Algo tan abundante, como es la liquidez, hoy es oro para muchas empresas. El ICO abrirá este lunes su ventanilla para repartir los primeros 20.000 millones de euros en avales para que los bancos financien a las empresas. Esas garantías se acabarán esta misma tarde y el Gobierno ya es consciente de que tendrá que activar el siguiente tramo casi sobre la marchaAntonio Garamendi ya le ha pedido que las amplíe hasta 50.000 millones ante la delicada situación que atraviesan las pymes y autónomos.

El acuerdo entre el Ejecutivo de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias con las patronales de la banca para poner en marcha estos avales es un 'win-win' entre los firmantes. De un lado, el sector público consigue acceder a la barra libre de liquidez de Christine Lagarde a través de las entidades españolas y trasladar ese dinero a las empresas sin grandes costes inmediatos. De otro, los bancos refuerzan su negocio que -aún en tiempos de tipos de interés negativos- es el de dar crédito y dar servicio a sus clientes.

Pero una vez que ha quedado claro que la demanda de esas garantías para las líneas de crédito va a ser muy superior a la que estimaba el Gobierno [menos mal que Sánchez hizo caso a los banqueros y movilizó más de lo previsto en el primer momento], existe el riesgo de que el aspersor con el que Nadia Calviño se dispone a regar el césped no llegue a las zonas más secas, es decir, a aquellas que quedan más lejos del grifo y que pueden ser las que más necesiten el agua para no secarse.

La vicepresidenta económica, Nadia Calviño.

El símil no es mío, sino de un financiero que trabaja en conceder financiación a empresas medium y small caps en el mundo de la banca alternativa. Conoce bien, por tanto, las necesidades de ese tipo de compañías que en España son escasas, pero importantes en términos de empleo.

Que las grandes corporaciones no van a tener problemas de liquidez está ya claro. Es más, en el Ibex 35 ya hay varios presidentes que reconocen que tendrán que acelerar los pagos a sus proveedores para ayudarles a sobrevivir con la liquidez necesaria en este escenario excepcional. Una decisión que ya han tomado empresas como Naturgy, puesto que Francisco Reynés decidió hace días acelerar el pago de las facturas a las pymes y autónomos con los que trabajan para ayudarles a pasar este difícil trance.

Hay otras grandes compañías españolas con menos fuelle, pero con gran capacidad de aguante. Una situación que les ha permitido firmar ya con la banca sus líneas de supervivencia para los tiempos del Covid-19. Es el caso de los préstamos que han cerrado con distintos bancos Marta Álvarez y Juan Roig para garantizar la liquidez de El Corte Inglés y Mercadona, respectivamente, mientras pasa esta tormenta.

Se trata de operaciones jugosas para las entidades por su volumen, su seguridad y porque, además, cuentan con un aval del Estado del 70%.

Francisco Reynés, Christine Lagarde, Juan Roig, Nadia Calviño y Marta Álvarez.

Pensando en las pymes y autónomos -que representan más del 99% del tejido empresarial-, el Gobierno reservó la mitad de esos 20.000 millones de euros en garantías que la banca puede solicitar desde hoy con avales del 80% para que la liquidez llegase a ellas.

Por pymes, el Gobierno entiende, según los parámetros europeos, empresas de hasta 250 empleados y menos de 50 millones de facturación.

Dentro de este grupo de empresas, la inmensa mayoría son de muy pequeño tamaño. Se trata de negocios con menos de cuatro trabajadores y algunos son muy bien conocidos por los bancos con los que llevan años trabajando, incluso a través de una fluida relación con el director de la sucursal. Esas empresas cuentan ya con créditos preconcedidos con los métodos del scoring de las entidades y sus necesidades de liquidez rondan el millón de euros, con lo que no suponen un problema.

Pero después hay otro grupo de compañías de tamaño medio que, en muchos casos, son grupos familiares no conocidos con plantillas más voluminosas y que también atraviesan momentos de dificultad. Si los avales no se articulan con la suficiente eficacia en tiempos y cuantías, esas empresas pueden tener más complicaciones para conseguir crédito, porque para aprobar su préstamo la banca tiene que realizar evaluaciones más exhaustivas.

Garamendi ha pedido activar los avales hasta 50.000 millones y Deutshe advierte que un 25% de ellos pueden ser impago

Y es que, pese al apoyo del BCE y de los supervisores nacionales y europeos, las entidades no han olvidado la crisis de 2008 y sus evaluaciones de riesgo siguen siendo exhaustivas.

También el Gobierno ha querido ser cauto y cubrirse las espaldas al incluir criterios para acceder a sus avales -como que la empresa no esté en situación de concurso y no tenga morosidad- con el fin de mitigar el efecto de posibles impagos. Y es que si las empresas que reciben esos préstamos cierran, será el contribuyente el que cargue con el coste.

Un informe coordinado por el economista jefe de Research de Deutsche Bank, David Folkerts-Landau, recordaba la pasada semana que es factible, "asumir de manera arbitraria" que una cuarta parte de esas garantías que otorga el Estado español se conviertan en impago. Algo que impulsaría la deuda pública de España hasta el 120% del PIB.

En ese sentido, ya hay economistas, como Juan Ramón Rallo, que han puesto sobre la mesa que el rescate a las empresas que se va a hacer con estas líneas de crédito sea "selectivo" y no total. La cuestión es, que en este caso, la selección correría a cargo de la banca. Y los bancos, son bancos: si tienen que elegir, se decantarán por el mejor pagador y por el más seguro.

ATENTOS A...

La prima de riesgo española está controlada. Pero ¿significa eso que no puede dar un susto? Sin los famosos 'coronabonos' a los que se oponen Angela Merkel y otros aliados del norte, será el Banco Central Europeo (BCE) el que tenga que respaldar las emisiones de los diferentes países, como viene haciendo con eficacia desde el año 2012.

El secretario del Tesoro, Carlos San Basilio, y la canciller, Angela Merkel.

En este contexto, hay un peligro del que es consciente el secretario del Tesoro, Carlos San Basilio, que ha pisado el acelerador de las emisiones de deuda en las últimas semanas para hacer frente a un empeoramiento de la coyuntura.

El Gobierno sabe que las necesidades de financiar el cierre de las economías van a ser imperiosas para muchos países, no solo para España e Italia. Esto provocará una oleada de emisiones y el mercado tendrá que absorber mucho más papel del que se esperaba para este año. Pese a la protección del BCE, es mejor prepararse para un escenario en el que las primas de riesgo se tensionen más y el coste de financiar esta crisis también. El Tesoro no ha perdido la memoria de lo que ocurrió en 2012 y está haciendo acopio de liquidez por si vienen curvas.