Los dos hicieron historia. Cada uno en lo suyo y prácticamente a la vez. El estadounidense Bobby Fischer porque en 1972 derrotó al ruso Boris Spassky para convertirse en campeón del mundo de ajedrez. Y el también estadounidense Rex Sinquefield porque en 1973, cuando trabajaba para el American National Bank of Chicago, lanzó el que está considerado como el primer fondo índice que replicaba al S&P 500.

Tal vez por aquella coincidencia temporal, Sinquefield, que en 1981 creó junto a David Booth la firma de inversión Dimensional Fund Advisors, que actualmente gestiona activos por valor de 600.000 millones de dólares, quedó atrapado en dos tableros a la vez: el de las finanzas y el de las 64 casillas blancas y negras en las que se juega al ajedrez.

Hoy, de hecho, su apellido se asocia más con el ajedrez que con las finanzas. Y a más cosas. Formado en la Universidad de San Luis y en la de Chicago, donde aprendió de economistas -luego ganadores del Nobel- como Merton Miller y Eugene Fama, Sinquefield, de 74 años, es muy activo e influyente en la vida política de Misuri. Republicano, aunque ha realizado también donaciones a candidatos demócratas que respaldaban sus ideas, es asiduo a la polémica por su defensa del libre mercado, su lucha contra los impuestos y su cruzada a favor de una reforma educativa en la que también vuelca su vena filantrópica.

UNA OFERTA QUE NO PODÍA RECHAZAR

Pero nada le ha atrapado tanto ni ha consumido tantos cheques como el ajedrez. Ha sido él, con sus donaciones y su empeño, quien ha hecho de San Luis una de las capitales del mundo para el ajedrez. Allí se disputa la Copa Sinquefield, la mayor competición de este deporte que desde 2013 reúne anualmente a los mejores ajedrecistas del planeta. También ha sido él quien, con su dinero, ha atraído al legendario Garry Kasparov para preparar a los principales jugadores estadounidenses con el firme propósito de que la mayor economía del mundo también sea la mayor potencia mundial de ajedrez. Y el que ha patrocinado directamente al equipo de EEUU en distintos torneos internacionales.

Precisamente en su competición, en la Copa Sinquefield, un joven de 22 años llamado Fabiano Caruana obtuvo la victoria en 2014. Lo hizo por delante de quien entonces ya era el campeón del mundo, el noruego Magnus Carlsen. Nacido en Miami, criado primero en Brooklyn y luego en varias ciudades europeas, entre las que figuró Madrid, Caruana encontró en el ajedrez el terreno en el que canalizar su hiperactividad y su mayúsculo talento, el que le permitió ser Gran Maestro a los 14 años, el más joven en la historia de EEUU.

Por su doble nacionalidad, compitió por Italia. Hasta que recibió una llamada. Con una oferta que no podía rechazar. Al otro lado estaba Rex Sinquefield, y Caruana pasó a mover las piezas del tablero para EEUU.

POR ENCIMA DE PUTIN

Sus caminos se cruzaron así para siempre. Y de manera especial después de que Caruana se impusiera en marzo de este año en el Torneo de Candidatos y se ganara así el mérito de disputar a Carlsen, de 27 años, la corona mundial que ostenta desde 2013.

Sinquefield lo había conseguido. Su protegido estaba a un paso de recuperar el trono para EEUU. Por fin. Para ello tuvo que imponerse a tres rusos, entre ellos Serguéi Kariakin, que en 2016 estuvo cerca de derrocar a Carlsen. Pero esta vez no pudo ser. El deseo de Sinquefield fue más fuerte que las no menos ambiciosas ganas de Vladimir Putin, el gran valedor de Kariakin, de devolver la corona mundial del ajedrez a Rusia.

Despejado el camino hacia la lucha por el Mundial, Sinquefield acogió a Caruana y su equipo en su lujosa casa de campo en Misuri. Que no faltara nada. Que todo fueran comodidades. Que su preparación física y mental fuera la óptima para afrontar un reto de esta magnitud.

De allí viajó a Londres, sede del Mundial de 2018. En frente, el fenomenal Carlsen. Una batalla de 12 partidas programadas del 9 al 28 de noviembre y de las que ya se han disputado siete, todas saldadas con tablas para llevar un empate a 3,5 al marcador. El aspirante, por tanto, continúa con opciones. Y Sinquefield, aquel pionero de los fondos índice, el hombre que dio la espalda a los mercados para centrarse en los tableros, mantiene vivo su sueño de que Caruana sea el nuevo Fischer.