“What goes up, must come down, what must rise must fall” Eric Woolfson

He empezado a preocuparme (nótese la ironía). Cuando un equipo directivo acude al enemigo exterior, al chivo expiatorio de “los especuladores” para justificar su caída en bolsa, la experiencia me dice que algo va mal en palacio.

En más de veinticinco años de experiencia, he aprendido que:



1. Cuando una empresa dice que la caída de su acción es por "culpa de los especuladores", busca ocultar su gestión. Y casi siempre empeora desde el día en que pronuncian esas fatídicas palabras. Los mismos que culpan a los "especuladores" de las caídas, desligándolo de su gestión, se apuntan siempre el 100% de las subidas diciendo que es por su buena gestión. Como si los “especuladores” no compraran.



2. Es peligroso que, en comunicación corporativa, se acuda al enemigo exterior insultando a tus propios inversores. Sobre todo cuando la caída se genera por una necesidad de capital que tendrás que cubrir acudiendo a los mismos a los que llamas zopencos y cortoplacistas.

3. Si la reacción bursátil es injustificada, es el momento perfecto para que esos directivos renuncien a su compensación fija y liguen el 100% de su remuneración a la acción. Nada como firmar cheques con palabras que tu bolsillo no cubre.

Esta semana se cumple la trigésimo cuarta semana consecutiva de salida de capitales de la bolsa europea. Más de 91.000 millones de euros en lo que va de año en salidas netas de capital de fondos de renta variable europea, según Morgan Stanley.

Que eso coincida con el mayor enchufe de gas de la risa monetario de la historia no es casualidad. Los tipos a cero o negativos destruyen a una banca muy frágil, la enorme liquidez perpetúa los desequilibrios y la mala asignación de capital a sectores deficitarios y, como dijimos desde que se lanzó, las reformas estructurales y esfuerzos para fortalecerse se relajan con la alegría de la nada monetaria. Y eso no es culpa de Deutsche Bank. Al menos no solo.

La política monetaria es una herramienta, no una solución mágica. Europa, como Japón, se ha acostumbrado al exceso de liquidez como si todo lo demás –sobrecapacidad, baja rentabilidad, demografía, exceso de deuda pública, debilidad de balances- se pudiera disfrazar bajo la salsa de chocolate del “a largo plazo todo sube”. Y nos ha pillado el toro echándonos la siesta en medio de la plaza. Olvidando que esa política monetaria era una herramienta para reforzar reformas estructurales que eran inaplazables, no para ignorarlas.



Esta semana hemos comentado el caso del gigante bancario alemán (lean) y el riesgo de ignorar la acumulación de desequilibrios basado en la fe del gas de la risa monetario. Pero centrar los problemas bursátiles actuales de la banca –o la imposibilidad de sacar a bolsa una subsidiaria de una máquina de destrucción de valor- en la entidad alemana tiene un componente muy similar al socorrido “los especuladores”.

Echar la culpa a los bancos de nuestros problemas mientras exigimos que presten mucho más ignorando el riesgo es, como mínimo, entretenido

Echar la culpa a Deutsche Bank de la debilidad europea es el mismo cuento, el mismo chivo expiatorio que “los especuladores” o “los mercados”. Como si los bancos italianos, franceses o portugueses fuesen un oasis de gestión modélica y balance sólido. Como si tuvieran amnesia los inversores que se han negado a comprar la salida a bolsa de una subsidiaria de una empresa que ha hundido a los que participaron en sus anteriores subsidiarias cotizadas.



Echar la culpa a los bancos de nuestros problemas mientras exigimos que presten mucho más ignorando el riesgo es, como mínimo, entretenido. Merece la pena recordar que la situación de liquidez del banco alemán es de más de 223.000 millones de euros, más del triple de lo que era en 2007. El ratio de cobertura de liquidez en condiciones extremas es de 124%, casi el doble de lo exigido por la regulación. Esa misma regulación que les exige prestar más y con mayor riesgo y que incentiva prestar a gobiernos exigiendo mucho menos capital que lo que exige para prestar a empresas.



Decir que la entidad alemana no ha hecho un esfuerzo por reforzar su balance es injusto, cuando ha aumentado capital de máxima calidad a razón de casi un 1% adicional anual. Eso pone en cuestión el riesgo de un “Lehman” pero no esconde las enormes dificultades de capitalización y rentabilidad en un entorno de debilidad generalizada. Y la exageración de lo primero nos lleva a ignorar la realidad de lo segundo.



Curioso que nadie se lanzase a preocuparse de que las acciones de ciertas entidades se dispararan cuando se lanzaba el bazooka especulativo más grande de la historia de la UE, casi un billón de euros anual del BCE. Eso no eran “especuladores”. Eran astutos inversores que reconocían la buena gestión.

Sorprendente que pocos se llevaran las manos a la cabeza ante el hecho de que se bajasen los tipos de interés a casi negativo. Que se generase la mayor burbuja de la historia en deuda soberana, con estados al borde de la quiebra emitiendo a tipos casi cero. Y que se afirmase, con toda la cara del mundo, que esa política beneficia a la banca, mientras se desploman sus márgenes.

Raro que pocos se preocupasen de que, año tras año, las estimaciones de crecimiento de beneficio se revisaran a la baja en todo el Eurostoxx, hasta llevarnos a cinco años de crecimiento cero, pero las acciones subieran porque “el año que viene va a ser espectacular”.

-Malditos especuladores. Habrá que lanzar otro plan monetario. Eso no es especular, inundar de dinero para estimular una nueva burbuja de deuda. Eso es por nuestro bien.

-Malditos especuladores. La industria completa Hedge Funds gestiona en total el equivalente a menos de un año de política monetaria de los bancos centrales pero ellos, los Hedge Funds, tienen la culpa de todo. Como si fuesen todos juntos como el coro de Nabucco.

-Malditos especuladores. No compran acciones donde la generación de caja cae un 50% y los beneficios se revisan a la baja un 30% anual.

-Malditos especuladores. Nuestra acción está muy barata, a descuento sobre el valor en libros, pero no podemos vender nuestras joyas de la corona a su valor en libros. Vaya por Dios.

-Malditos especuladores. No se creen nuestro altísimo dividendo porque se les ocurre- qué cosas tienen- mirar al balance y la generación de caja y ver que no cuadra con semejante gasto.

-Malditos especuladores, que no hacen lo que ponía en la hoja Excel del que decía que creando dinero masivamente se crea riqueza.

Igual que en 2011, intentaremos cerrar en falso una crisis de problemas estructurales con más liquidez. Igual que hace casi tres décadas en Japón. Igual que se hace siempre. Y pensaremos que el resultado será distinto. Y saltará. Pero a ojos del ciudadano medio ya habremos creado los chivos expiatorios para justificar que hay que repetir y que la solución –por supuesto- es hacer muchísimos elefantes blancos donde no hacen falta… Sorpresa, como los que pueblan la cartera de proyectos financiados de difícil cobro de los bancos que criticamos.

¿Quién es más especulador que el que se gasta los ingresos fiscales de varias generaciones en perpetuar los desequilibrios de hoy? ¿Quién es más especulador que el que afirma que va a generar crecimiento espectacular dilapidando miles de millones en gasto corriente e inversiones improductivas?



No se preocupen. La culpa será de los malditos especuladores. No ellos, que sí que saben. Y repetiremos. No hemos aprendido nada. Malditos especuladores.