Por Maite López (Finect)

El mal año de mercado, por un lado. y el repunte de los precios de la vivienda, por otro, da más argumentos al inversor que tradicionalmente ha escogido el 'ladrillo' como una de las opciones para sacar rendimiento a su ahorro.

A la bolsa se le está complicando este 2018, entre el pinchazo del que iba a ser el sector estrella -la banca-, el miedo a que los bancos centrales pisen demasiado a fondo el acelerador de la subida de tipos, un par de semanas de inestabilidad a costa de la política italiana y las batallas de Trump en torno a los aranceles impuestos a otros países. El resultado es que el Ibex está en negativo, no solo en lo que va de año, sino también a 12 meses, cuando pierde ya más de un 8%.

Mientras tanto, el ahorrador conservador sigue sin ver rentabilidad en los depósitos a plazo, que de media se sitúan en torno a un 0,1%, un rendimiento que inevitablemente hace perder poder adquisitivo con la subida de la inflación. Y encuentra poco que rascar, también, en la parte de la renta fija considerada de menor riesgo: la rentabilidad del bono español a 10 años, por ejemplo, se sitúa por debajo del 1,5% y en lo que va de año provoca pérdidas en cartera por la caída del precio (en los bonos, cuando sube la rentabilidad, el precio desciende).

EL RETORNIO DEL INMOBILIARIO

En este escenario, la inversión inmobiliaria vuelve a competir con los activos financieros. En especial, si hablamos de las grandes ciudades, donde la recuperación de los precios en el mercado de compra-venta ha venido acompañada, además, de una fuerte subida de los alquileres.

El resultado es que, según datos del Banco de España (BdE), la rentabilidad bruta del alquiler se sitúa en torno al 4,1% a cierre del primer trimestre, lejos de los números rojos que ofrece la bolsa en el último año y muy superior a lo que rentan depósitos y el propio bono español. Si, además, se incluye en el cálculo la propia revalorización del precio de la vivienda, el rendimiento supera el 10,4%.

No siempre ha sido así. Sin ir más lejos, en la última parte de 2013, con los precios de la vivienda en pleno descenso y el rendimiento del alquiler también en el entorno del 4%, el Ibex ofrecía una rentabilidad de doble dígito y superior al 20%, según datos del BdE. Entonces había pocas dudas de qué activo era más rentable para el corto plazo.

Con todo, esa rentabilidad inmobiliaria es relativa. Según datos de Idealista, en ciudades como Madrid los precios de compra-venta han recuperado niveles de 2010 y, en cuanto al alquiler, el repunte es ya del 23% en los últimos dos años, con datos hasta el primer trimestre. Sin embargo, en otras ciudades más pequeñas, como Ciudad Real, Badajoz, León o Palencia la subida de los arrendadores está por debajo del 8% en el mismo periodo.