25 años del 11-S, el día que cambió el mundo: el yihadismo ha causado desde entonces 240.000 muertos en más de 60.000 atentados
Cuatro de los 19 terroristas responsables de las muertes de casi 3.000 personas, entre ellos el ‘cerebro’ del ataque, siguen presos en Guantánamo esperando un proceso judicial que no empezará hasta 2028
El juicio por los atentados del 11 de septiembre se celebrará el 5 de junio de 2028.
Serán juzgados cuatro hombres. Fueron capturados en Pakistán hace veintitrés años y permanecen en Guantánamo desde 2006.
Serán juzgados por el asesinato de 2.976 personas. La Fiscalía pedirá la pena de muerte.
Khalid Sheik Mohamed, alias KSM. Paquistaní. Considerado el ‘cerebro’ de los atentados.
Walid bin Attash, alias Khallad. Yemení. Mensajero, recadero y guardaespaldas de Osama bin Laden.
Ali Abdul Aziz Ali, alias Ammar al Baluchi. Paquistaní. Ayudó a mover fondos de Al Qaeda desde Dubái.
Mustafa al Hawsawi. Saudí. Llevó la contabilidad de la operación en un cuaderno.
La organización y el plan
Los acusados firmaron una confesión en Guantánamo a cambio de evitar la pena de muerte.
La Justicia de EEUU, no obstante, invalidó el acuerdo alegando que se había obtenido sin garantías legales.
KSM, ingeniero formado en EEUU, afirmó que presentó en 1996 el plan a Osama bin Laden, líder de Al Qaeda, en su fortaleza de Afganistán, Tora Bora.
Pese a su radicalización temprana en los Hermanos Musulmanes, KSM nunca llegó a unirse formalmente a Al Qaeda, actuando como asesor.
El plan original de KSM incluía secuestrar y estrellar hasta nueve aviones en puntos de todo EEUU, desde monumentos a centrales nucleares.
En la primavera de 1999, KSM, Bin Laden y Mohammed Atef, jefe de operaciones de Al Qaeda, fijaron dos objetivos prioritarios: el World Trade Center en Nueva York, símbolo de poder económico, y el Pentágono en Washington, símbolo de poder militar.
Khallad confesó haber volado en una aerolínea estadounidense escondiendo un cúter para comprobar si era descubierto. Durante el 11-S, los secuestradores los usarían como arma.
Aprovechando su residencia en Dubái, Baluchi realizó seis transferencias a la célula por valor de 119.500 dólares. Los investigadores estiman que la financiación de los atentados ascendió a medio millón de dólares.
Hawsawi llevó la contabilidad en un cuaderno, registrando los ingresos e informando al jefe del operativo, el arquitecto egipcio Mohammed Atta.
La puerta por la que entraron
El plan requería que los secuestradores residieran en suelo estadounidense. Además de permitirles tomar vuelos domésticos, permitió a los designados como pilotos que tomasen clases y practicaran durante un año.
Quince de los 19 obtuvieron sus visados en Arabia Saudí. La célula aprovechó las facilidades en materia de documentación y trámites que los funcionarios estadounidenses ofrecían en los países del Golfo Pérsico.
Pese a esta manga ancha, Khalid y Baluchi no obtuvieron el visado para permanecer en EEUU, motivo por el que no participaron en los secuestros aéreos.
Otro terrorista, Ramzi Binalshibh, fue rechazado cinco veces por motivos económicos. También se encuentra retenido en Guantánamo pero ha sido declarado ‘mentalmente incompetente’ para ser juzgado.
Las 06:00 en Portland
A las 6:00, Mohamed Atta y Abdul Aziz al Omari volaron de Portland, Maine, a Boston, Massachusetts.
Atta habló tres minutos por teléfono con Marwan al Shehhi, que estaba en otra terminal del mismo aeropuerto, a las 6.52. Fue su última conversación.
Los diecinueve secuestradores partieron de Boston, Dulles (Washington) y Newark (Nueva Jersey).
Diez de ellos fueron señalados en algún momento por los sistemas de seguridad aeroportuaria, pero no se les impidió volar.
Aquella mañana murieron 2.977 personas, la mayor pérdida de vidas en suelo estadounidense por un ataque hostil en toda su historia. Entre ellas, 343 bomberos de Nueva York. La cifra no incluye a los diecinueve secuestradores.
- Civiles
- Militares
- Policías
- Bomberos
- Otros
World Trade Center
2.753 víctimas
Pentágono
184 víctimas
Vuelo 93 United Airlines
40 víctimas
Yihadismo post-11S
El golpe del 11-S convierte a Al Qaeda (‘la base’) en principal promotora del terrorismo islamista, inspirando la creación de múltiples grupos que juran lealtad a Bin Laden.
La nueva tipología terrorista también emplea la figura del ‘lobo solitario’: un único individuo, o un pequeño grupo, radicalizado por Internet y que comete atentados con los medios a su alcance.
En el primer caso, la filial Jemaah Islamiyah de Indonesia ataca una zona turística en Bali el 12 de octubre de 2002 en un asalto coordinado que deja 202 muertos.
En el segundo, el 11 de marzo de 2004 una célula inspirada por Al Qaeda atenta con explosivos contra trenes de Cercanías en Madrid. Hay 193 muertos y más de 2.000 heridos.
Los talibanes de Afganistán, anfitriones de Al Qaeda, son los principales responsables de la violencia islamista, con el 29,9% de los ataques, principalmente en Oriente Medio y Asia.
Sin embargo, la consolidación de Estado Islámico (ISIS o Daesh) recrudece esta violencia a partir de 2014. Se relacionan con el 32,8% de las muertes por yihadismo.
El declive del terrorismo islámico coincide con la derrota de Estado Islámico en Irak (2017) y en Siria (2019), así como con la toma del poder de los talibanes en Afganistán.
No obstante, Al Qaeda persiste en forma de grupos yihadistas descentralizados que operan en múltiples puntos del planeta, como el Sahel, Somalia o la península Arábiga.
Metodología
Para la elaboración de esta pieza se han consultado principalmente dos fuentes documentales.
La reconstrucción del 11 de septiembre y de sus responsables procede de las tres investigaciones oficiales del atentado, todas en dominio público: el Informe final de la Comisión Nacional sobre los Ataques Terroristas contra Estados Unidos (2004); 9/11 and Terrorist Travel, sobre inmigración y viaje terrorista; y Monograph on Terrorist Financing, sobre la financiación de la operación.
De ellos salen también los documentos reproducidos (solicitudes de visado, registros de entrada, tarjetas…) y los retratos de los diecinueve secuestradores.
Los datos sobre la situación del terrorismo yihadista en las dos décadas siguientes proceden de la base de datos Islamist Terrorist Attacks in the World, 1979-2024, de la Fondation pour l’innovation politique (Fondapol), en su edición de octubre de 2024.
La organización extrajo los números de dos bases de datos diferentes, Global Terrorism Database y Armed Conflict Location and Event Data. En cada una de ellas aplicó una serie de criterios y filtros propios (un total de 656) para calificar un ataque terrorista como yihadista o no.
Fondapol solo ofrece datos brutos de dominio público en el periodo entre 1979 y 2019, ambos años incluidos. Sin embargo, en el dossier Islamist Terrorist Attacks in the World, 1979-2024 se muestran datos de los años 2021 y 2023, lo cual permitió la realización del gráfico de ataques y muertes por año desde 2001.