Entrevista

Pedro J. y Cruz celebran diez años de EL ESPAÑOL: “Nuestra manera de entender el periodismo solo tiene un rumbo: la calidad y la búsqueda de la excelencia”

Una década después de su fundación, el periódico celebra no solo la consolidación de un proyecto periodístico, también la solidez de una alianza personal. El director y presidente y la vicepresidenta ejecutiva conversan con motivo de este —primer—décimo aniversario.

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Pedro J. y Cruz, o Pedro y Cruz, no frenan, no callan, no detienen el paso y menos aún en un momento tan significativo como es el décimo aniversario de EL ESPAÑOL. Y, por supuesto, tampoco disimulan el impulso que sienten de dirigir hasta su propia entrevista —“Pedro, relájate, que saben lo que hacen”—, se oye en dos ocasiones.

Pero, para este momento, se sientan quasi disciplinados para repasar el presente y el futuro de este proyecto que ha consolidado no solo una redacción y un modelo periodístico de referencia, sino también una sólida alianza. En esta unión de lo profesional y personal —él director durante 45 años, ella abogada especializada en derechos humanos y de familia—, muchos atisban la clave del éxito aunque a Cruz esta palabra le suene regular. Pedro lleva todo a su terreno, a la política, es difícil encauzar al jefe, y ella, la jefa, va reconduciendo con maestría.

Porque en este Bookazine no se habla de política, pero a él le cuesta el ejercicio de la contención. Repasar diez años de historia del periódico es poner la vista en una década de exclusivas, de retos cibernéticos, de reinvención tecnológica… “Where is the Northern Star?”, apunta el director, que no ve límite a este proyecto.

Foto uno de Cruz y Pedro en el despacho
Foto dos de Cruz y Pedro en el despacho

Fotografías de Santiago Belizón.
Pedro J. Ramírez y Cruz Sánchez de Lara, en el despacho del director.

El periodista Imre Kertész decía que cada día había que estar en contacto con la grandeza. ¿Qué no pueden dejar de hacer Pedro y Cruz para seguir buscándola día tras día?

Cruz. Trabajar. Los dos tenemos un gran sentido de la responsabilidad. Es algo que lo había visto en muy poca gente, y resulta que me he casado con alguien que lo tiene elevado a la enésima potencia. Si no hacemos bien nuestro trabajo, no podemos sentirnos bien.

Pedro. Qué mayor grandeza existe que una buena portada de periódico del día siguiente, a ser posible con una exclusiva relevante. Es la grandeza efímera, pero la grandeza.

Tan grande, que has llegado a preparar portadas ingresado en la UCI. ¿El éxito nace del tiempo invertido?

C. Creo que el éxito depende de estar contento contigo mismo. Eso es fundamental. Y la constancia es donde uno se distingue, porque puedes tener talento o inteligencia, pero si no eres constante, esto dura un ratito.

P. Ya llevo 45 años dirigiendo periódicos y no consigo convencer a la gente de que yo no busco ni el poder, ni el dinero, ni que me lleven al palco del Bernabéu, ni satisfacer mi ego. El periodismo, para mí, es una forma de vivir, es un fin en sí mismo. Es algo que se hace y se deshace todos los días y que me proporciona placer y felicidad elevados al cuadrado desde que Cruz es parte del proyecto.

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¿Cómo se aguanta este ritmo? Más bien, ¿cómo os aguantan?

P. Creo que soy un jefe antipático y exigente. Y me sorprende que, pasado el tiempo y cuando hay una oportunidad de rememorar lo que hicimos en El Mundo o en Diario 16, la mayoría de las personas que han trabajado conmigo tienen un recuerdo positivo. Quizá porque si soy exigente con los demás, primero lo soy conmigo mismo. Y nuestra manera de entender el periodismo solo tiene un rumbo, que es la calidad y la búsqueda de la excelencia.

C. Es cierto que la persona con la que es más exigente es consigo mismo. La segunda soy yo, y después con todos los demás. Pero me llamó mucho la atención al llegar a este mundo cómo los más entregados al periódico siempre quieren que Pedro les aprecie. Y, a veces, les digo a algunos periodistas: “Tú no lo sabes, pero te quiere”. No lo comenta porque el halago debilita. Y en eso somos parecidos. Ya damos por hecho que el resto nos tiene a todos contentos, por eso siempre animo a que se pongan pegas. Este ejercicio nos hace estar en el vuelco de la excelencia.

Foto tres de Cruz y Pedro en su residencia
Fotografía de Santiago Belizón.
El salón de su residencia en Madrid sirve como lugar de recepción y reuniones.
Cruz luce polo en lana merino de Zara y pulsera y pendientes gallonados de oro amarillo con diamantes de Suarez.
“Nos ha costado equilibrar nuestra forma de estar en el mundo. Pedro necesita el problema para crecer, yo la paz”

- Cruz Sánchez de Lara

Foto cuatro de Cruz y Pedro en su residencia
Foto cinco de Cruz y Pedro en su residencia

Fotografías de Javier Carbajal.
Pedro J. y Cruz, momentos antes de la entrevista, en su residencia de Madrid.

La entrevista transcurre en el salón de su casa, el espacio que aguarda tesoros como la primera edición de L’Encyclopédie française, el archivo de Calatrava o —en otro nivel—, un libro de recuerdos que Cruz regaló a Pedro por su cumpleaños y que incluye fotografías de sus viajes por el mundo, los votos de su boda o la frase en latín que les acompaña: “El ímpetu de los adversarios no dobla la determinación del hombre fuerte”.

En este espacio toma protagonismo la mesa del comedor de tintes totémicos, donde se forjan almuerzos que se alargan lo justo para arreglar el mundo varias veces. Jamás contarán quiénes se sientan en ella —“desdeñamos el cotilleo”—, pero, en estos diez años, admiten que las dinámicas han cambiado.

¿Ha variado el círculo que se sienta alrededor de esa mesa?

C. La polarización también llega a las mesas. Y, hace unos años, era mucho más plural. Ahora, hay gente que decide no sentarse con otra, y es una tristeza, porque eso nos perjudica a todos.

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¿Hay margen para recuperar esta pluralidad?

P. Vamos a ver. Las elecciones generales que, en mi opinión, van a celebrarse en 2026, van a ser las más importantes de los últimos 50 años de la historia de la democracia. No podemos seguir así. Creo que tiene que emerger un gobierno basado en una mayoría estable con capacidad de alcanzar grandes pactos de Estado con el partido de los dos grandes que pierda las elecciones. Tenemos que volver a la senda constitucional y al consenso. Tenemos que volver a la concordia, que ha sido el gran valor que la sociedad española ha aportado a la historia contemporánea desde la Transición.

C. Yo soy más pesimista porque creo que esto excede de lo político. Hace poco se publicó que un 37% de la población ha optado por vivir desinformada, y es preocupante que haya tantas personas que estén agotadas del ruido político como para que decidan vivir su vida sin saber qué está pasando. A la gente le preocupa no llegar a fin de mes, no poder pagar los sueldos, que se cierren tiendas… Eso es lo que le importa, más allá de quién esté viviendo en La Moncloa.

P. Esto se puede convertir en un debate… [ríen].

Foto seis de Cruz y Pedro en su residencia
Fotografía de Santiago Belizón.
Al casarse, Cruz y Pedro escogieron un reloj como símbolo del tiempo que pasarían juntos.
Camisa de cierre asimétrico en satén de Giorgio Armani.

Y claro que continúa el debate a dos, porque les une la conversación infinita. Eso, y un reloj de acero y oro, cuya historia pocos saben. Superar el divorcio fue, para Cruz, uno de “los mayores retos” de su vida. Al quitarse la alianza, la arrojó a una alcantarilla en la Plaza de Oriente y decidió que nunca más un anillo simbolizaría pertenencia. Cuando Pedro logró convencerla para que se casaran, optaron por un reloj como símbolo del tiempo que compartirían juntos. Ella lo tenía claro: escogió un Cartier Tank, modelo que perdió años atrás y que siempre supo que volvería a su vida de una forma especial. Ambos prometieron que quien sobreviva al otro, conservará los dos relojes.

Foto siete de Cruz y Pedro en su residencia

Fotografía y vídeo de Javier Carbajal.
La complicidad de ambos se mantiene durante toda la sesión.

Quienes os conocen bien coinciden en que ha habido una transfusión de talentos y aptitud entre vosotros. De ti, Cruz, dicen has desarrollado ese olfato periodístico que ya llevabas dentro. De ti Pedro, que estás menos gruñón.

P. Yo, de lo que me alegro, es de estar contribuyendo a que más gente sea consciente de los valores, del talento, del idealismo y de la creatividad que hay en Cruz. Ella me ha dado mucho más de lo que le he dado yo a ella.

C. Depende, disgustos me has dado tú a mí más, ¿verdad? [ríen].

P. Creo que será según los días, en función de si tenemos buenas exclusivas, de si la audiencia crece o no…

C. Pero, sí, todo el mundo me dice ahora que eres simpático. Pero hay que entenderlo: con 28 años le meten en la redacción de un periódico, primero en La Actualidad Española, luego en ABC, Diario 16, El Mundo… Hay que ponerse en su piel. Pedro me ha aportado mucho. Llevo nueve años respirando periodismo, duchándome con periodismo, sufriendo con periodismo... Lo digo con toda la humildad: no soy periodista, pero creo que tengo al mejor maestro de este país.

En diez años, la profesión ha vivido una sacudida de arriba abajo, acentuada ahora con el aterrizaje forzoso de la inteligencia artificial. El dominio de las plataformas digitales, el ritmo informativo, 
los algoritmos que deciden qué se ve y qué no y el cambio de modelo de negocio hacia las suscripciones, han marcado una nueva época que el director compara con el final de la era analógica. Así lo describió en una carta que mandó a todo el periódico a comienzos de septiembre.

Foto de Cruz y Pedro en la entrevista con Ana Núñez-Milara
Fotografía de Javier Carbajal.
Pedro J. y Cruz conversan con la periodista sobre el presente y futuro del periódico.

En esta misiva avisas de que ya no se le pueden poner puertas al campo. ¿Debemos asustarnos por los puestos de trabajo?

P. El periodismo de carril se ha terminado. Una crónica, ya sea parlamentaria o sobre un partido 
de fútbol, debe incluir una perspectiva analítica y elementos de investigación que enriquezcan el relato. Porque para la información plana que contiene las cinco W del periodismo ya se ocupa la inteligencia artificial.

La IA es un arma de doble filo, y podemos subirnos a esta ola gestionando las distintas herramientas que proporciona para mejorar la calidad del periódico o quedarnos petrificados como la mujer de Lot, convertidos en estatuas de sal que miran hacia atrás. Y ningún convenio, ninguna legislación ni la Declaración Universal de los Derechos Humanos garantizará los puestos de trabajo de quienes no sean capaces de incrementar su cualificación. Google ha cambiado de estrategia y está distribuyendo muchos más contenidos que no son estrictamente periodísticos que compiten con los nuestros. O somos capaces de salirnos de esa rutina que hasta hace muy poco era eficiente o nos vamos a quedar atrás.

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C. Quien debe sentir el riesgo de perder su trabajo es aquel que quiera vivir el periodismo como el estereotipo de un funcionario que no crece, el de “llego a las ocho, salgo a las tres y cumplo mínimamente con mi obligación”. Generar un relato ha cambiado y quien no tenga pasión, creatividad o a quien no le guste lo que hace, debería replanteárselo, porque le va a tocar vivir momentos muy complicados. También se acabó el periodismo individualista, porque cada vez es más necesario coordinarse con los equipos audiovisuales y buscar alianzas por valor.

Solo sobrevivirán los mejores, decía la carta.

P. La tecnología ha abierto muchísimo el abanico de los concurrentes que transmiten información 
a la gente. Y los periódicos tenemos que ir dejando atrás la cobertura estándar de los acontecimientos. El All the News That’s Fit to Print, que fue el lema del The New York Times durante mucho tiempo, ya entró en crisis cuando comenzó el declive de las ediciones impresas.

“Ningún convenio ni ninguna legislación garantizará los puestos de trabajo de quienes no sean capaces de incrementar su cualificación”

- Pedro J. Ramírez

Foto ocho de Cruz y Pedro de camino a la redacción
Fotografía de Santiago Belizón.
En uno de sus trayectos habituales, donde el coche se convierte en una prolongación natural de la redacción.

En estos años habéis vivido numerosos retos, desde poner en marcha un gran equipo hasta los recientes hackeos a la web. ¿Todo ello acaba pesando cuando cerráis la puerta casa?

C. Nos habéis visto reír, nos queremos, pero cada uno tiene su forma de estar en el mundo: yo necesito la paz para pensar y Pedro necesita la angustia para ponerse las pilas [él sonríe]. Sí, necesita ver dónde está el problema para, desde ahí, crecerse. Y nos ha costado mucho equilibrarlo. Hay días en los que, si tiene una preocupación o un proyecto en marcha, le oigo el cerebro cuando vamos a la cama y le digo ‘¿puedes desconectarlo que, si no, no nos dormimos?’. Su energía mental es contagiosa, pero yo necesito evadirme porque bajo presión trabajo fatal, fatal.

P. Bueno, la palabra angustia igual no es la exacta...

C. Ansiedad [ríen].

P. A lo mejor esa se aproxima más. Nos está tocando vivir tiempos muy convulsos en el periodismo y en el modelo de negocio. Cruz era una abogada, yo era un periodista y ahora somos también empresarios. Y de nuestro acierto en las decisiones que tomamos depende, entre otras cosas, el destino de 250 profesionales —400 si incluimos los empleos indirectos—.

EL ESPAÑOL ha sido el medio que más puestos de trabajo ha creado en esta última década. Hemos cumplido diez años como el periódico más leído de España. Lo hemos sido durante 25 meses consecutivos. ¿Cuál es 
el siguiente objetivo? Los hermanos Kennedy jugaban de pequeños a tirar la gorra al otro lado de una valla para tener la obligación de saltarla. ¿Cuál es la valla que tenemos que saltar ahora? ¿Dónde está nuestra estrella polar, nuestra Northern Star, a la que tenemos que seguir sin vacilar? Pues el propósito es hacer de EL ESPAÑOL, en otros diez años, el mejor periódico escrito en castellano del mundo. Y eso significa perseguir la excelencia en todos y cada uno de los aspectos que implica la edición de un periódico mediado ya el siglo XXI, es decir, en todos los canales.

Alguien dijo Follow the leader. Y no. Como dice Cruz, Follow the reader. Hay que seguir a los lectores en sus hábitos y dirigirnos a ellos con los formatos que ellos eligen. Y por eso ella, con una mirada externa, siempre nos ha insistido en las redes sociales...

C. …y en las nuevas narrativas. Tenemos que hacerlo ahora y entender que un periódico ya no puede ser sólo un periódico, sino un conjunto de empresas de comunicación. EL ESPAÑOL no tiene techo, y con un buen equipo yo tampoco lo percibo. Además del liderazgo de Pedro, creo que su mayor fortaleza es el capital humano.

Cruz, muchos periodistas abandonan la profesión por múltiples razones. ¿Fuiste una temeraria o una valiente al introducirte en este medio?

C. Una persona ¡poco cuerda! Esto sigue siendo un reto, aprendo todos los días, y creo que la humildad me ayuda a entender que no sé nada —frente a aquellos que presumen de saber muchísimo y luego resulta que están al mismo nivel que tú—. Cuando a eso le sumas tu necesidad de aprender, hace que te rodees de muy buenos profesionales, que además disfrutan con el éxito de algunas de las ideas ‘locas’ que se me ocurren y que logramos sacar adelante. Hay que pensar a lo grande, porque a la gente le gusta formar parte de los sueños grandes.

En 2019 escribiste un artículo titulado Los insinuantes vaqueros Paquete, denunciando el lenguaje sexista hacia las mujeres. ¿Hemos evolucionado en este sentido?

C. Creo que no. Han sido unos años de retroceso frente a todo lo que se estaba consiguiendo. Con la reivindicación actual, tosca, de unos contra otros, hemos perdido mucho. Me da mucha pena escuchar que ya no hace falta ser feminista. ¿Cómo que no? Mientras haya un burka en este mundo hará falta ser feminista, y no sólo por nosotras, sino por todas las mujeres que no pueden hablar, como en Irán, donde tienen menos derechos que un perro. Lo que no se puede hacer es coger la bandera del feminismo para los discursos propios. El feminismo es generoso y no egoísta.

Foto nueve de Cruz y Pedro en su residencia
Fotografía de Santiago Belizón.
En el recibidor de casa, donde cuelga ‘Lo esperable’, un cuadro que pintó Juan Genovés en 2019.
Cruz viste polo y falda de cashmere rosa con bajo de encaje de Fendi; salones crudos de Sophia Webster (personales).
Foto nueve de Cruz y Pedro en su residencia

Pedro, has desayunado con Zapatero, jugado al pádel con Aznar o veraneado con Rupert Murdoch. ¿Es necesario acercarse tanto al poder para poder ejercerlo?

P. Nunca he ejercido el poder ni lo he buscado. Solo tuve la tentación fugaz de dedicarme a la política cuando tenía 25 años y Joaquín Garrigues y Paco Ordóñez me ficharon para el sector liberal socialdemócrata de UCD. Pero yo buscaba otra cosa en la vida. Me importaba mucho más la influencia dentro de una sociedad pluralista.

Ahora bien, para entender a los poderosos y poder criticarlos, hay que conocerlos. Jugaba al pádel con Aznar y jugué a la petanca con Felipe González. E incluso hubiera estado dispuesto a ayudar a Rajoy a hacer el sudoku de El Mundo, o a haber jugado al baloncesto con Pedro Sánchez —que nunca me ha invitado—. El factor humano es determinante en la conducta de los políticos y voy a poner un ejemplo: el 11-M, Aznar llamó a algunos directores de periódico para decirles que estaba convencido de que había sido ETA. Y todos lo pusieron en el título de su edición extra. Yo no lo hice porque conocía a Aznar lo suficiente como para darme cuenta de que si, además de estar convencido, él hubiera tenido pruebas, me lo habría contado pidiéndome que no lo publicara.

C. Hay algo en todo esto que puede resultar muy significativo para quienes no están acostumbrados a moverse en estas esferas. Recuerdo que un día cesaron a un ministro con el que teníamos una relación cercana —habíamos cenado varias veces con él y con su mujer— y, cuando ocurrió, ella me dijo: ‘Cruz, ojalá volvamos a vernos’. Aquella frase me tocó profundamente, porque me hizo pensar: ‘¿y por qué no vamos a vernos?’. Ellos saben que cuando salen de ese círculo también salen de ese mundo. Con otra persona muy relevante en nuestro país —que es amigo nuestro—, hubo un momento en el que el periódico mantuvo un distanciamiento respecto a su grupo. Fui a hablar con él y le dije ‘no sé cómo lo vamos a hacer, pero la amistad hay que mantenerla’. Y lo estamos haciendo como podemos porque nos está costando mucho.

P. Y también a él.

C. Y a él también le está costando defender esta amistad, pero procuramos salvarla. Le dije ‘tú eres el general de un ejército y yo la sargenta de uno más pequeño. Pero tenemos que procurar que la guerra no nos devaste’.

P. Creo que también le dijiste que su ejército nos estaba invadiendo...

C. Eso, y que yo era la parte invadida y que entonces me sentía muy poco responsable.

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En tus últimas apariciones, como en El Hormiguero, se te ve más cercano y distendido. ¡Hasta más humano!

P. Eso estoy escuchando. Sin duda, si es así, es mérito de Cruz.

C. Y tuyo, que te ha costado.

P. Vamos a ver, tengo que decirlo con toda claridad. Yo siempre pensé, porque así lo dice la declaración de Filadelfia, que los hombres tenemos derecho a perseguir la felicidad. Había una escena de persecuciones en una película muy famosa de Peter Sellers que se llamaba El Guateque, y yo me la imaginaba como la representación de la persecución de la felicidad. Y luego en mi vida ha ocurrido algo que siempre había anhelado, que es encontrar una persona con la que compartir un proyecto de vida. Y esa persona es Cruz. Desde entonces yo ya no digo que tenemos derecho a perseguir la felicidad, porque le deseo lo mejor a todos los seres humanos. Lo que digo es que todas las personas tenemos derecho a conseguir la felicidad como yo creo haberla conseguido.

C. Todos los días me dice que es feliz. ‘¡Qué feliz soy! Y oye, que bien estoy. Es que soy tan feliz’. Y eso yo creo que se nota. Y claro que al final lo que haces es que la felicidad sale por la piel.

P. Qué buen título ese. Lo de que la felicidad sale por la piel.

C. Para una canción, ¿verdad?

Hay quién te ha visto cantar…

P. Ah, ¿en Palermo? [ríen].

C. Estábamos con unos amigos en la Ópera de Palermo y, al ver una bóveda con una acústica maravillosa, le dije de broma ‘¡ve y cántame ahí!’ Se fue al centro, se quitó el sombrero que llevaba puesto para ponérselo en el pecho y, muy solemne, y empezó a cantarme —fatal—. Todo el mundo le miraba pensando ‘¿quién es, un actor, un tenor?’, porque no tenía pudor. Él estaba encantado. Pedro tiene muchísimos talentos, pero cantar no es uno de ellos.

P. Dios no me ha llamado por esos caminos.

C. Ni a mí tampoco.

Bueno, estáis aquí por otros talentos, sin duda.

C. Romina y Albano no somos.

Plantear esta pregunta debería conllevar un plus de peligrosidad. Pedro, cuando te operaron este año hubo quien temió por lo que te pudiera pasar. ¿Está preparado EL ESPAÑOL para seguir adelante sin ti?

P. En pocos medios de comunicación está tan clara la sucesión como en EL ESPAÑOL. Cruz no solo es la responsable de Magas, es la vicepresidenta ejecutiva del periódico y eso implica un automatismo. Yo, además, espero llegar como mínimo a la misma edad que Putin y Xi Jinping [150 años].

C. Lo que hay que fijar es mi sucesión, porque ¡yo no me quedo tanto tiempo!

P. O a lo mejor mañana cae un rayo. Si vamos juntos en el sitio donde sucede, creo que ya se empiezan a complicar las cosas.

C. Y yo, para romper ese bulo que circula, aclaro: me comprometo a ser editora, pero nunca seré directora.

P. Bueno, no pongamos límites al destino...

C. No, no, vamos, te lo digo. No, no, no, no, Vamos. Osea, es que esto es lo que le estamos pidiendo a los políticos que digan que no se van a presentar más de dos veces. Yo no voy a ser directora de un periódico porque no estoy capacitada para ser directora de periódico. Creo que estoy aprendiendo para ser una buena editora, pero no estoy capacitada para ser directora.

P. Cruz es una gran editora, pero descarta ser directora porque asegura que no es periodista. Pero sí que lo es, porque periodista es todo aquel que ejerce el periodismo en un medio. No lo estudió en la universidad, pero tampoco lo hicieron ni Melchor Miralles ni algunos de los mejores directores. Lo importante es tener una buena formación humanística —y vaya que si Cruz la tiene—. Luego la praxis, y las tecnologías del periodismo, se aprenden con el ejercicio.

Foto individual de Pedro en su despacho
Fotografía de Santiago Belizón.
Pedro J. Ramírez celebra este 2025 no solo una década del nacimiento de EL ESPAÑOL; también, 45 años como director.
“Para romper con ese bulo que circula, aclaro: me comprometo a ser editora, pero nunca seré directora”

- Cruz Sánchez de Lara

Foto individual de Cruz en su despacho

Fotografía de Santiago Belizón.
Desde su despacho, Cruz impulsa proyectos editoriales para el periódico y las cabeceras de las que es editora, entre otras, Magas.
Jersey de cuello alto y vestido-chaleco de cuero de Hermès, zapatos de Jimmy Choo y bolso Puzzle de Loewe —también en la imagen del coche—.

Pedro, en tus memorias mencionas tres deseos para 2011: que España no recurriera a un fondo de rescate, que prevaleciera la legalidad constitucional y que la prensa de calidad se fortaleciera al servicio de la verdad. ¿Qué le pedís ahora a 2026?

C. Yo horas de sueño, un saquito con horas de sueño, que seamos capaces de encontrar el camino sin anclarnos en el pasado y sin creernos los dueños del futuro y la salud de todos los míos —y esto es muy amplio: mi familia, mis amigos y el equipo del español—. La salud.

P. Pues ¿dónde hay que firmar? ¿Yo? Bueno, a lo mejor yo...

C. Bueno, quizás un poquito menos duro conmigo.

P. Con unas pocas horas de sueño menos a lo mejor...

C. Es en lo único en lo que notamos la diferencia de edad. Yo quiero un poco más.

P. Y un poco más de ansia…. Y yo deseo que el año 2026 se resuelva la tremenda crisis política que atenaza en estos momentos a nuestro país.

Créditos
Maquillaje Rosa Navajas
Fotografías making off Javier Carbajal
Asistente de fotografía Fidel Fernández-Costa
Asistente de estilismo Massu
Dirección creativa Lina Smith
© El León de El Español publicaciones S.A.