Entrevista

Sole Giménez, 43 años de música y compromiso: “Con el feminismo no hay medias tintas. La palabra la han manoseado de manera interesada”

La cantante es una de las voces más importantes de España, primero en Presuntos Implicados y luego en solitario. La suya ha sido una carrera de fondo durante la que ha sido testigo de la evolución de la industria.

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"Ah, cómo hemos cambiado...". Esta frase del mítico tema de Presuntos Implicados sobrevuela el arranque de un encuentro íntimo y profundo con quien fuera su voz principal, Sole Giménez.

Lleva más de cuatro décadas en el mundo de la música: una auténtica proeza en un sector que ha evolucionado de las plataformas digitales a la IA casi sin anestesia.

Y, sin embargo, esta murciana nacida en París por casualidad y con un vínculo estrecho con Valencia, sigue siendo una de las artistas de referencia de España, testigo de un viaje donde la melodía es cambiante, como el viento.

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A sus 63 años, conserva la ilusión de pisar un escenario —no importa el tamaño sino el calor del público—, de seguir componiendo canciones, que en muchas ocasiones saben a reivindicación, y de enfrentar nuevos retos.

El último, ponerse al frente de los micrófonos del programa Tu cara me suena para meterse en la piel, y en la voz, de figuras emblemáticas como Édith Piaf o Tino Casal.

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La adrenalina de hacer cosas nuevas la mantiene en un idilio eterno con su profesión. Está a punto de iniciar una nueva gira, que arrancará en el Palau de Les Arts de Valencia y reconoce que, a veces, ni siquiera ella sabe de dónde saca tanta energía.

Atendiendo a una trayectoria como la suya, nunca se sabe si empezar esta entrevista por el principio o el final. Quizá lo mejor es ir saltando en el tiempo para descubrir el ‘alma de blues’ que se esconde tras ella.

Foto de la deportista Carolina Marín

Para muchos ha sido una sorpresa verte en Tu cara me suena, ¿qué te llevó a aceptar este reto?

Mira, hay trenes que no vuelven a pasar, me lo ha demostrado la vida. Estar en un programa como este supone un reto, es algo para aprender y también es muy divertido. Y yo ya tengo edad de divertirme, creo. Así que, ¿por qué no?

¿No te dio miedo?, ¿te enfrentaste a ello sin prejuicios?

Es que a mí me gusta jugar. Soy bastante juguetona y considero que la música tiene mucho de eso. Al menos yo siempre lo he enfocado de esa manera. Por eso nunca me he quedado en un estilo ni he sido fiel a una sola cosa. Me parece que en esta vida hay que probar. Los prejuicios están para ponerte unos topes que a veces conviene traspasar.

Además, un formato como este sirve en cierto modo para tener públicos diferentes y ampliar la visibilidad…

Puede servir, pero yo no lo he hecho con esa intención, la verdad. Mi enfoque, que igual es erróneo, aunque no me ha ido mal, es que importa más el trabajo que la repercusión. Yo fluyo un poco con la vida, con las cosas.

Tu cara me suena es uno de los mejores programas que hay de entretenimiento ahora mismo, de música además, y tiene una gran proyección pública.

Aun así, no me quedo con eso, sino con lo que me puede aportar como profesional y como persona. Aunque también tienes que ser consciente de que es un arma de doble filo.

Del final al principio… Empezaste cantando en un coro, ¿imaginabas entonces una carrera de más de 40 años?

Todo comenzó totalmente como un juego. Nunca tuve la intención de dedicarme a la música ni de ser cantante y nunca le dije a mi madre aquello de ‘mamá, quiero ser artista’. No se me pasaba por la cabeza.

De hecho, cuando llegó el momento, me fui a Valencia a estudiar Bellas Artes y, entonces, lo que hacía seguía siendo un hobby. Continuó así durante bastante tiempo, porque lo de Presuntos tampoco fue llegar y besar el santo, sino que costó casi siete años encontrar una fórmula y un público que te respaldara. Para mí siempre fue una cosa divertida que me encantaba hacer, pero jamás me lo planteé como una profesión. Y, fíjate, llevo 43 años en esto.

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El grupo creó verdaderos himnos y triunfó en un momento de explosión musical en España. ¿Cómo ha evolucionado la industria desde entonces y en qué momento dirías que se encuentra ahora?

Ha cambiado muchísimo. Ha cambiado el país, la manera de hacer música, sobre todo, la forma de consumirla y eso ha hecho que toda la industria se transforme.

Ahora estamos en un momento curioso porque surgen esas nuevos métodos de hacer música que decía, donde no hay personas o muy pocas. Nos encontramos en una transición hacia no se sabe muy bien dónde.

Pero sí es cierto que la música está muy viva en España, con mucho talento y fortaleza. Otra cosa es que se vea la gran variedad que tenemos. Lamentablemente, se muestra poco lo que hay. Nos quedamos con cuatro cosas cuando hay 4.000.

“Nunca tuve la intención de dedicarme a la música ni de ser cantante ni le dije a mi madre ‘quiero ser artista’”

- Sole Giménez

¿El reguetón lo invade todo?

Bueno, y el urbano también. Pero existen más géneros. Y luego hay gente que llevamos mucho tiempo, que también hacemos cosas.

Yo acabo de sacar un disco y cuesta mucho darlo a conocer en los medios y, por supuesto, la industria no está apoyando a la gente más mayor o si lo hacen es a muy poquitos. Entonces es complicado. Esta es una carrera de obstáculos y de retos.

¿Era más fácil vivir de la música antes que ahora?

Siempre fue muy difícil. Sinceramente, considero que los que podemos hacerlo somos afortunados, porque esto es como una yincana: cuando no hay un impedimento, hay otro.

Fotografía de la producción de Magas
camisa blanca de ALPHA STUDIO, pantalón bombacho de the loom, pendientes Michael Kors y sandalias negras de magrit

Tras más de dos décadas en Presuntos Implicados decidiste lanzarte en solitario. ¿Cómo valoras con el paso del tiempo ese punto de inflexión que, además, supuso una ruptura familiar? El grupo lo formabas con tu hermano, Juan Luis Giménez.

Tenía que hacerlo, no había otra salida. Intenté antes otras opciones, pero sólo había esta. Ahora lo veo y pienso que hice muy bien en dejar algo que me estaba lastrando la salud mental y física.

Luego empecé la carrera con mi nombre, que no era tan conocido como el del grupo, evidentemente, pero no me arrepiento de absolutamente nada. También ha sido un aprendizaje, un juego muy bonito.

He grabado 12 discos en solitario. Es una proeza, realmente. Justo saqué el primer álbum en 2007, cuando empezó la piratería. Ha sido una carrera de resistencia.

¿En cierto modo fue como empezar de cero?

No lo hacía profesionalmente hablando, pero sí de cara al público. Hay mucha gente que no me escucha en solitario, pero hay otra que se queda y compra mis discos. Gracias a ellos puedo seguir.

¿Y cuál fue entonces la respuesta de la industria?

El apoyo a mi carrera en solitario no tiene nada que ver con lo anterior. Aparte de que yo ya era una mujer de más de 40 años, haciendo música de adulta. La industria, en cuanto, pudo dijo: "adiós muy buenas".

¿Falta aún mucho por hacer en el papel que tienen las mujeres dentro de la música?

En estos 43 años veo cambios, no puedo negarlos, pero no todos los que tendrían que haberse dado. El techo de cristal sigue existiendo: ninguna compañía ha sido todavía dirigida por una mujer en este país. Más abajo sí que hay muchas. Al principio, cuando empecé, no había directamente. Estaba la secretaria y punto.

Gracias a Dios, sí hay nuevas generaciones de artistas, compositoras y autoras respaldadas por la industria. Pero luego, por ejemplo, no hay muchos profesionales que sean mujeres y que toquen un instrumento de manera profesional. Siguen siendo una rara avis y eso es algo que me vuelve loca.

Y luego en la parte técnica también brillan por su ausencia. No hay referentes y eso hace que las niñas no se vean reflejadas. Lo compruebo año tras año en una escuela cercana en Valencia que da estas asignaturas. Siempre pregunto, ¿cuántas chicas han entrado? Dos este año y estamos hablando de 50 alumnos. Hay mucho que hacer.

Fotografía de la producción de Magas

También parece que hay un claro edadismo en cuanto a los conciertos en directo. Se aplaude a Raphael por seguir en activo, pero cuando lo hace una cantante de cierta edad ya incomoda verla sobre el escenario y surgen las críticas. ¿Siguen las exigencias estéticas para ellas?

Desde luego, nosotras lo tenemos más complicado siempre, pero eso también parte del público, con todos mis respetos. Y sucede otra cosa, históricamente las chicas escuchan más música que los chicos y apoyan más a los artistas masculinos.

Eso hace que la carrera de un hombre tenga más recorrido. Y eso la industria lo tiene clarísimo. Ahora es verdad que el fenómeno fan también surge hacia artistas como Aitana y me parece fabuloso.

¿Tú te ves encima del escenario hasta los 80 como los Rolling Stone?

Ojalá… Será hasta que el público quiera. Yo tengo carrera para rato.

Fotografía de la producción de Magas
falda de seda y top transparente de the loom, rebeca de a paper kid, pendientes de Michael Kors y salones de magrit

La música también es mensaje y la tuya ha servido para dar a conocer a muchas autoras y compositoras. En 2019 lanzaste Mujeres de Música, precisamente con este objetivo. ¿Qué te llevó a hacerlo?

A lo largo del tiempo me fui dando cuenta de que había mujeres que habían hecho grandísimas canciones y que nadie conocía, y me pareció muy injusto.

Siempre pongo el caso más inverosímil: me parece increíble que nadie sepa que Bésame mucho, que es el tema más versionado, incluso en inglés, y más cantado lo escribió una autora que se llamaba Consuelo Velázquez.

Era mexicana y un verdadero portento de la naturaleza porque tocaba el piano, era concertista, componía...

Hice dos discos dedicados a ellas en los que reivindico también a Mari Trini, que es la autora y compositora más importante que hemos tenido en este país, pero que está totalmente desdibujada y me parece tremendo.

También llevo reivindicando toda mi vida a Cecilia. En esa gira de Mujeres de Música que nos llevó tres años estuvimos hablando de ellas y poniéndolas donde tienen que estar.

Parece increíble que haya que continuar con esas reivindicaciones…

Uy, queda muchísimo. Si conoces un poquito la historia de las mujeres dentro de la música, te das cuenta de que fue en el siglo XX cuando empiezan a estar un poco más presentes. Antes a nosotras se nos prohibía cantar en público, estaba mal visto.

Por supuesto, todo el mundo creía que no teníamos el espíritu creativo para hacer algo imaginativo. Se nos consideraba como niños o no teníamos consideración para crear nada ni para tener talento.

Tú siempre has sido una artista que se moja, con las ideas claras, que dice lo que piensa. Pero hay quien no. Recientemente Rosalía decía que no se sentía lo suficientemente perfecta para considerarse dentro de un ‘ismo’. ¿Entiendes las medias tintas?

Depende… En el feminismo, no. O a lo mejor lo que ocurre es que ahora mismo hay una generación que no sabe lo que es. Y resulta muy sencillo, supone pedir los mismos derechos y los mismos deberes en la sociedad.

La palabra feminista la han perjudicado, la han manoseado y vilipendiado gente de manera muy interesada. Y lo que hay ahí detrás es quitar el sitio que hemos conseguido. Nos quieren calladas y en la cocina.

“Soy la misma en casa, pero con pantuflas. ¡Qué esfuerzo más grande aparentar lo que no eres”

- Sole Giménez

Otro melón de actualidad, ¿hay que separar la obra del artista?

Ha habido grandes genios que en su vida personal no han sido ejemplo de nada; los ha habido y los habrá.

No es justificar nada, pero yo si veo un cuadro, me quedo con el cuadro.

Creo que para mal y para bien igual nos viene mejor no separar la obra del artista, porque hay gente que hace trabajos increíbles de literatura que vete tú a saber cómo eran. O los que pintaron las cuevas de Altamira; no sabemos quiénes eran. Existen cafres de todos los sexos y tamaños.

Tu último disco se titula Ser humano, en un momento que parece que los hay de primera y de segunda…

Ahora hay monstruos que han aparecido y que para mí no son seres humanos. Luego estamos el resto. Nos dividen en categorías, pero en realidad somos todos exactamente iguales. También hay algún enfermo que otro, pero si rascas un poquito nos parecemos todos.

chaleco y pantalón de lentejuelas de twenty fourhaitch, pendientes de Michael Kors y sandalias de Magrit

El pasado diciembre terminaste tu gira del 40 aniversario, ¿cómo fue?, ¿notaste mucha diversidad generacional entre el público?

Fue larga y superbonita, porque cuatro décadas en la música es algo para celebrar. Hay muchos hijos que invitan a sus padres porque les ponían mis canciones cuando eran pequeños, y eso me encanta. Es precioso que vengan en familia.

Has cantado en directo Mi pequeño tesoro con tu hija, a quien va dedicado el tema. ¿Seguirá ella tus pasos?

No, no… No tiene intención de dedicarse a la música porque sabe lo complicado que es ahora mismo, aunque le encantaría. Eso no quita para que se suba conmigo a hacer coros, que venga a los conciertos y que cante en ellos. Tiene las puertas abiertas siempre.

Eres artista, pero muy poco diva. ¿Cómo es Sole Giménez en la intimidad?

No hay diferencia, salvo que en casa estoy en pantuflas —se ríe—. Yo no cambio, ¿para qué? Qué esfuerzo más grande ser lo que no eres. No tengo energía para eso.

Aparte de la música, ¿qué otras cosas te gusta hacer?

Me encantaría tener tiempo para ocuparme de mis plantas porque me apasiona la jardinería y el paisajismo. El cine también me gusta muchísimo y quisiera poder pintar más. Ya llegará…

Para terminar, ¿un sueño de futuro?

Pues mira, en este momento que está lluvioso el día, me veo en Bali, en una playita, disfrutando de mi chico.

Agradecimientos especiales

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