Mario Draghi hasta el final. El banquero italiano, titular de la presidencia del Banco Central Europeo (BCE) hasta el 31 de octubre de 2019, no quiere que las quinielas sobre su sucesión o cualquier otra circunstancia empañen la delicada tarea que tiene por delante. Porque si duro ha sido activar unas políticas monetarias sin precedentes para luchar contra los efectos de la crisis, tampoco será fácil emprender el camino de vuelta. El del desmantelamiento de esas medidas. De ahí que quiera tutelar esta transición. Hasta el final.

Por eso, el BCE saldó la reunión de política monetaria que celebró este jueves en Riga (Letonia) con un nuevo ejercicio de equilibrismo; de dar de comer a los duros, los halcones, pero también a los blandos, las palomas.

Si por un lado contentó a los halcones al anunciar que la institución dejará de comprar deuda en el mercado a finales de 2018, previa reducción del importe asignado a esa función de 30.000 a 15.000 millones de euros mensuales a partir de octubre, por otro, y de manera mucho más sorprendente, alimentó a las palomas al comprometerse a que los tipos de interés seguirán donde están¿al menos hasta el verano de 2019¿. Y donde están desde marzo de 2016 es en mínimos históricos, con los oficiales en el 0% y los de la facilidad de depósito en el -0,40%.

Draghi, por tanto, marcó el camino a más de un año vista. Ajeno a si le sucederá en el cargo el alemán Jens Weidmann, actual presidente del Bundesbank y principal candidato por el momento, o si habrá sorpresa, tal vez con la llegada de la actual directora general del Fondo Monetario Internacional (FMI), Christine Lagarde.

Y con otro detalle. El mandato de Draghi vencerá el 31 de octubre del próximo año. La referencia directa a que los tipos no se tocarán ¿al menos hasta el verano¿ le dejan margen, aunque sea apurando, para que la primera subida de los intereses en la Eurozona desde 2011 todavía lleve su rúbrica. Así lo dejaría todo atado y bien atado.

Considerando el calendario marcado, tendría dos opciones: la reunión del 12 de septiembre o la del 24 de octubre. Por ahora, el mercado se inclina por la primera, aunque la segunda tendría mayor carga simbólica. Draghi, que en su primera reunión al mando bajó los intereses en noviembre de 2011, utilizaría la última para elevarlos. Sería, además, el único incremento de todo su mandato. Pero es que el suyo no ha sido un mandato cualquiera.

DEMASIADO BLANDO

De hecho, tal vez la impronta general de estos años pasados es la que explica la cautela de Draghi. Porque no sólo es cómo explicó que los tipos aún seguirán quietos más de un año más, sino cómo lo envolvió, poniendo más empeño en los riesgos. 

"Draghi sonó marcadamente negativo en los temas económicos, enfatizando los riesgos, la incertidumbre y la volatilidad del mercado financiero", subraya Nick Peters, gestor de fondos multiactivos de Fidelity. Es cierto que el BCE rebajó las previsiones de crecimiento para este año del 2,4% al 2,1%, pero también elevó las de inflación del 1,4% al 1,7% para 2018 y 2019, algo que, a juicio de Peters, hubiera requerido más equilibrio por parte del BCE.

"Nos ha sorprendido que el BCE se haya ablandado tanto en esta reunión, algo que en nuestra opinión era innecesario", valora el gestor de Fidelity. "El del BCE es un mensaje bastante cauteloso", coindice Patrick O'Donnell, director de inversiones senior de Aberdeen Standard Investments.

La sorpresa por el tono se reflejó de manera directa en el euro, cuya reacción en las últimas horas a la doble cita con los bancos centrales resulta esclarecedora. El miércoles por la noche, tras conocer que la Reserva Federal (Fed) estadounidense subirá otras dos veces los tipos este año y tres más en 2019, la divisa europea, lejos de arrugarse contra el dólar, se creció. Pasó de los 1,178 a los 1,182 dólares.

Y ahí esperaba a Draghi, esperando tal vez que pusiera fecha de caducidad a las compras de activos. Y así fue. Pero no esperaba 'lo otro', que el 'dinero gratis' vaya a continuar vigente hasta el verano de 2019. La caída resultó irremediable. Una depreciación diaria superior al 1% que lo acható hasta los 1,163 dólares, el cambio al que cayó hace tres semanas en pleno terremoto político italiano.

Fue el principal impacto de una cita que, como idea principal, arrojó que Draghi no quiere sorpresas en el tramo final de su presidencia. Y se ha procurado un blindaje que le protege de especulaciones en torno su sucesor y de cuestiones como la incertidumbre política. Pero que tiene un peaje: el de la flexibilidad. "El BCE aún se mantiene en su rígido calendario", resalta el economista jefe de Robeco, Léon Cornelissen. "Sus cartas están sobre la mesa, al menos hasta la primavera de 2019", añade.

Luego vendrá el verano. Ese al que el BCE ha emplazado. Y ahí, al fondo, a Draghi le esperará la subida de los tipos. Una. Aunque sólo sea una antes de irse.

- El BCE anuncia el fin de las compras de deuda en 2018 y tipos al 0% "al menos hasta verano de 2019"

- La Fed de Powell constata que 2019 será el `Año de la Verdad¿ para la recuperación