"Los bancos nos dan todo el dinero que queremos, ¿para qué nos hace falta salir al mercado?". Esta frase abundaba entre los círculos empresariales en los años del `boom¿. Expresaba la potente conexión existente entre la banca y las compañías, cuya financiación descansaba de manera crucial en los préstamos de las entidades. En parte, por la estructura del tejido empresarial español, compuesto al 99% por pymes, pero también por la creencia de que con la banca bastaba y que salir al mercado a financiarse era un `jaleo¿.

"Tradicionalmente,  las  sociedades  no  financieras  (SNF)  españolas  han  recurrido, mayoritariamente, a las entidades de crédito para la obtención de financiación externa, mientras que los mercados de capitales y, en general, los intermediarios no bancarios han desempeñado un papel menor, si se exceptúa el crédito comercial", describen Víctor García-Vaquero e Irene Roibás en un artículo difundido este jueves por el Banco de España (BdE) titulado `La evolución reciente de la financiación no bancaria de las empresas españolas¿. En efecto, así era. Hasta que llegó la crisis y puso de relieve que esa estrategia resultaba errónea. "La reciente crisis ha puesto de manifiesto que la excesiva dependencia de una única fuente de financiación es un elemento de vulnerabilidad, especialmente en momentos de fuertes tensiones macrofinancieras", exponen García-Vaquero y Roibás en su estudio.

APRENDER LA LECCIÓN

La lección, poderosa, llegó demasiado tarde para muchas compañías, que no pudieron sobrevivir a la contracción del crédito y a los problemas para conseguir financiación a corto plazo en los peores momentos de la crisis. Pero otras lo han aprendido, o al menos eso lo que indican los datos del estudio publicado por el BdE, que recoge importantes variaciones en la composición de la financiación empresarial durante el último decenio.

Del total del balance de las empresas, es decir, incluyendo los recursos propios y la deuda, los préstamos bancarios han pasado de suponer el 32% en 2007 al 25% en 2017. Por el contrario, los recursos propios, que no llegaban al 50% en 2007, rondan ahora el 60% del pasivo de las empresas. Aunque el salto más acusado se observa en la renta fija. En 2007, los bonos y pagarés apenas representaban el 7% de la deuda de las empresas; diez años después, su proporción alcanza el 14%.

Es decir, visto lo visto durante la crisis, las empresas han modificado su financiación para presentar un mix más diverso y menos dependiente de la banca: han reforzado sus balances con más acciones ¿recursos propios o capital social-, han recurrido más a los bonos ¿renta fija- y han reducido el peso de los préstamos ¿la banca-. "Se han reflejado importantes cambios en la estructura de financiación de las SNF, con una ganancia del peso de los recursos propios frente a la deuda y, dentro de esta, de los valores de renta fija frente a los préstamos bancarios, cuya reducción ha sido más acusada en el caso de España que en el caso de la Unión Económica y Monetaria", destacan García-Vaquero y Roibás ¿ver gráfico-.

Sobresale la evolución de las emisiones de renta fija, una pieza clave en este progresivo proceso de desintermediación por ser un sustitutivo más ajustado a lo que supone el tradicional préstamo bancario. Otro dato del estudio evidencia el desarrollo de este segmento. En 2007, en España apenas una decena de empresas salían al mercado para financiarse con la emisión de deuda a corto y largo plazo; un decenio después ese número se acercaba a las 70 compañías.

La progresiva incorporación de las empresas a la financiación de los mercados se traduce, según los autores del trabajo, en que "en el período 2009-2017, las sociedades no financieras españolas han captado financiación por un valor medio anual de 50.000 millones de euros a través de los mercados de valores, frente a un descenso de 34.000 millones de la financiación vía prestámos".

Como resalta el trabajo, esta mayor apelación a los mercados se ha visto reforzada por la creación de nuevas plataformas que han ofrecido más facilidades para que empresas de un tamaño menor al habitual hayan dado el paso. Ha sido el caso del Mercado Alternativo Bursátil (MAB) y del Mercado Alternativo de Renta Fija (MARF). También, más reciente, la proliferación de plataformas de financiación participativa ('crowdfunding').