El listado definitivo de 'Los Top 100 Lujos' de Magas: las experiencias gastronómicas más selectas
Magos de la gastronomía como Ferran Adrià ya advertían que la cocina es un lenguaje con el que se puede expresar todo. Eso sí, hay que utilizar las palabras más sublimes para que los platos sean pura literatura. Siguiendo con la metáfora, esta selección es un rico poema lleno de experiencias únicas y exclusivas.
Los ‘Top 100 Lujos’ ocupan un lugar muy especial en la segunda edición del Bookazine de Magas, concebido como un homenaje al talento y a la excelencia. La sección es una cuidada recopilación de propuestas exclusivas que encarnan el savoir-faire y sirven como pretexto para ensalzar a todos aquellos que sienten la dedicación como forma de vida.
Magas lanza su segundo 'Bookazine' con Helen Mirren en portada y la exclusiva guía de los 'Top 100 Lujos'
Este listado se divide en diez categorías, cada una compuesta por otros diez ítems y experiencias: moda, joyería, relojería, belleza, perfumes, decoración, gastronomía, viajes, innovación y libros.
Top 100 Lujos Gastro
1. ‘Trèsind’ o el viaje de los sentidos
Este restaurante de Dubái es el único indio con tres estrellas Michelin del mundo. Desde la lujosa azotea del St. Regis Gardens, dentro del complejo Nakheel Mall en The Palm Jumeirah, Trèsind Studio ofrece un viaje por cada una de las regiones del país asiático.
Y no solo desde el baile de sabores, sino también estimulando todos los sentidos y la imaginación en un bocado. El chef Himanshu Saini, que se crio en la cocina de su abuela — “del tamaño de un restaurante y con 15 mujeres trabajando a la vez” —, ha querido reconstruir, más que deconstruir, los pilares de la gastronomía de su país, mezclándolos con recuerdos, nostalgia y experiencias.
Así se hizo el segundo Bookazine de Magas: 300 páginas dedicadas al lujo y al liderazgo en una obra creada para perdurar en el tiempo
Porque, como él mismo asegura, es “más creativo que técnico”, un punto a su favor en una alta cocina donde a veces se imponen las reglas al espíritu libre de la imaginación. En su menú de hasta 19 pases, siempre con algún elemento sorpresa, destaca Sadya. Es un plato que se hizo viral porque lo sirven hasta diez personas diferentes, en una perfecta sincronización de la sala para homenajear esos grandes festivales de colores que se celebran en Kerala, y donde miles de asistentes parecen moverse al mismo ritmo de una música irónicamente sorda. Disfrutan de propuestas que son, a la vez, dulces, ácidas, saladas y picantes.
Saini se crio con una abuela vegetariana y probó la carne engañado, por primera vez, a los cinco años. Así que en su local hay opciones para todos.
Trèsind Studio en Dubái
Manhatta de Danny Meyer
2. El ‘Manhatta’ que se come
Durante mucho tiempo fue un restaurante con vistas increíbles. Pero en los últimos años, sobre todo con la llegada del chef Justin Bogle y este 2025 del gran hostelero Danny Meyer, este local neoyorquino ha trabajado mucho para estar a la altura de lo que más lo define: una de las mejores panorámicas de la Gran Manzana, con la Estatua de la Libertad y el río Hudson al fondo.
Situado en la planta 60 del 28 de Liberty Street, en pleno distrito financiero, Manhatta es un restaurante con una estrella Michelin que ofrece una experiencia única al atardecer y en fechas señaladas como la Navidad, ya que es imposible no dejarse hipnotizar por la locura de una ciudad en constante transformación.
Cuenta con varios menús en los que han apostado por lo que llaman “nueva cocina americana”. Este es un concepto que, a priori, puede no parecer interesante, pero que gana en sabor y matices cuando aparecen un pato curado en seco, las vieiras con beurre blanc de algas o un hamachi crudo con manzana verde, cilantro y jalapeño.
La barra del bar es una joya donde sentirse, literalmente, en el cielo. Inspirada en el famoso poema de Walt Whitman, Mannahatta, es como dice el verso “una palabra, líquida, cuerda, revoltosa, musical, autosuficiente”.
3. Una mesa mágica en el velero más grande del mundo
Después de 140 años protagonizando los viajes más lujosos del planeta, Orient Express vuelve a ser legendario con Orient Express Corinthian, el velero más grande del mundo, que recorrerá el Mediterráneo a partir de este año.
Solo cuenta con 54 camarotes, con vistas panorámicas al mar y una decoración exquisita, donde sus afortunados pasajeros descubrirán que el refinamiento en este caso no es una estética, sino una experiencia global que se toca, se huele, se siente y se saborea intensamente.
Y es que, como un aventurero más, Yannick Alléno, el cocinero galo con dos restaurantes con tres estrellas Michelin, se ha enrolado en este capricho único para hacerse cargo de los fogones y crear un menú que bebe de la alta cocina francesa, pero con reinterpretaciones personales de las herencias culturales que, como este velero, cruzaron el Mare Nostrum.
La mejor vivencia culinaria que ofrece el chef será La Table de l’Orient Express, una sala mágica con paredes acristaladas, donde las estrellas y el mar susurrarán en cada plato los secretos más íntimos de uno de los mejores cocineros del panorama actual.
4. Belcanto, el ‘cielo’ estrellado de Lisboa
Para la sociedad lisboeta del siglo XX, este era un club aristocrático solo de hombres en el famoso barrio de Chiado, espacio de debate sobre lo divino y lo humano. Sin embargo, en 2011, José Avillez—a quien le gusta recordar que su apellido procede de Avilés—, lo transformó en un templo donde lo sagrado se impone a través del pecado más humano: la gula.
Este chef con dos estrellas Michelin se formó en los fogones de otro genio, Ferran Adriá y El Bulli, por lo que ha experimentado los límites a los que se puede llegar con la gastronomía.
“En Belcanto, compartimos inspiraciones, emociones y angustias a través de representaciones e ilusiones culinarias. Es nuestra forma de expresión”, reconoce un hombre que ha llevado la cocina portuguesa a un estado mágico, en el que lo moderno y lo tradicional juegan como en un columpio en equilibrio.
La mejor experiencia allí es la mesa del cocinero, desde la que ver lo que se cuece en este edificio de altos techos que tiene a la luz como protagonista. Si hay que quedarse con un plato, José destaca Hamachi y el cozido à Portuguesa porque muestra lo que son e intuye lo que va a ser Lisboa en los próximos años, un destino gastronómico único (si no lo es ya).
5. Un trago de 5.000 euros
El agua que bebemos tiene que ser “segura, limpia y deliciosa para que sea buena para todo el mundo. Pero la de Fillico no es para todo el mundo”, explica Pat Ecker, uno de los principales watermasters de Europa e importador de esta lujosa marca japonesa.
Una botella de 720 ml puede costar desde 300 a 5.000 euros, sin contar las ediciones especiales que han hecho de más de 10.000 euros el litro. En este caso, el secreto no está en el interior, por mucho que el líquido proceda de un manantial puro en la montaña de Rokko, en Kobe, famoso por su mineralización y filtración volcánica.
El lujo de Fillico reside en el ritual que rodea el acto de beber un simple trago de agua. Sus recipientes son auténticas joyas, con diseños que incorporan detalles en oro, piedras preciosas y cristales de Swarovski, producidas además en series limitadas de no más de 5.000 unidades al mes.
De hecho, el nombre completo de esta compañía japonesa, con más de 20 años en el mercado, es Fillico Jewelry Water (Agua de Joyería). Así lo entendió el mismísimo Christian Dior, quien apadrinó la casa entre sus clientes más exclusivos y la elevó al altar más selecto.
Fillico Jewelry Water
Clase Azul Tequila Blanco Ahumado
6. ¡Este tequila echa humo!
Dicen en México que la vida se divide “en días malos y días con tequila”. Así que vayamos a la cara buena y elijamos el mejor que podamos tomar para celebrarlo: el Clase Azul Tequila Blanco Ahumado, un homenaje a la tradición.
La forma de preparar esta obra de arte es cociendo las piñas de agave azul en un horno de origen milenario: un pozo que está excavado en la tierra y que se enciende solo con leña y piedras volcánicas, en esa perfecta unión entre el deseo de los dioses y el de la madre tierra.
En este tiempo las llamas apenas tocan las plantas. Son las rocas las que transmiten el calor necesario. Y el humo que libera es el que le da un toque ancestral, mágico. La culpable de la creación de este tequila único en el país centroamericano, por su sabor y su intensidad, es una mujer: Viridiana Tinoco, la maestra destiladora de Clase Azul.
Ella ha apostado por que sea el fuego de las deidades el que saque matices únicos al agave y los artesanos de Jalisco los que creen una botella joya que recoge el origen de esta bebida de un vistazo, como si fuera un lienzo. “La licorera evoca los métodos tradicionales: el acabado del vidrio alude al humo; la cerámica oscura a las piedras; y el tapón a los alambiques de cobre”, explica.
7. El queso más caro que no puede viajar
Todo lo que rodea al Pule, una de las variedades más costosas y exclusivas del mundo, es casi un secreto. Se elabora únicamente con la leche de las burras que viven en el increíble Parque Natural de Zasavica, en Serbia.
Estos animales producen entre 35 y 45 litros cada dos años, pero la mitad se destina a dar de comer a su cría, que en serbio se llama precisamente como este queso. Con el resto, en un proceso manual y centenario, se hace este manjar que necesita hasta 25 litros para obtener solo un kilo.
Por eso no es de extrañar que el precio llegue a alcanzar los 1.200 euros el kilo y la producción anual sea solo de unos 70 kilos al año. Con este ritual, la forma más tradicional de comerlo es en porciones de 50 gramos, que se suelen compartir entre varios y sin ningún artificio que distraiga el sabor del tiempo y la tradición.
Pero aún hay algo más que hace único a este capricho de la naturaleza: para probarlo hay que ir hasta los humedales de Zasavica, porque el Pule no se puede exportar, se muere de nostalgia fuera de su tierra. El lujo está en probarlo en un restaurante de la zona del parque, porque el viaje merece la pena.
8. No cualquier gamba
Es tradición en España que, cuando llegan las fiestas navideñas, muchas mesas se llenan de platos de este producto en todas sus elaboraciones. Pero hay que tener en cuenta que no todas son iguales y que hay gambas y GAMBAS.
Una de las que viven en esas mayúsculas es la roja, joya imprescindible en algunos cocineros estrellados como Quique Dacosta, que incluso escribió un libro con todos los secretos de este crustáceo. Podemos encontrar distintas variantes según su origen: desde Girona a Valencia y Almería.
Aunque las tres denominaciones son muy apreciadas en el plano gastronómico, existen diferencias importantes que hay que tener en cuenta a la hora de cocinarlas. Mientras que en Denia se pesca a 800 metros y en unos fondos fangosos; en Palamós lo hacen entre rocas y a 600 metros, y en Garrucha a unos 400 metros y en terreno removido.
Esto hace que la primera tenga un sabor más salino frente al dulzor de las otras dos, aunque con matices. En lo que coinciden todas es en que concentran su mayor sustancia en la cabeza, por lo que no hay que despreciarla nunca, algo que saben los chefs que la preparan. También en el precio, que en algunos momentos del año puede llegar a los 450 euros el kilo.
9. El Gran Hotel Kempinski, el ardor de St. Moritz
La nieve no tiene por qué ser fría. De hecho, este antiguo balneario inaugurado en 1864 es un lugar exclusivo y cálido. Y eso que este par de características no siempre se llevan bien.
El aspecto palaciego y sus famosas dos torres van muy acordes con lo que ha significado este establecimiento para la realeza y la nobleza europea: un lugar de reunión, descanso y ocio.
Ahora, tras una intensa renovación de la mano de la cadena Kempinski, que lo compró en 2001, el Gran Hotel quiere convertirse en el “templo del lujo alpino”. Su apuesta combina gastronomía y eventos únicos, como los tres enormes iglúes que Beluga monta en sus jardines para vivir una experiencia privilegiada y que han vuelto a colocar al hotel suizo entre los más cotizados de la zona, y no solo durante el invierno.
Siguiendo la tradición aristocrática, uno de los momentos frenéticos que se pueden vivir en él es la llegada del nuevo año. Cada Nochevieja transforma sus elegantes salones, con grandes lámparas de lágrimas, en el altar donde comulgan todos los brindis de quienes eligen los Alpes suizos para pasar su última noche. En 2025, el Kempinski ha apostado por invitar a los dioses griegos y subir al Olimpo.
10. Las burbujas de Murakami
Son muchos los que pueden creer que beber una copa de champán es una cosa añeja, parte de unos fastos que acaban activando un ritual tan formal que aleja a una parte del público general del brindis más imprescindible de la vida. Una cosa que sólo hacemos en ocasiones únicas.
Sin embargo, si nos atrevemos a dejar los prejuicios a un lado, descubriremos una bebida que engloba algo tan actual como es la rebeldía de una naturaleza por seguir floreciendo en una copa y en su estado más puro.
En esa búsqueda de ir más allá de unas burbujas, Dom Pérignon siempre se ha aliado con artistas diferentes para que su edición End of Year fuera una pieza de museo, una obra de arte por dentro y por fuera.
Si otras veces intentaron meterse en la cabeza de una de las mejores maison de champagne artistas como Warhol, David Lynch, Jean-Michel Basquiat o Karl Lagerfeld, en este 2025 el elegido ha sido el increíble creador japonés Takashi Murakami.
El rey de las flores sonrientes, los colores y la estética superflat, que ha sabido convertir cualquier prenda de lujo en un objeto divertido y deseado por su energía, ha diseñado unos recipientes exclusivos para embotellar el Dom Pérignon Vintage 2015 y el Dom Pérignon Rosé Vintage 2010.