Ana Brito, influencer: “Todo es mentira sobre la maternidad. Yo tardé ocho meses en querer a mi hija”




“Soy mucho más tranquila de lo que la gente cree, más filosófica y más normal. Cuando me conocen, esperan un chiste. No soy tan graciosa”
Jean Louis Mathieu, el mejor relaciones públicas que recuerda la alta sociedad madrileña y que reunía en sus fiestas a familias reales, artistas y empresarios, dijo una vez sobre Isabel Preysler que uno de los ingredientes de su éxito era que tenía misterio. Con Ana Brito (Madrid, 1990) puede que suceda algo parecido. En su perfil de Instagram, donde atesora medio millón de seguidores, es escandalosa, ruidosa, descacharrante. En persona, cara a cara, es un remanso de paz. Te mira a los ojos cuando te habla y gesticula con las manos y los brazos como si cada palabra que estuviera diciendo fuera más importante que la anterior. Comunica bien hasta la hipnosis y dice de sí misma que no es “tan graciosa”.
Ana Brito es pura luz a pesar del lugar ténue donde se cita con Magas. Su voz, siempre cargada de ironía y una pizca de picardía –adora al ácido cómico Jimmy Carr-, es capaz de transformar lo cotidiano en un espectáculo inolvidable. Como a millones de españoles hace justo cinco años, la pandemia la empujó al precipicio laboral y a las listas del paro. Pero ella se reinventó. Cogió sus bártulos y creó El show de Briten, como Beyoncé cuando se sube al escenario y afirma estar poseída por su alter ego, Sasha Fierce.
Presentadora por naturaleza, cómica por esencia, Ana no sólo habita el humor, lo reinventa con cada carcajada que arranca. Tiene los pies en la tierra y miedo a muy pocas cosas. “Quién sabe si todo esto se me acaba el año que viene”, dice. Brito dirige sus poderosísimas redes sociales, presenta un pódcast llamado Poco se habla! junto a su gran amigo Xuso Jones, tiene un premio Ondas en su vitrina, ha escrito un libro –El lado bueno de las cosas- y Forbes la ha nombrado una de las 100 mejores influencers de España.
Con un micrófono –o una grabadora- enfrente, Brito despliega un universo donde la realidad y la comedia bailan al mismo compás. Se ríe del mundo y de sí misma. No en vano, afirma que es “una payasa”. Ahí también radica su magia: en ser una narradora auténtica y una cronista de aquellas cosas de las que se debería hablar más. Ana Brito no es solo un nombre y un apellido; es un guiño cómplice, un respiro merecido cuando uno lo necesita y un recordatorio de que, incluso en los momentos más serios, siempre hay lugar para partirse de risa.
Vamos a empezar por algo fácil: ¿quién es Ana Brito?
Facilita... en el mundo al revés (risas). ¿Quién es Ana Brito? Según para quién. Yo, para mí, sigo siendo la misma de siempre. Una persona que se empeña en conseguir lo que sueña y que lo ha ido consiguiendo poco a poco.

Jersey de Trucco, falda de Lebor Gabala, tacones de Alma en Pena, pendientes de Adeana y anillo de Tina Botero
Hablando con personas para prepararme esta entrevista me decían: "Me encanta ella. Además, es alguien a quien la fama le ha llegado tarde". Tienes 34 años y marcamos tu golpe de fama fuerte en el inicio de la pandemia, es decir, hace cinco años... Por Dios, ¿tarde de qué?
¡Total! Yo creo que me ha llegado cuando me tenía que llegar. Sobre todo porque creo que me vino en un momento clave. Es decir, creo que me vino en un momento en el que, si yo no hubiera tenido el bagaje que tenía, sobre todo en lo profesional, no lo hubiera sabido manejar de la manera en la que lo he hecho y lo sigo haciendo. Yo vengo de la parte de comunicación, producción audiovisual, publicidad... Prácticamente durante año y medio he estado sola y me he sabido muy bien defender, y creo que me defiendo muy bien en este mundo, por todo lo que he vivido.
Si me dijeras que te ha pasado como a Chiquito de la Calzada, que se hizo famoso contando chistes a los 65 o Carmen Lomana que ya pasaba los 60 cuando empezó a ser un personaje público potente, pero ¿qué sentido tiene en tu caso?
O sea, creo que si a lo mejor me hubiera pasado este boom más joven, no sé... Tampoco te puedo decir que no hubiera tenido tanta continuidad. Es que a lo mejor el año que viene no soy nadie. A lo mejor el año que viene se acaba todo esto. Quizá antes me hubiera venido grande.
¿Somos, además de todo, una sociedad edadista?
Sí, pero también creo que es lo que nos han inculcado. O sea, vivimos en una sociedad en la que, para bien o para mal, estamos encasillados en que hay que hacer ciertas cosas a ciertas edades. Eso, gracias a Dios, está cambiando, pero sí que somos superedadistas.
Ana, ¿a ti qué te indigna?
Uy, muchas cosas, soy superpesada. ¿A nivel personal? No me gusta nada que me digan lo que tengo que hacer, que me den consejos no pedidos. Al revés, me dan ganas de hacer lo contrario.
¿Eres rebelde?
No, pero no voy a hacer las cosas porque tú lo digas. No me gusta perder mi independencia, ni mi libertad. Hay gente que me lo dice con buena intención, pero que no... que ya decidiré yo lo que quiero.
¿Y qué te ilusiona?
Ay, muchas cosas... Me ilusiona seguir cumpliendo sueños y metas. Es de las cosas que más me gusta, la verdad.

Jersey de Sandro, pantalones de Sandro, pendientes de Thomas Sabo, gabardina de Twinset y zapatos de Giosseppo

Redes sociales, televisión, tu libro, un pódcast con mucho éxito. ¿Con qué proyecto eres más feliz?
Ahora mismo te diría con Poco se habla!, el pódcast, porque es el proyecto en el que estoy con más gente. A mí me encanta estar con gente y creo que soy mucho mejor cuando estoy rodeada de gente.
Pero en tus redes sales mucho sola, ¿no?
Sí, y me aburro muchísimo. Las redes son muy solitarias.
El otro día decía Lola Lolita en El Desafío que ella era tan extrovertida en las redes porque estaba sola. Cuando le tocaba estar delante de 100 personas, se volvía tímida para bailar o para hablar.
Bueno, a mí me pasa lo contrario. Yo, con gente, me crezco, me engrandezco, me retroalimento, me divierto. Yo sola... pues me apago. Aunque soy yo la que ha elegido esta profesión. Eso fue lo que más me costó al principio: pasar de estar rodeada de gente a estar sola. Me costó muchísimo y me sigue costando.
¿En todas esas plataformas en las que trabajas te sientes libre para decir lo que te da la gana?
Yo, por mí, sí. Pero luego en el pódcast tenemos al equipo que, de vez en cuando, levanta la mano y dice: “Eso lo vamos a cortar”. De hecho, si escuchas el pódcast, yo siempre salgo y digo: “¡Ya están cortándome las alas!” (risas). Hay ciertos límites, pero en general yo siempre digo lo que pienso y soy bastante coherente. No me meto en muchos fregaos. De lo que no sé, no hablo.
¿Crees que el humor debería tener límites?
Hombre, yo creo que siempre se tiene que partir de la premisa de que no creo que ningún cómico, o la gente que se dedica al humor, haga algo por joder puramente, hablando mal y pronto. Y yo siempre me hago la misma pregunta: ¿quién tiene el problema? ¿el que hace la broma o el que la recibe? Si alguien me hace un comentario, yo decido cómo me lo tomo. A lo mejor me sienta mal, pero ¿voy a condicionar mi vida en torno a lo que una persona que no conozco dice sobre un tema? Hay muchos cómicos que no me hacen gracia y en realidad... el problema soy yo, porque el humor es subjetivo. Hay que darle importancia a las cosas que verdaderamente la tienen. Desgraciadamente vivimos en un tiempo en el que pasa todo lo contrario.
¿A qué te refieres?
Hay una bipolaridad y un extremismo tremendo. Siempre vamos al ataque. “¡Una persona ha dicho no sé qué!”, “¡A por él!”.
La cultura de la cancelación.
Exacto. Yo creo que, como cualquier persona, habré evolucionado. Quizá antes pensaba de una forma y ahora de otra, por tanto mi speech ha cambiado. ¿Se me va a cancelar por algo que he dicho hace 15 años? Jimmy Carr, un cómico que hace un humor supernegro y que me apasiona, tiene una frase muy famosa que es: “Sé que me van a cancelar por una frase que ya he dicho”.
En una entrevista con El País, en 2021, Francisco Carretero, el gerente de La Chocita del Loro, dijo que “el nivel de las mujeres es más bajo para hacer humor”, que las humoristas venden menos y no provocan tantas risas y por eso contrata 24 hombres y una mujer. ¿Te apetece decirle cuánto facturas al año como humorista o prefieres decirle otra cosa?
¡No, no! Los hechos hablan por sí solos. Hay muchísimos ejemplos de grandes cómicas y que, gracias a las redes sociales, se dedican a eso. Es pura meritocracia. Mira Lalachús. Un punto en la boca para ese señor, que no sé ni quién es.
¿Tú has sentido machismo en el sector del humor?
No, yo personalmente no. He tenido mucha suerte y muchas oportunidades. No he sentido machismo.

Ocultaste tu embarazo para demostrar que muchas de las cosas que salen en redes son mentira. Pero aparte, tienes un entorno absolutamente leal y fiel a ti, ¿no?
Mi entorno es el de siempre, no están expuestos a las redes ni a los medios. No van a sacar salseos míos por ahí. La gente que me quiere valora mi intimidad y mi vida privada. Son leales, sí.
En caso de un segundo embarazo, ¿volverías a hacerlo?
Lo intentaría, sí. Aunque ahora estoy en otro momento vital. Quizá me costaría más: voy a más eventos, tengo mucho más trabajo...
Es que un embarazo es inocultable, ¿no? ¿Por qué esconderlo?
A ver, yo me grabo en un plano corto. La tripa no se ve. Además, cuando me quedé embarazada me grabé mucho contenido con antelación y lo pude seguir subiendo después. Si me volviera a quedar embarazada lo intentaría ocultar porque soy muy reservada y eso es un foco de comentarios del estilo de: “Deberías hacer esto, deberías hacer aquello...”. Cuando te quedas embarazada, todo el mundo siente que tiene la licencia de decirte lo que debes hacer. Eso debería estar prohibido.
Y a ti eso, como hemos comentado, te indigna.
¡Claro! Si ya me molesta que una amiga me diga que no me tome una copa de vino, imagínate de una persona que no conozco. Me genera ansiedad, por eso lo ocultaría.
¿Cuál es la mayor mentira que se ha contado sobre la maternidad?
Hay tantas... Todo es mentira.
¡¿Todo?!
Todo es mentira sobre la maternidad: desde lo más bonito hasta lo peor. La maternidad es muy subjetiva, no se puede generalizar. Hay muchos estigmas. Si tú has tenido un posparto de mierda; pues ese es tu posparto, que es igual de lícito que el mío, que a lo mejor ha sido acojonante de bueno. La generalización es injusta. No debería existir. Hay mujeres que aman a sus hijos según los expulsan y hay otras, como yo... que tardé en querer a mi hija ocho meses. Y no soy peor madre.
¿Qué pasó en ese tiempo?
Pues nada, que mi hija era un Tamagotchi al que tenía que cuidar porque si no lo hacía, se moría. Fue un proceso. A ver, hay un apego, eso es real, pero lo de ese amor irracional... pues no. A ti te ponen una cosa encima y te dicen: “Es tuyo. Cuídalo”. A mí me pasó eso. Ese es mi caso. Luego tengo amigas, que en la vida real son mucho más frías que yo y más secas, y les ha pasado lo contrario. Entonces todo es mentira. A mí me parece eso: todo es mentira.

Vestido y botas de Alma en Pena, gabardina y bolso de Karl Lagerfeld, pendientes de Adeana y anillo de Tina Botero

¿Cómo pondera una persona tan expuesta como tú en redes sociales qué publicar y qué no?
O sea, la vida personal intento no sacarla, y cada vez soy más reacia. Antes, incluso, sacaba recomendaciones, pero cada vez me da más pereza. Sé que es tirar piedras contra mi tejado, pero siento que el consumo de redes sociales, cuando no es para un fin concreto –inspirarte, aprender o reírte- es una pérdida de tiempo.
Consumo, consumo, consumo.
¿Qué más te da la vida de... Maricarmen? ¡No es tu amiga! Y si es tu amiga, queda con ella para tomarte un café. Tengo una relación amor-odio con las redes. En lo personal, tengo clarísimo cuáles son mis barreras, que son muchísimas. Y en lo profesional, mi objetivo principal es entretener lo máximo posible y sobre todo, cuando se refiere a los monólogos, tratar temas de los que nadie habla.
¿Qué es lo que más miedo te da de las redes sociales?
Que se acabe el momento que estoy viviendo porque lo estoy disfrutando. Me daría mucha pena que se acabara.
Sobre tu pódcast con Xuso Jones: ¿os gustaría dar un salto sustancial? ¿Que os llamasen de una cadena de televisión? ¿O, por el momento, sois felices tal y como estáis?
Estamos muy contentos con cómo estamos ahora. El siguiente paso importante será llevarlo al directo. Por un lado, hacer una gira, y por otro, abrir el pódcast para que la gente pueda venir a ver las grabaciones. Son dos opciones, pero todavía no sabemos bien cómo cuadrarlas por temas de agenda. Estamos evaluando posibilidades.
¿Algun invitado soñado?
Íker Jiménez, para hablar de fantasmas, me encantaría. Y eso que está cancelado ahora, ¿no? Me enteré el otro día.
Es que divulga muchas fake news... Ha tenido que pedir disculpas, incluso.
Ya, claro, pero a mí me hable de fantasmas y ovnis, que es lo que me gusta. Yo hablo del Cuarto Milenio del principio. Como si es mentira, ¡pero que me mienta él! Y, por supuesto, que venga Thor. Queremos a Chris Hemsworth.

Vestido de Pinko, zapatos de Karl Lagerfeld y gabardina de Momoni
¿Cómo es Ana Brito cuando se apagan las luces del set?
Mucho más tranquila de lo que la gente cree, más filosófica, más calmada y más normal. Cuando me conocen, ya esperan el chiste. Es que no soy tan graciosa. Lo soy con mis amigas de toda la vida, que soy una payasa. O sea, ¿definición de payasa? Yo.
¿Te lanzan mucho hate en las redes?
Los haters me dan muchísima pena. Yo tengo mi opinión sobre lo que veo y consumo, me da igual el formato. Para gustos, los colores. Pretender gustarle a todo el mundo es una utopía.
Es difícil llegar hasta esa reflexión.
Sí, pero yo eso ya lo sé. Lo que no entiendo es el insulto por el insulto. Qué mierda de vida tienes que tener como para dedicarle comentarios vejatorios a una persona en lugar de estar llamando a tu madre para ver cómo está. O quedar con alguna amiga o leer un libro.
¿Te has encontrado con alguna situación desagradable?
No, no. Así superfuerte, no. Además, yo tengo el dedo muy ligero y bloqueo rápido.
¿Qué opinión te merece toda la parafernalia montada por la toma de posesión de Trump?
Es todo una campaña de marketing. Todo está muy pensado. Es todo una bola marquetiniana increíble. Ella no se ha puesto el sombrero para que el marido no llegue a besarla. Ella se lo ha puesto porque los de marketing sabían que iba a llegar el momento del no-beso y generaría esa polémica.
¿Melania es una marioneta?
Es una marioneta, y hay un equipo de marketing detrás que sabe las consecuencias de cada cosa que hace cada uno de los peones alrededor de Trump. Es publicidad.
¿Tenemos buenas políticas mujeres en España? ¿Te puedo preguntar en quién de ellas confías?
¿Mujeres? Yo creo que, como cualquier hombre, si están ahí es porque lo merecen y porque han llegado ahí gracias a su esfuerzo, su educación y porque las han votado. Me gustaría que hubiera más políticos preparados para el puesto que desempeñan. Si eres ministro de Agricultura, que seas ingeniero agrónomo. Necesitamos gente preparada. Hay que poner al mejor en esos puestos porque luego los damnificados somos los de siempre.


¿Qué le dirías a la Ana Brito de hace exactamente cinco años?
Tú, confía. Y ya está.
¿Y esa Ana Brito sabría lo que está por venir?
No (risas).
¿Te ves haciendo vídeos con 40 o 50 años?
Creo que no. Y no pasa nada, soy consciente. Ahora todo ha cambiado, todos tenemos varias profesiones y si estudias una carrera y un máster tampoco es garantía de nada. Yo creo que hay que estar en constante formación, todo avanza muy rápido.
¿Has sacrificado muchas cosas de tu vida personal por tu trabajo en redes?
Sí, claro. Hay sacrificio en muchas áreas que la gente no ve, pero tiene cosas muy positivas. Yo tengo mucha flexibilidad, pero tengo que estar siempre conectada. En verano me cuesta desconectar aunque esté de vacaciones, pero mi trabajo tiene más cosas positivas que negativas. Mi trabajo es volátil. Puedo quedar contigo y me llama mi representante y me dice que tengo un rodaje. O mañana tengo el día libre y me dicen que no, que al final vamos a Barcelona. Es muy difícil de explicar a tu entorno. Para bien o para mal te rodeas de gente conocida, entonces ya quedas de “famosa” ante los tuyos. Y tengo que dar constantemente explicaciones de cómo es mi vida porque no me entienden.
¿Te vacilan mucho con eso?
Bueno, es que me dedico a eso. Y se lo digo a mis amigas: “¿Qué hago? ¿Te pido perdón? ¿Le digo que no al rodaje porque he quedado contigo para un café?”. Es lo que más me duele, porque no lo entienden y te juzgan, pero es lo que hay.
Si te quieren, te entenderán.
De eso también me he dado cuenta. Hay quien te quiere entender y otras personas que no.
¿Te cuesta mucho romper con una amiga?
Te duele pensar que ha acabado eso que teníais, que esa etapa se ha acabado. Pero es que yo soy muy práctica y pragmática. O aportas o apartas. Y vivo pensando que la vida son etapas. Todo puede volver. No voy a estar agobiada por lo que he perdido, con todo lo bueno que tengo.
¿Te has propuesto cambiar algo de ti en este 2025?
Me he propuesto asentar todo lo que he construido. Siempre quería hacer cosas, “aprovechar”, como dice la gente. No, mira, me voy a centrar en Poco se habla! y El show de Briten. Ya vendrá el resto. Eso me hará disfrutar. Estamos siempre en la ansiedad de exprimirlo todo al máximo y me he dado cuenta de que no. Aprovechar también es quedarte en casa, vivir un poco la slow life. Mi reto es bajar las revoluciones y sacar momentos para mí, relajarme y no hacer nada. A nivel creativo es muy importante tener huecos donde no hacer nada. Yo leo mucho sobre desarrollo personal y en esos momentos de descanso tu mente hace conexiones cerebrales y ahí nacen lo que se conoce como momentos Eureka! Está siendo difícil, pero me está viniendo bien porque estoy siendo más creativa.
La pregunta del millón: ¿lo cumplirás?
Sí, sí. Soy autoexigente y lo cumpliré.
(En ese momento parpadea la luz de la lámpara que está sobre la mesa de la cafetería en la que estamos y Ana Brito pregunta: “¿Iker Jiménez?”. En realidad, por mucho que ella diga... sí que es graciosa).