Así lo han puesto de manifiesto algunos de los principales expertos en bonos verdes a nivel internacional durante el foro de debate celebrado esta semana en la Escuela de Finanzas AFI bajo el título "Riesgos Financieros del Cambio Climático. ¿Qué ofrecen los bonos verdes?".

Este mercado de títulos de crédito emitidos para financiar proyectos que contribuyan a la lucha contra el cambio climático forma parte del cambio de flujos económicos necesario para dar cumplimiento al Acuerdo de París de lucha contra el cambio climático, mediante el que cerca de 200 países se han comprometido a avanzar hacia un mundo neutro en emisiones.

En ese contexto, los bonos verdes vienen a suponer un producto financiero fundamental para avanzar hacia esa transición, siempre y cuando se rijan por las reglas básicas de transparencia en el reporte de información, afirma Teresa Ribera, directora del Instituto para el Desarrollo Sostenible y las Relaciones Internacionales (IDDRI) e impulsora de este foro.

En la misma línea, Sean Kidney, presidente de la Iniciativa Bonos Climáticos y asesor de la Comisión Europea en esta materia, considera que, a pesar de que el dinero "no se mueve lo rápido que el planeta requiere hacia inversiones más limpias", el mercado de bonos verdes es ya un mercado "maduro" tras una evolución muy positiva en los últimos años motivada por la apuesta de China por estos títulos.

"Hablamos de un importante mercado de inversión a largo plazo, donde el 70 % de los bonos se comercializan a más de diez años, entre cuyos emisores hay entidades multilaterales, organismos de inversión internacional, empresas, entidades financieras o administraciones públicas", señala Kidney.

El mercado bonos verdes ha pasado de los 2.600 millones de dólares (2.363,6 millones de euros) en 2013 a los 81.000 millones de 2016 (73.636,88 millones de euros), con una previsión de crecimiento de hasta 150.000 millones de dólares (136.366,2 millones de euros) en 2017 y de 60 billones en 2020, según datos de la Iniciativa Bonos Climáticos (Climate Bonds Initiative, por sus siglas en inglés).

Esta organización incide en que entre los principales clientes de estos títulos verdes están fondos de pensiones, aseguradoras y bancos.

En cuanto al tipo de proyectos que están logrando financiación con bonos verdes destacan los de energías renovables, transporte sostenible (coche eléctrico, principalmente) y construcción de edificios sostenibles y eficientes desde el punto de vista energético.

Para fomentar este tipo de bonos, los Gobiernos de países como China, Suecia o Francia están regulando y creando incentivos para promoverlos, que incluyen acuerdos para la cobertura de posibles riesgos asociados a los mismos.

Francia, que regula a favor de este producto financiero en su Ley de Cambio Climático, ha emitido 7.500 millones de euros en bonos verdes en lo que va de año, apunta el analista de AFI, Ricardo Pedraz.

Este analista considera que España debe seguir el camino de Francia y crear incentivos para los bonos verdes en la Ley de Cambio Climático y Transición Energética que elabora el Gobierno, ya que se trata de un producto del que apenas existen casos puntuales.

Entre ellos están emisiones de estos bonos verdes por parte de Iberdrola (que emitió 1.000 millones de euros en estos títulos en febrero), la Comunidad de Madrid (700 millones este mes de mayo) y la Caja de Ingenieros, que ha lanzado este año el primer fondo de inversión contra el cambio climático, destaca Pedraz.

El BBVA, por su parte, ha concedido préstamos verdes en los últimos meses tanto a Ibedrola (500 millones) como a Acciona (100 millones) para financiar proyectos ligados a la descarbonización.

Tanguy Claquin, responsable de finanzas sostenibles de Credit Agricole, incide en que España debe crear "un ecosistema regulatorio propicio" a la emisión estos bonos, o de lo contrario "podría sufrir las consecuencias" de que otros países, sobre todo algunos en desarrollo como India o Brasil, acaparen este mercado.

Claquin incide en que más allá del título de "bonos verdes" este producto es "la propuesta de inversión más segura y sólida" en un contexto en el que los países tienen que apostar decididamente por reducir emisiones para evitar que el cambio climático adquiera tintes catastróficos.

"Los tipos de interés están muy bajos porque los inversores no se fían y no invierten, sin embargo cuando hay propuestas bien estructuradas y demostradamente sostenibles el interés de los inversores está muy por encima de la oferta de mercado, que es lo que está ocurriendo con los bonos verdes", concluye Claquin.EFECOM

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