A los españoles nos cuesta ahorrar. Basta con fijarse en la tasa de ahorro que publica el Banco de España, que se sitúa en el 4,9% de la renta bruta disponible. Es decir, que somos el tercer país que menos ahorra de toda la Unión Europea, sólo por detrás de Portugal y Grecia.

En parte tiene su lógica, dado que el nivel de dinero que podemos guardar mensualmente suele ir relacionado con el nivel salarial que tenemos. Es decir, cuanto más se cobra, mayores son las posibilidades de obtener un ahorro a final de mes. 

Desde el Banco de España lo explicaban recientemente, y dejaban claro cómo en los países donde más han subido las remuneraciones salariales se ha incrementado la cantidad de ahorro. Ponía el caso de, por ejemplo, Alemania, Irlanda y Eslovenia. 

En cualquier caso, y más allá de los ingresos mensuales que tengamos, EL ESPAÑOL e Invertia pone a disposición de sus suscriptores y lectores un curso para aprender a gestionar tus ahorros que te permitirá definir tu perfil de inversión y adentrarte en el mundo bursátil.

 

Trucos básicos para aprender a ahorrar

Lo primero de todo es saber cuánto podemos y cuánto queremos ahorrar. A lo mejor tienes ya un pequeño colchón y quieres hacerlo más grande. O, por el contrario, no tienes nada y buscas ir haciendo una hucha en la que inyectar dinero de cara a futuro. 

Una vez que tengas claro cuál es tu objetivo de ahorro a corto y a largo plazo, lo que tienes que hacer es conseguir establecer un presupuesto mensual. Es decir, saber cuánto ingresas y cuánto gastas. A partir de ahí se pueden buscar las fórmulas para intentar reducir el dinero que pagamos en facturas mensuales. ¿Por ejemplo? Cambiando el operador del teléfono o buscando un nuevo proveedor de Internet. 

Ojo, no vale hacerse trampas en el solitario. Lo suyo es que en ese presupuesto personal incluyas una partida de ‘gasto’ que sea la de ahorro. De este modo podrás asumir la cifra que quieres guardar mensualmente. 

También es importante ser conscientes de todos los gastos que tenemos. En muchas ocasiones pensamos que sólo asumimos las ‘grandes partidas’. Es decir, la casa, la luz, el teléfono, etc. Pero en realidad durante el día pagas mucho más: el café, la comida, la botella de agua que te compras o un bollo. Apuntarlos en una hoja puede dar una idea del dinero que se gasta. 

Evita también las compras a crédito, que suelen ‘romper’ los presupuestos mensuales. Y aplica siempre el principio de ‘págate a ti primero’. 

Una vez que vayas elaborando un pequeño colchoncito de dinero será el momento de tomar tus decisiones y optar por invertir. Será entonces cuando tengas que plantearte si hacerlo a largo o a corto plazo y en qué tipo de productos, pero eso es harina de otro costal.