Pepa Sánchez, la invencible de 76 años, campeona de Europa máster en 800m: “Competiré hasta que el cuerpo aguante”
Costurera y antequerana, comenzó a entrenar por la necesidad de desconectar de los hospitales cuando se marido cayó enfermo. Hoy tiene un sueño: participar en el Campeonato del Mundo... y ganarlo.
Pepa Sánchez (Antequera, Málaga, 1950) tiene esa rara cualidad de las mujeres extraordinarias: suele creer que lo bueno que le pasa solo puede ser fruto de una casualidad. Por eso, cuando llegó al Centro de Alto Rendimiento Deportivo de Madrid y vio el despliegue preparado para recibirla, se quedó observándolo todo con sorpresa y pudor, como si toda aquella atención estuviera destinada a otra persona.
Pero la protagonista era ella.
Antequerana de 76 años, cumplidos el pasado 1 de mayo, Pepa —o Pepi, como se le llama en casa— fue jefa de un taller de costura, es madre de Salvador, Rocío y Cecilia; abuela de Marta, Pablo y Alejandro, y viuda de Salvador, el gran amor de su vida.
Una mujer andaluza que pasó décadas dedicada al trabajo y a los suyos sin sospechar ni por un segundo que el capítulo más increíble de su historia estaba todavía por escribirse.
Porque ella no encontró el atletismo de niña ni de adolescente. Su infancia fue feliz, así lo recuerda en su entrevista con Magas, pero jamás imaginó que pudiera competir. Y lo más importante: ganar. No creció soñando con medallas ni con podios —de hecho, desconoce el palmarés que posee—. “Eso es cosa de mi entrenadora”, declara.
El deporte llegó mucho después, cuando las obligaciones parecían cumplidas y cuando la grave enfermedad de su marido llenaba de hospitales, viajes y preocupación los días de la familia. Salir a correr se convirtió entonces en una forma de respirar. Una manera de ordenar el dolor.
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A estas alturas, no es un secreto para nadie que el ejercicio físico es un tratamiento natural y directo para la salud física y mental. Los expertos son claros: estimula la liberación de sustancias químicas cerebrales como endorfinas y serotonina, reduce el estrés, disminuye los síntomas de depresión y ansiedad, mejora la calidad del sueño y fortalece la autoestima.
Pepa no solo empezó a entrenar, sino que después se atrevió con la bicicleta e hizo rutas por Europa junto a un grupo de amigas con las que recorrió la Selva Negra, Londres, París, Ámsterdam o cualquier destino que les permitiera seguir pedaleando. Más tarde apareció el atletismo. Y con él, la conquista y las medallas de oro, en apenas cinco años, de los Campeonatos de Andalucía, de España, en el Máster F70 en 200, 400 y 800 metros, logrando además el Récord del Campeonato en 200 metros, y de Europa en los 800 y en los 4x4.
En su conversación con esta revista, habla de ello sin solemnidad. Lo explica como si estuviera dando la información menos relevante que alguien pueda imaginar, como quien cuenta una anécdota minimizada. ¿No es esta mujer consciente de su heroicidad?
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Quizá no, y siga siendo la misma que aprendió el oficio de la costura en Córdoba y observando a su madre y a su tía —la reconocida diseñadora Carmela Quintana, directora creativa de la firma Ríos Quintana—. O aquella que durante años subió y bajó corriendo las escaleras de su taller sin saber que estaba esculpiendo el cuerpo de una futura campeona. Pepa Sánchez, un orgullo para los suyos, un honor para todos.
Una leyenda del deporte
Pepa, ¿cómo recuerda su infancia?
Fue muy bonita. Los primeros años me crié en el campo. Nosotras somos cinco hermanas, y cuando nació la pequeña, mis padres se mudaron a Antequera y allí crecimos todas. He tenido una vida muy feliz porque nos hemos llevado siempre estupendamente. Mi madre tenía una peluquería, así que siempre había mucho ambiente, mucha gente entrando y saliendo. A mí se me daba bien la gimnasia: jugué al baloncesto, corría, hice lanzamiento y salto de longitud. Lo que pasa es que nunca pensé que tuviera una faceta deportiva especial.
Durante muchos años fue jefa de taller. ¿Cómo llegó al mundo de la costura?
La costura siempre ha estado muy presente en mi familia. A mi madre le gustaba mucho y a mi tía también. Cuando mis padres dejaron el campo y se trasladaron a Antequera, mi tía abrió un taller. Ahí empezó todo. Yo me casé y me fui a vivir a Córdoba, donde seguí formándome y aprendiendo. Mis primeros pinitos de costura fueron allí. Pero fue a mi vuelta a Antequera, tras abandonar Córdoba, cuando ya empecé a trabajar en el taller de costura con mi tía Carmela.
¿Cuándo le hizo clic la cabeza para empezar a entrenar?
Empecé cuando ya tenía más de 50 años. Una amiga abrió un gimnasio de mujeres en Antequera y poco a poco me fui animando. Conocí a un grupo de chicas que salían en bicicleta los fines de semana. Llegaban el lunes contándome lo bien que se lo habían pasado. Yo nunca había montado en bici, pero me convencieron. Me caí muchas veces, me choqué con contenedores y terminé llena de golpes, pero aprendí.
¿Recuerda su primer día en el gimnasio? ¿Le dio un poco de apuro?
No tuve vergüenza ninguna. Entré y me puse a entrenar. Recuerdo que la monitora me decía: “Pepa, despacito, que te vas a lesionar”. Pero yo siempre he sido muy lanzada.
¿Cuándo pasa de entrenar por salud a competir?
Pasó bastante tiempo. Yo iba a andar, para mejorar mi cuerpo después de la menopausia, pero la verdadera conexión con el atletismo vino durante la enfermedad de mi marido. Tuvo un problema grave de riñón, iban a trasplantarlo, pasábamos mucho tiempo en hospitales y yo necesitaba desconectar. Salía del hospital y me iba a correr. Volvía y le contaba a Salvador los kilómetros que había hecho.
¿No se lesionaba? Una persona no puede empezar a correr a cierta edad sin una supervisión.
Muy poco. Creo que gran parte de mi resistencia viene de mi etapa en el taller. Desde el mes de febrero o marzo, cuando empezábamos a trabajar para la Feria de Abril, yo me llevaba todo el día subiendo y bajando escaleras. Durante años estuve haciendo ejercicio sin darme cuenta.
¿Cuándo decidió federarse?
Cuando me jubilé hacía mucha montaña y medias maratones, pero sentí que necesitaba a alguien que me guiara, me hacía falta una entrenadora. Conocí a Malu, una chica muy joven, que tiene ahora 40 años. Hablé con ella y me evaluó. Llegué a la pista y me dijo: “Dale cinco vueltas”. A la tercera o la cuarta creía que me moría (ríe).
¿Y usted qué edad tenía?
Me faltaban tres meses para cumplir 70 años. Me federé para competir en el Campeonato de Andalucía. Terminé proclamándome campeona.
En pocos años ha sido campeona de Andalucía, de España y de Europa. ¿Cómo se asimila algo así? ¿Qué se siente?
Yo es que no lo siento. Tú me preguntas por las marcas que tengo, y no las sé. La verdad es que no soy muy consciente. Mi entrenadora es quien lleva el control. Tú imagínate que te presentas a un Campeonato de España por primera vez y ganas, llevando solo dos meses. Prácticamente sin saber qué era el atletismo. Pero bueno, yo simplemente entreno y hago lo que ella me dice.
¿Cómo es su entrenamiento actualmente?
Mi rutina es fuerte, pero no puedes entrenar mucho para no lesionarte. El entrenamiento es muy curioso. Tengo tres días de pista, dos de gimnasio, trabajo de cuestas, series y cambios de ritmo. Y además sigo saliendo en bicicleta con mis amigas. Todos los domingos me hago 80 o 90 kilómetros con la bicicleta.
¿Todos los días hace usted algo de deporte?
No con la misma intensidad, pero sí. Siempre estoy en movimiento. El domingo, como te digo, me encanta irme con mi pandilla de amigas en bicicleta.
“Todos los domingos me hago 80 o 90 kilómetros con la bicicleta”- Pepa Sánchez
¿Qué le ha aportado el deporte?
No te puedes imaginar lo feliz que soy. Me encuentro bien física y mentalmente. No tengo penas por nada, me levanto sin dolores y siempre tengo ganas de hacer cosas. Entreno con las niñas y están todas reventadas y yo estoy perfectamente bien (ríe). Me gusta entrenar con ellas, tienen 40 años y corro a su ritmo. El deporte me ha dado amistades, viajes, experiencias y mucha ilusión.
Hay muchas personas que piensan que ya es tarde para empezar. ¿Qué les diría?
Que nunca es tarde. A quien está sentado en el sofá le diría que se levante. No hace falta correr ni competir. Basta con caminar. Lo importante es descubrir de lo que uno es capaz. Porque muchas veces no sabemos todo lo que podemos llegar a hacer.
“Nunca es tarde para empezar a entrenar. No hace falta correr ni competir. Basta con caminar. Lo importante es descubrir de lo que uno es capaz”- Pepa Sánchez
Si tuviera que resumir su vida en una frase, ¿cuál sería?
Que soy ahora mismo la mujer más feliz del mundo. Estoy feliz con mi familia, con la gente que me rodea y conmigo misma. Solo le pido al Señor salud y fuerza para seguir compitiendo, porque lo voy a hacer mientras el cuerpo me aguante. Y tengo un sueño, a ver si pudiera conseguirlo: poder disputar un Campeonato del Mundo y, quién sabe, quizá llegar a ser campeona.
Pepa, historia de España
Antes de despedirse, Pepa vuelve a hablar del futuro. No de lo que ha conseguido, sino de lo que aún le queda por hacer. De la próxima carrera. Del siguiente entrenamiento. De los kilómetros que todavía quiere recorrer. Es la mirada de una campeona, es la forma en la que una líder comprende el mundo.
Durante toda la jornada, sus palabras versan sobre compañerismo, amistad, superación y gratitud. Mucho más que sobre marcas o récords. Y entonces uno comprende que quizá lo insólito no son sus títulos de Andalucía, de España o de Europa. Lo extraordinario es que, a los 76 años, siga valorando todo lo que la rodea con la misma ilusión de aquella niña con cuatro hermanas que se crio en el campo y logró destrozar barreras.
Y, ojo, porque ya lo ha advertido: seguirá compitiendo mientras el cuerpo aguante. Pepa, la invencible. Pepa Sánchez y amén.
Al Centro de Alto Rendimiento Deportivo de Madrid.