Entrevista

Cinco mujeres de la Guardia Real abren las puertas del cuartel de El Pardo para mostrar su vocación: “Es un orgullo servir a la Corona”

La teniente coronel odontóloga Elena Villalta, la teniente farmacéutica Laura Roldán, la Guardia Real de Protocolo Irene Arroyo y las especialistas Contraincendios Celia Morante y Ana Rocío Arriola ponen el acento femenino de esta histórica unidad.

Cinco mujeres de la Guardia Real abren las puertas del cuartel de El Pardo para mostrar su vocación: “Es un orgullo servir a la Corona”

La teniente coronel odontóloga Elena Villalta, la teniente farmacéutica Laura Roldán, la cabo primero de Protocolo Irene Arroyo y las especialistas en contraincendios Celia Morante y Ana Rocío Arriola ponen el acento femenino de esta histórica unidad.

Fotografía de la producción de Magas
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En un discreto rincón del monte de El Pardo, en Madrid, entre el silencio de los pinares y la formalidad de la vida castrense, late con fuerza el corazón de una de las unidades más antiguas y singulares de España: la Guardia Real. Sus raíces se remontan a la necesidad de proteger a los monarcas desde tiempos inmemoriales y quizá la más famosa aparece en la Edad Media, en el Condado de Castilla.

Con el devenir de los siglos, ha ido evolucionando en cuanto a su estructura y organización. Hoy, este cuerpo militar que pertenece a las Fuerzas Armadas mantiene viva la tradición de custodiar, proteger y acompañar a la Corona, adaptando su misión a los nuevos tiempos.

Y hablando de nuevos tiempos, la presencia femenina también ha ido ganando espacio. De las 1.500 personas aproximadamente que integran la Guardia Real hay 178 mujeres: 18 oficiales, 14 suboficiales y 146 de tropa, lo que supone un 12% del total. Lejos de ser sólo un símbolo de igualdad, ellas encarnan el espíritu moderno de la monarquía española y escenifican la transformación de la sociedad.

Magas accede al cuartel de El Pardo para conocer a cinco de esas mujeres y pronto se descubre que la Guardia Real es como una “pequeña empresa” que sirve a los reyes Felipe y Letizia desde sectores diversos.

Aunque quizá la parte más conocida de su labor sean los desfiles del Día de la Hispanidad o el recibimiento de mandatarios extranjeros, detrás de cada formación impecable hay una odontóloga que cuida la salud de la tropa, una farmacéutica que garantiza cada tratamiento, una especialista en protocolo que ordena hasta el último detalle de los actos oficiales y unas profesionales en prevención y lucha contra incendios que vela por la seguridad de todos.

Juntas dibujan un cuerpo castrense humano, donde la vocación de servicio se ejerce también con bata blanca, planos de seguridad y manuales ceremoniales. Reciben a esta revista en uno de los salones del cuartel, nerviosas por ser protagonistas, algo poco habitual. Explicar desde dentro en qué consiste su trabajo y qué sienten al pertenecer a esta unidad lleva implícita ilusión, pero también cautela y discreción: las cosas de palacio requieren de ello.

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Sentadas en una gran mesa y vistiendo cada una su preceptivo uniforme van presentándose. Son cinco trayectorias distintas que acaban conformando una misma idea: servir a la Corona de España desde la Guardia Real no es un destino cualquiera, es una forma de vida.

Celia Morante, bombera de la Guardia Real
Laura Roldán, farmacéutica de la Guardia Real

Celia Morante y Laura Roldán

Irene Arroyo, cabo primero de Protocolo de la Guardia Real
Ana Rocío Arriola, bombera de la Guardia Real
Elena Villalta, odontóloga de la Guardia Real
Irene Arroyo, Ana Rocío Arriola y Elena Villalta

Elena Villalta, odontóloga

Toma la palabra la teniente coronel Elena Villalta González, jefa del Servicio de Odontología y la más veterana del grupo, que confirma que ingresar en la Guardia Real es algo vocacional. Casi nadie llega por casualidad. “Las vacantes salen publicadas por libre designación. Es decir, el acceso tiene que ser a través de un currículum, de unas entrevistas y de una serie de cualidades que ha de tener el militar o la militar para poder entrar”, asegura.

Lo define como “una pequeña empresa, donde hay una jefatura, pero luego abarca muchísimas especialidades”. Nacida en Ceuta, lleva 21 años en la unidad y su función es “cuidar la salud bucodental de todo el personal, hacer tratamientos, atender urgencias, realizar reconocimientos médicos...”.

Estudió Odontología en Sevilla y, cuando todos sus compañeros fundaban clínicas privadas y empezaban a ganar dinero, ella decidió encerrarse a estudiar una oposición para el Cuerpo Militar de Sanidad (CMS) "Todos me decían que estaba loca por irme al Ejército y ahora dicen que soy la más lista, la que mejor vive”, bromea.

Elena Villalta, odontóloga de la Guardia Real

Ingresó en las Fuerzas Armadas en 1996, cuando la presencia femenina todavía era minoritaria, aunque en su promoción de sanitarios el 60% eran mujeres. “Desde que entré siempre he trabajado rodeada de médicas, farmacéuticas, enfermeras... Para mí no ha sido un shock ver más mujeres, llevo 20 años viendo más o menos el mismo porcentaje”, explica.

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Elena se emociona al explicar qué significa trabajar aquí: “Para mí la Guardia Real es familia, vengo casi todos los días feliz a mi trabajo”. Y reivindica su ideario, esos cinco mandatos que recitan y que resumen su manera de estar: “Todos somos eslabones de la misma cadena, todos aportamos a la misión por igual. ¿Qué hace un odontólogo aquí? Pues que para que Celia pueda hacer su trabajo no puede tener un dolor de muelas, o necesita un fármaco, o Irene tiene que tener a alguien en protocolo. Todos aportamos algo para que la misión salga adelante”.

Elena Villalta, odontóloga de la Guardia Real

Laura Roldán, desde la farmacia

La vocación de servicio también guía la carrera de la teniente farmacéutica Laura Roldán. Estudió Farmacia en Granada, primero ingresó como soldado y después aprobó la oposición para el Cuerpo de Farmacia Militar. Su primer destino fue el Arsenal de Ferrol, hasta que vio publicada una vacante en la Guardia Real y no lo dudó. “Decidí pedirla porque trabajar aquí era uno de mis sueños, y servir a la Corona es un trabajo muy gratificante”, declara.

Laura Roldán, farmacéutica de la Guardia Real
Laura Roldán, farmacéutica de la Guardia Real

Hoy dirige el Servicio Farmacéutico de la Guardia Real, integrado en la Unidad de Asistencia Sanitaria, dentro del Grupo de Logística. Su día a día combina “la gestión económica de la farmacia, el análisis de cribado de droga del personal y las inspecciones de agua de consumo humano, desde la piscina hasta los grifos”.

Trabaja puerta con puerta con el gabinete dental de Elena Villalta: “Somos casi vecinas, tomamos café juntas y hemos hecho mucha amistad; eso también forma parte de la Guardia Real”.

Irene Arroyo, legado y protocolo

En el caso de Irene Arroyo, la vocación se hereda. Su padre desarrolló su carrera en la Guardia Real y ella creció con la certeza de que quería seguir sus pasos. “Siempre tuve muy claro que quería ser militar”, recuerda. Terminó Bachillerato, superó un Grado Superior e intentó entrar directamente en esta unidad a través del Ejército del Aire. “Lo estuve intentando un tiempo, pero no me daba la nota, así que me pasé al de Tierra”, expresa. Su primer destino fue el Regimiento de Infantería Mecanizada en Córdoba.

Tras cuatro años allí consiguió llegar a la Guardia Real y, desde entonces, ha encadenado destinos muy distintos dentro de la misma: compañías de infantería ligera del Grupo de Honores, guía canino con perros y ahora el Negociado de Protocolo, integrado en el Grupo de Apoyo.

Irene Arroyo, cabo primero de Protocolo de la Guardia Real

Básicamente nos ocupamos de todo lo relacionado con las Relaciones Institucionales, sobre todo en el ámbito militar, tanto en la Guardia Real como en el Palacio de El Pardo. Cuando es necesario, trabajamos también en el Palacio Real apoyando a nuestros compañeros de la Casa”, resume.

Confiesa que antes de llegar desconocía hasta qué punto todo está basado en estas reglas tan marcadas: precedencias, colocación de autoridades, ubicación de banderas, desarrollo de actos en cuartel y en palacios... “El orgullo que sentimos de hacer algo así es lo que nos une a todos”, dice, emocionada.

Irene Arroyo, cabo primero de Protocolo de la Guardia Real

Celia y Ana, bomberas

Cerrando el grupo están Celia Morante y Ana Rocío Arriola, que pertenecen a la sección de Contraincendios, dentro de la Compañía de Seguridad del Grupo de Apoyo. Su función es esencial: “Hacemos servicios cuando Sus Majestades los Reyes se van de viaje, porque un helipuerto necesita un equipo de contraincendios, y también ofrecemos seguridad en el cuartel para las instalaciones”.

Celia Morante y Ana Rocío Arriola, bomberas de la Guardia Real

Celia, extremeña de Cáceres, llegó a la Guardia Real en 2007 por captación en el instituto. “No se me daba bien estudiar, pero me enseñaron un montón de vídeos de esta unidad y me apunté”, recuerda. En aquel momento todavía se pedía una altura mínima “y, como la cumplía, entré del tirón”.

Comenzó en artillería de campaña montando a caballo, en la histórica batería real del escuadrón. Con el tiempo se movió a la Unidad de Seguridad y Contraincendios. “Lo mío es vocación, si no, no aguantaríamos tantos años. Es un trabajo muy diferente a los demás”, señala. Dicen quienes la conocen que es un portento físico e impresiona verla conducir el imponente camión de bomberos como si fuera un utilitario.

Su compañera Ana llegó desde un camino mucho más civil. Terminó Bachillerato y dos grados superiores relacionados con el arte. No tiene antecedentes militares en la familia, pero un día vio un vídeo sobre la especialidad de contraincendios y le cambió el rumbo.

“Me empezó a interesar un poquito más el Ejército y sus especialidades; me preparé las pruebas de acceso y justo salieron dos plazas por libre designación para este grupo, me las preparé y las superé”, recuerda. En su ciclo de formación eran 20 personas, cinco de ellas mujeres, una proporción que, según confiesa, le pareció bastante significativa.

Antes de entrar en la Guardia Real sabía poco o nada de ella, pero al llegar reconoce que le transmitieron “unos valores brutales” con el trabajo en equipo y la comunidad como base. Si hay algo que la define es la disciplina y el compromiso.

Ana Rocío Arriola, bombera de la Guardia Real
Equipamiento de bomberos de la Guardia Real

Un orgullo común

Hay una frase que se repite cuando se pregunta a las cinco sobre su vida en la Guardia Real: “Estamos orgullosas de servir a la Corona”. Y también orgullosas de compartir un camino que pasa por ser referentes femeninos dentro de esta histórica unidad de las Fuerzas Armadas.

Ponerse al frente de este reportaje sirve, además, para dar a conocer el estamento en sí, algo muy necesario que se refuerza gracias al nuevo perfil de la unidad en redes sociales. Para Laura Roldán, está siendo clave para darle visibilidad. “La gente nos ve por el desfile del 12 de octubre, pero no sabía realmente qué hacíamos dentro. Ahora, gracias a Instagram y X, se ve nuestro trabajo”, celebra.

Cinco mujeres de la Guardia Real en la producción de Magas

Cada una mira hacia adelante desde un lugar distinto, pero todas imaginan su futuro sin soltar el cordón dorado que las une a su vocación de servicio a la Casa Real. La teniente coronel Elena Villalta quiere “concluir mi etapa profesional aquí, donde empecé, jubilarme en la Guardia Real y que otro odontólogo recoja el testigo”, mientras que Laura Roldán aspira a seguir creciendo en el Servicio Farmacéutico y consolidar un proyecto sanitario “a la altura de la unidad que sirve a la Corona”.

Irene Arroyo tiene un objetivo claro: “Hacerme permanente, no irme a la calle a los 45 y seguir en Protocolo, porque deseo seguir aprendiendo”. Celia Morante, por su parte, quiere concluir aquí su etapa profesional y Ana Rocío Arriola sueña con compatibilizar su presente con un futuro como bombera civil en Cádiz.

Al despedirse, ninguna duda de por qué sigue aquí. “Al final podríamos trabajar en cualquier oficina, pero no sería lo mismo”, resume una de ellas. Y queda flotando una idea que todas suscriben: servir a los Reyes desde la Guardia Real no es un trabajo sino el honor de pertenecer a una familia que se forma detrás de cada saludo, cada desfile y cada guardia.

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