¿Han escuchado hablar de un tal Jesse Livermore? Dicen que allá por la primera década del siglo XX, existía en Wall Street un mago de los mercados llamado Jesse Livermore. Él era el mago del mercado y una auténtica estrella.

Tal era la magnitud de su fama, que en un contexto propicio para gestar la burbuja bursátil más grande de la historia, el bueno de Livermore era algo más parecido a una estrella de rock, que a un inversor en bolsa. No en vano, todos sabemos la necesidad de los americanos de tener mitos históricos. A falta de historia, ¡Elvis Presley!. Pero como decía John Lennon, antes de Elvis no existía nada y en parte tenía razón.

En ese contexto emergió la figura del trader más legendario de la historia y probablemente el padre de todo. Tal vez por ello me gusta parafrasear siempre al bueno de Lennon con aquello de que antes de Livermore, no existía nada.

Livermore nos enseñó que para dominar el trading no se necesita analizar balances, ni tampoco gráficos. Él leyó el telegrama y memorizó el ticker de cotizaciones con un único objetivo, definir la línea de menor resistencia, es decir, controlar que si los precios subían tenía que comprar y si los precios caían ponerse corto. Poco escrupuloso él, sabía que si la subida se completaba tenía que cerrar sus posiciones ya que lo único que cuenta en el mercado es la tendencia.

De Livermore nace pues aquello tan popular como operar la tendencia, cortar las pérdidas o dejar correr la tendencia. Cierto que más tarde Graham nos enseñó a comprender el margen de seguridad y que a veces en el mercado, lo mejor es no hacer nada. De ahí que diera un nuevo paso en el arte de la inversión con su preciado "el comportamiento del inversor delante de las fluctuaciones del mercado".

De Livermore a Graham o de la especulación a la inversión, siempre se nos ha enseñado que pase lo que pase hay que mantener la calma y antetodo, dejar que las cosas sucedan. En Blackbird hemos vivido un año extraordinario en 2020, ya que no es simple cohabitar con un mercado como el que hemos vivido. Dicen que el mercado lo descuenta todo y lo cierto es que en parte es verdad, pero lo conocido o al menos, lo que se cree.

El virus no se lo ha creído nadie, ni los gobiernos, ni los mercados. De ahí que hayamos vivido el fallo alcista más fatídico de la historia bursátil, puesto que un crash sin proceso de distribución, tras un proceso de reconstrucción de la tendencia primaria alcista de más de 2 años, es algo que no había sucedido nunca antes en la historia del Dow Jones.

Como bien sabemos, el colapso del Ibex 35, así como el de todos los mercados cotizados del mundo han hundido a las bolsas corrigiendo parte del problema (el apalancamiento) y devolviendo los precios a un retorno anualizado a 20 años, en mínimos.

Un escenario de pánico y capitulación es especialmente bueno para los mercados y una vez más, las bolsas se desplomaron cuando empezamos a comprender la magnitud de la tragedia y comenzaron a subir en el peor momento de la noticia.

Tras meses de consolidación y con una entera duda sobre la recuperación o la muerte de los mercados, las bolsas mundiales han logrado definir una pauta de mínimos crecientes y devolver a los principales índices mundiales por encima de los dos tercios del crash. Este patrón rompe el proceso correctivo y habla claramente de un nuevo tramo impulsivo, que destroza a los bajistas y demuestra aquello de que a veces en los mercados, lo mejor es estarse quieto. 

Nuestro índice sigue apático y débil, como lo ha sido desde 2017. Sin embargo, hay luz tras las tinieblas. El mundo ya no ve a la banca como parte del problema, más bien de la solución. Lo que en 2008 se convirtió en el liderazgo de los mercados especulativos, en 2020 se podría convertir en lo contrario.

Para recuperar la economía productiva necesitamos recuperar el tejido productivo y para ello, los bancos tienen una función especial. El préstamo a las empresas puede provocar inversión e inflación real.

Estos alicientes son necesarios para un sector bancario que está herido de muerte. No es de extrañar que el BCE sacando toda la artillería ni ha insinuado la bajada de tipos. El BCE ha echado el cable a la banca, manteniendo la idea de que su esfuerzo en la última década les deja especialmente capitalizados y aunque no es de extrañar que veamos un proceso de fusiones en el sectorial europeo, los precios actuales de cotización, difícilmente los veremos repetidos.

Así lo entiende el mercado, pues el sectorial STOXX600 BANKS, ha logrado al fin rearmar la tendencia. Con bancos rompiendo resistencias, Telefónica renaciendo de sus cenizas y un sector eléctrico que sigue intratable al calor de la transformación energética, el Ibex 35 gana altura.

¿Y podemos creernos estas subidas? Cierto es que el Ibex 35 va al rebufo del mundo y que los riesgos vuelven al plano de la política. Pero tan pronto se vayan resolviendo las ayudas de Europa y las reformas exigidas, el mercado irá trazando un proceso de recuperación más visible. Es cierto que a corto plazo las bolsas deberían dar un nuevo tirón, pero lo que suele suceder, tras romper un proceso lateral de dos meses, es una consolidación. Consolidación que en caso de llegar, desde luego es para comprarla.

IBEX35