Madrugada del 6 al 7 de junio de 2017. En una operación que marcó un antes y un después en los mecanismos de rescate bancarios en Europa, la Junta Única de Resolución (JUR) decidió la resolución del Banco Popular y su posterior venta al Santander por el valor simbólico de un euro. Han pasado dos años desde esa fatídica fecha en la que más de 300.000 accionistas vieron esfumarse su inversión en el que hasta entonces era el sexto banco español. 

El escenario de pérdidas, en muchos casos millonarias, ya anticipaba una ola de demandas y reclamaciones que el Banco Santander decidió ‘frenar’ ofreciendo a parte de los afectados, y de manera gratuita, el llamado ‘bono de fidelización’. Un producto de deuda perpetua (con la posibilidad de amortizar a los 7 años) con un cupón del 1% anual y muy criticado en su momento por comercializarse entre minoristas a pesar de su enorme complejidad

A cambio de esta ‘compensación’, los afectados renunciaban a su derecho de demandar a la entidad o a sus directivos. Finalmente, y tras un intenso proceso de comercialización en las redes bancarias, Santander emitió el 18 de diciembre de 2017 980 millones de euros de este tipo de deuda perpetua en el mercado de renta fija AIAF para minoristas. Aquel día, los afectados pudieron elegir entre quedarse con los bonos durante el plazo de amortización de 7 años o venderlos en el mercado.

PLUSVALÍAS EN EL MERCADO

Dos años después de la resolución del Popular, quienes compraron en su lanzamiento pueden beneficiarse de la subida del precio del ‘regalo’ del Santander. En concreto, esos nuevos bonistas del antiguo Popular han visto cómo el precio del bono ha pasado del 78% fijado en el día de su estreno, y que implicó un descuento del 22% respecto al nominal, al 81,26% actual. Si decidieran vender ahora en el mercado, estos inversores obtendrían unas plusvalías de algo más del 4%, a las que habría que sumar los cupones anuales pagados por el bono. 

Según datos de Bolsas y Mercados Españoles (BME), el comportamiento alcista del bono se ha acelerado este año tras un 2018 que el bono despidió con un precio del 73,5%. Y, aunque sigue lejos del 85% que marcó de máximos a finales de febrero de 2018, los volúmenes de negociación han disipado el miedo a la escasa liquidez del producto. 

Los expertos recuerdan que el mercado minorista de renta fija no suele registrar volúmenes elevados de negociación. Bajo esta premisa, los bonos de fidelización negociaron en mayo una media diaria de unos 26.300 euros, frente a los 16.900 euros que han movido en el mismo periodo otras emisiones similares como la deuda perpetua de Autopistas del Atlántico (Audasa) o la de Autopista del Sur Leonesa. 

ATENTOS A LA AMORTIZACIÓN

Otra situación bien diferente es la que vivieron aquellos que perdieron su inversión en Popular y decidieron deshacerse del bono vendiéndolo el primer día de cotización con ese descuento del 22% sobre el valor nominal. Quien haya decidido quedárselo ‘en mano’ durante los 7 años establecidos por Santander para su amortización recibirá, al final del periodo, 107 euros si se tiene en cuenta el cupón anual del 1% establecido por la entidad. 

Pero cuidado. En el propio folleto de esta emisión, Banco Santander se reservó el derecho a cancelar la amortización si lo estima necesario. Aunque los expertos descartan esta posibilidad, fuentes consultadas recuerdan que “no debemos olvidar que el pasado mes de febrero Santander anunció que no iba a ejercer la ‘call’ de otro CoCo (bono contingente convertible) al 6,25% que tenía planeada para marzo de este año, algo que no había ocurrido hasta ahora”. 

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