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En poco más de dos semanas, BBVA participará como banco global de la próxima Cumbre del Clima (COP31), que se celebrará del 9 al 20 de noviembre en Antalya (Turquía).

Para Javier Rodríguez Soler, responsable global de Sostenibilidad y Banca Corporativa y de Inversión (C&IB) de BBVA, “la financiación climática estará en el centro del debate de la COP31”.

En esta entrevista explica, entre otras cosas, qué papel puede desempeñar el sector financiero en una nueva fase de implementación de los compromisos climáticos alcanzados, qué propuesta desplegará BBVA en la cita o por qué la sostenibilidad sigue representando una enorme oportunidad de negocio en el actual contexto internacional.

1. La COP31 se presenta como la cumbre de la implementación. ¿Qué debería significar realmente pasar de la ambición a la acción?

Significa que el foco tiene que estar cada vez más en la ejecución. Durante los últimos años se han establecido objetivos climáticos. Ahora necesitamos avanzar en cómo convertirlos en realidad a través de inversiones y proyectos concretos, viables y escalables. La COP31 debe impulsar una financiación que haga realidad esa ambición. La financiación no es un elemento añadido a la política climática sino que tiene capacidad para implementarla de forma efectiva.

Colaboraremos con la presidencia de la COP31 y Naciones Unidas para impulsar la financiación de la transición energética y soluciones para avanzar hacia una economía baja en carbono. Es importante aclarar también que BBVA no participa en las negociaciones políticas oficiales de la COP.

Además, vamos a copresidir el grupo de trabajo de Finanzas e Inversiones Climáticas del foro empresarial de la cumbre. Este grupo tiene como objetivo abordar las barreras que dificultan la movilización de financiación climática y elaborar recomendaciones a la presidencia de la COP31.

2. ¿Por qué ha decidido BBVA dar este paso y convertirse en el banco global de la COP31?

La sostenibilidad es una prioridad estratégica y una palanca de crecimiento para el banco. Queremos acompañar a la economía y a las empresas en su transición y contribuir a convertir planes e inversiones en proyectos reales.

La Cumbre del Clima es el mejor escenario posible para avanzar en este sentido. Es un punto de encuentro entre gobiernos, empresas, instituciones financieras, expertos y sociedad civil. Para nosotros supone una oportunidad para escuchar y acompañar a nuestros clientes y también a quienes no lo son, compartir conocimiento y experiencias de proyectos que ya están en marcha y explorar vías de colaboración.

Además, esta COP se celebra en Turquía, uno de nuestros principales mercados, donde tenemos una presencia muy relevante a través de Garanti BBVA. La cita puede contribuir a impulsar la colaboración entre los sectores público y privado y atraer inversiones para avanzar hacia una economía baja en carbono.

También una dimensión interna importante. Esta participación nos permite mostrar cómo la sostenibilidad forma parte de la actividad diaria de los equipos de BBVA. Detrás de las operaciones y los proyectos hay profesionales que desde distintas áreas y países acompañan a nuestros clientes a afrontar sus retos de transformación.

4. ¿Por qué consideras que los bancos son relevantes en esta fase de implementación?

Porque llevar a cabo esta transición energética, esta transformación de la economía, requiere inversión. El sector financiero puede contribuir a conectar proyectos con capital, estructurar financiación, compartir riesgos y acompañar a las empresas en sus planes de transición.

Esto resulta especialmente importante cuando hablamos de tecnologías o proyectos que todavía necesitan ganar escala. Los bancos podemos ayudar a cerrar la brecha entre innovación e inversión, conectar a los clientes con capital público y privado y apoyar proyectos de tecnologías limpias que se implementan por primera vez en condiciones reales y a escala comercial.

La financiación ya no se encuentra en la periferia. La financiación climática es el puente entre la ambición y la implementación, y estará en el centro del debate climático en esta COP.

5. ¿Qué tiene previsto llevar BBVA a la COP31?

BBVA ha hecho una apuesta ambiciosa por su participación en la COP31, acorde con la relevancia que tiene la sostenibilidad dentro de nuestra estrategia. Queremos tener una presencia activa durante las dos semanas de la cumbre.

Contaremos con un pabellón en la Zona Verde, en el que está previsto celebrar entre seis y siete sesiones agrupadas por temáticas cada día. Habrá diferentes paneles, conversaciones, mesas redondas, presentaciones de proyectos. Además, la mayor parte de estas sesiones se podrá seguir por ‘streaming’ desde un microsite que hemos creado en bbva.com, lo que nos permitirá llevar los contenidos y debates de Antalya más allá de la propia cumbre.

El pabellón será también un espacio de trabajo. Contará con zonas dedicadas especialmente a clientes y reuniones bilaterales, con el objetivo de mantener conversaciones sobre proyectos concretos, identificar oportunidades y explorar nuevas vías de colaboración.

Esta apuesta tendrá también un marcado carácter global. Está prevista la presencia de una nutrida delegación de BBVA, procedente de los distintos países donde estamos presentes, además de nuestros propios compañeros de Garanti BBVA, que de alguna manera, serán nuestros anfitriones de esta cumbre.

6. BBVA ha resumido su visión ante la COP31 en seis grandes desafíos. ¿Cuáles son y qué está haciendo ya el banco en cada uno de ellos?

Hemos identificado seis ámbitos en los que creemos que hay que avanzar para acelerar la transición: financiar la electrificación y la infraestructura sostenible a escala; hacer que las tecnologías limpias, o ‘cleantech’, sean financiables; apoyar la sostenibilidad a lo largo de las cadenas de valor; promover la resiliencia y la preservación y regeneración del capital natural; impulsar una sostenibilidad más accesible; y contribuir a un sistema financiero sostenible.

7. Hablas de la electrificación. ¿Por qué ocupa un lugar tan importante?

Porque afecta a una parte muy amplia de esta transición energética. Hablamos de generación eléctrica, pero también de construcción y desarrollo de redes, almacenamiento, así como de electrificación de la demanda en los sectores clave de transporte, industria y construcción. La presidencia de la COP31 ha situado la electrificación en el centro de su agenda, con el objetivo de que la electricidad cubra el 35% de la demanda final de energía en 2035, frente al 23% actual.

Llegar hasta ahí requerirá una enorme inversión particularmente en los mercados emergentes. Es necesario escalar la financiación climática internacional para las economías en desarrollo y mercados emergentes, apoyando la hoja de ruta para alcanzar al menos 1,3 billones de dólares anuales para 2035.

9. Otro de los ejes es el capital natural. ¿Estamos ampliando el debate climático más allá de las emisiones?

Sí. El clima, el agua, la biodiversidad, el suelo y la actividad económica están relacionados. Además de reducir emisiones, tenemos que hablar de adaptación y resiliencia frente a los efectos físicos del cambio climático.

El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) estima que los países en desarrollo necesitarán entre 310.000 y 365.000 millones de dólares anuales hasta 2035 para la adaptación al cambio climático y sus efectos, frente a los 26.000 millones movilizados en 2023. Esa diferencia muestra la magnitud del desafío.

Desde la banca podemos financiar inversiones e incorporar a nuestra gestión cuestiones como los riesgos físicos, el agua o la biodiversidad. BBVA ya ha integrado la gestión del agua en su marco de riesgos climáticos y ambientales y está impulsando y participando en operaciones concretas en varios países. Entre ellas, un préstamo para refinanciar una infraestructura de tratamiento de agua potable en Australia o la financiación en Brasil de un proyecto para ampliar los servicios de agua potable y saneamiento en 155 municipios.

10. ¿Y cómo se consigue que esta transformación llegue también a pymes, hogares y economías emergentes?

La transición tiene que considerar las distintas realidades económicas y sociales. No todos los sectores, empresas, hogares o países parten del mismo punto ni tienen la misma capacidad para afrontar las inversiones.

Por eso uno de nuestros seis desafíos es impulsar una sostenibilidad más accesible. Esto supone facilitar el acceso a soluciones financieras y no financieras para pymes, mujeres emprendedoras, comunidades rurales y otros colectivos, y prestar especial atención a los mercados emergentes.

También aquí podemos hablar de actuaciones concretas en diferentes países. Garanti BBVA acumula 20 años de experiencia en programas dirigidos a mujeres emprendedoras. BBVA Perú emitió en 2025 su primer bono social de género y BBVA México ha destinado más de 300 millones de euros a financiar la digitalización de pymes y micropymes en zonas remotas.

11. Tenemos claro el mensaje de BBVA de “pasar de la ambición a la acción”. ¿Qué cifras permiten medir esa ejecución dentro del banco?

Medimos esta estrategia a través de la actividad que desarrollamos con nuestros clientes. BBVA se ha fijado como objetivo canalizar 700.000 millones de euros en negocio sostenible entre 2025 y 2029, después de alcanzar en diciembre de 2024, un año antes de lo previsto, el objetivo anterior de 300.000 millones para el periodo 2018-2025.

En 2025 canalizamos 134.000 millones de euros, un 44% más que el año anterior. En el primer trimestre de 2026 han sido otros 36.000 millones, con lo que alcanzamos 170.000 millones desde el inicio del nuevo objetivo.

Pero la ejecución no es únicamente una cifra agregada. Lo importante es que detrás haya operaciones e inversiones concretas en electrificación, infraestructuras, tecnologías limpias, capital natural, cadenas de valor o el ámbito social.

12. ¿Qué tendría que ocurrir en Antalya para que BBVA considerase que la COP31 ha sido un éxito o al menos que haya supuesto un avance?

Una COP no puede medirse únicamente por las declaraciones finales. Si hablamos de una cumbre de implementación, necesitamos avanzar en mecanismos que permitan transformar los compromisos en proyectos.

Para ello, necesitamos objetivos cuantificables, plazos definidos, medidas concretas para alcanzarlos, responsables de su ejecución y mecanismos públicos para comprobar los avances. Y, sobre todo, necesitamos identificar cómo se van a financiar los proyectos, cómo podemos superar las barreras que hoy dificultan la viabilidad de muchas inversiones.

En definitiva, Antalya habrá supuesto un avance si salimos de la cumbre sabiendo no solo qué queremos conseguir, sino cómo se va a hacer, quién va a hacerlo, cómo se va a financiar y cómo vamos a medir los resultados.