Covadonga Rodríguez y el lujo silencioso de CLO: "La buena moda exige presencia y tiempo, no se hace deprisa"
Al frente de CLO Madrid, Covadonga Rodríguez redefine el lujo contemporáneo desde la sensibilidad artesanal y una profunda fidelidad a los valores que dieron origen a su firma. Su visión serena y comprometida ha convertido la marca en un referente de autenticidad capaz de expresar, a través de cada prenda, una manera consciente y femenina de habitar el mundo.
Hay personas que viven la moda como un oficio, y otras que la convierten en una forma de estar en el mundo. Covadonga Rodríguez pertenece a esta segunda categoría. Su manera de hablar —firme y luminosa— revela el mismo espíritu que transmite su firma: equilibrio entre lo estético y lo esencial. No diseña solo para vestir, sino para contar una historia: la de una mujer contemporánea que no renuncia ni a la coherencia ni a la emoción. Su mirada está anclada en lo real, en lo artesanal, en esos gestos pequeños que convierten lo cotidiano en algo valioso.
CLO Madrid no es solo una firma de moda, sino una “condensación de energía” convertida en prendas pensadas para que las mujeres se sientan bien, seguras y en coherencia con el momento que están viviendo. “Siempre digo que esto no es una carrera de velocidad, sino de fondo”, resume Covadonga Rodríguez diseñadora y CEO de CLO.
El proyecto ve la luz por la necesidad de “canalizar emociones” y de ofrecer un espacio de expresión a personas que no encontraban dónde volcar lo que sentían. “CLO Madrid nació como un proyecto de tres mujeres”, recuerda. Aunque el germen fueron tres fundadoras, con el tiempo la firma se ha convertido, según sus propias palabras, en “muchísimas mujeres” y en “un despliegue de talento femenino enorme”. Hoy define CLO como “una proyección de mí misma y, sobre todo, de mi curiosidad”. Le interesa menos el destino que el punto de partida: “La solidez de un proyecto no está en el objetivo final, sino en ese ‘desde dónde’”.
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Todo ese universo se condensa en Casa CLO, un edificio de cuatro plantas con una lógica casi narrativa. “Es determinante porque concentra todo”, explica. “Cuando todo está en un mismo lugar, construir es mucho más sencillo: desde la gestión hasta el diseño de las prendas y el acceso a los tejidos”, prosigue.
La planta baja funciona como pórtico simbólico: una recepción donde “te recibe una gran ‘diosa de la moda’ que va evolucionando con nosotras”. A un lado, “un showroom pensado para momentos especiales” actúa como escaparate vivo de la marca. En la primera planta se despliega “el espacio de CLO Studio, donde vive la nueva marca”.
“De niña, uno de mis hobbies era ir a talleres artesanos para hacer cosas o, simplemente, para mirar”- Covadonga Rodríguez
Un piso más arriba se concentran “las oficinas creativas y la parte estratégica”, el cerebro donde se toman decisiones. La buhardilla es el corazón: “El taller, el lugar donde sucede todo, donde se patrona, se trabajan los tejidos, se bordan las piezas, se hace el crochet, las aplicaciones...”. Covadonga se siente igual de vinculada a cada espacio, “es un poco como la vida”, dice, trazando un paralelismo entre los pisos y las distintas capas de una biografía que revela el trabajo de 10 años de historia.
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CLO Studio nace de una escucha insistente al otro lado del probador. “Después de estos diez años, el feedback de las clientas era muy claro: ‘Tengo un evento, quiero algo especial’”. Durante este largo tiempo, Covadonga se vio “diseñando de manera casi natural y sin pensarlo para amigas y clientas, acompañándolas, aconsejándolas, recomendando telas y cortes”. En un momento dado decidió ordenar esa dinámica y traerla al corazón de la casa: “Es mucho más coherente diseñarlo yo, desde el principio, con ellas”. Define CLO Studio como “el paso de darle un valor más sofisticada al universo de la marca, pero sin traicionar el concepto inicial”.
El lujo consciente
Mucho antes de que el término se pusiera de moda y en boca de todos, Covadonga ya pensaba en el concepto de ‘lujo consciente’. “De niña, uno de mis hobbies era ir a talleres artesanos para hacer cosas o, simplemente, para mirar”, recuerda. Le fascinaba “esa modista que hacía vestidos a mano” más que comprar algo ya hecho en serie. Cuando habla de lujo silencioso, Covadonga mira directamente hacia la artesanía: “Supone muchas horas de trabajo, no se hace deprisa. Exige presencia y comprensión del patrón”.
En CLO, la sostenibilidad empieza en la materia, no en el eslogan, por la elección extremadamente consciente de los materiales. A ello suman “tintes orgánicos” y una paleta de color diseñada para que las prendas sean “para una moda duradera, no de temporada”. Tiene muy presente una escena de armario: probarse algo de hace años y comprobar que sigue funcionando. “Eso es lo que queremos: que las prendas CLO continúen siendo parte viva del armario”, afirma.
Su mirada sobre el consumo es abierta: “Quien quiera comprar mucho, que lo haga, pero conscientemente. Quien prefiera comprar poco, también”. La línea roja es clara y se manifiesta en la sensación posterior: que no haya un “¿en qué momento me compré yo esto?”.
“La mujer CLO quiere sentirse segura de sí misma, que quiere ser ella en su máxima versión posible. Eso solo se consigue entendiéndose y aceptándose”- Covadonga Rodríguez
La mujer CLO
Cuando piensa en su clienta, Covadonga lo tiene claro: “Es una mujer que quiere sentirse segura de sí misma, que quiere ser ella en su máxima versión posible. Eso solo se consigue entendiéndose y aceptándose”. La ropa “es un espejo de quién eres, no un disfraz”, y desde ahí surge una emoción central. Para la empresaria, ese es el objetivo: “Es una forma de brillar tú, no solo el vestido”.
Y formula así el deseo de la casa: “Nos encantaría que quien entre en CLO salga más segura de sí misma, más aceptada, más fuerte y más próspera, para lo que tenga que hacer: trabajar, cuidar, amar, celebrar, cenar y sentirse increíble”.
Al cerrar esta primera década, Covadonga habla de “diez años de aprendizaje intensivo, de emprendimiento real, con todo lo que implica, de conocimiento profundo”. No le interesa el relato triunfalista, sino la honestidad del proceso. “Prueba y error. Los fracasos están ahí para enseñarnos. Nadie nace sabiendo”, remata.
Tampoco cree en el fracaso definitivo: “Mientras sigas en movimiento no es un fracaso definitivo. Existir es eso: subidas y bajadas. Lo importante es que los momentos buenos te recarguen para sostener los difíciles. La vida plana sería insoportable” Ahora mira al futuro con una mezcla de calma y ambición: “Esta segunda etapa es crucial. CLO ha dejado atrás la adolescencia”, comenta. Y permite que el tiempo cierre el círculo: “Estos diez años serán, seguramente, la base de los siguientes veinte. El tiempo dirá”.