazarse desde determinados barrios.

El profesor habla con compañeros de distintos centros, padres y grupos de docentes. A partir de esas conversaciones, anticipa un elevado número de ausencias: "Este curso va a provocar un vacío. Ojalá me equivoque, pero puede ser un cataclismo en la formación porque hay mucho miedo".

El impacto será especialmente delicado en Bachillerato. La incorporación escalonada de los alumnos podría dificultar el avance de los temarios y la preparación de quienes deberán enfrentarse a la prueba de acceso a la universidad.

Arbona teme, además, que el desgaste psicológico derive en bajas de profesores y posteriores retrasos para cubrir las sustituciones.

"Yo voy a poner todo el alma en enseñar y animo a mis alumnos a venir", insiste. Pero rechaza hablar de normalidad: "Hemos empezado septiembre y todavía no tenemos casi nada claro".

El Ministerio mantiene el calendario y promete todos los recursos necesarios. Frente a ese mensaje, familias como las de Yolanda y Nuria han optado por aplicar su propia medida de seguridad: dejar vacíos, al menos durante los primeros días, los pupitres de sus hijos.