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España se enfrenta a una oportunidad estratégica en plena transición energética europea: mantener (incluso aumentar) su capacidad de refino mientras otros países de la Unión Europea pierden instalaciones.

La industria considera que conservar estas infraestructuras es fundamental para garantizar el suministro de diésel, queroseno de aviación y otras materias primas esenciales para la economía, al tiempo que se transforman para producir combustibles renovables y de bajas emisiones.

Un manifiesto de FuelsEurope, la asociación que representa a 40 compañías europeas de fabricación y distribución de combustibles, advierte de que Europa ha perdido una parte sustancial de su capacidad industrial.

Desde 2009 han cerrado definitivamente 35 refinerías, alrededor del 30% de las instalaciones existentes, lo que representa aproximadamente el 20% de la capacidad de refino del continente.

Francia es uno de los países con mayor número de cierres y reestructuraciones, muchas plantas hacia biocombustibles; en Alemania, Países Bajos o Italia varias instalaciones petroleras tradicionales se convirtieron en biorrefinerías.

También en Bélgica, Irlanda, Dinamarca, Noruega, Suiza y Portugal (con el cierre definitivo de la refinería de Matosinhos en 2021).

Cierra la lista Rumanía, y si se incluye a Reino Unido, también ha sufrido cierres recientes de gran impacto como la planta escocesa de Grangemouth.

Nuevos cierres de refinerías

El documento de FuelsEurope, titulado A Strategic Industrial Asset Europe Cannot Afford to Lose, alerta de que una combinación de factores amenaza con acelerar nuevos cierres.

Entre ellos están los elevados costes energéticos, el precio del CO2, la fragmentación regulatoria, el alto coste de la mano de obra (especialmente en los países del Norte de Europa) y la incertidumbre sobre las inversiones.

Capacidad de refinado de la UE por país, 2013 y 2025.jpg GTPO, centro de estudios paneuropeo.

Y dice que la pérdida de capacidad industrial europea incrementa la dependencia exterior y debilita la seguridad de suministro.

La advertencia cobra importancia en un momento en el que Europa continúa necesitando combustibles líquidos para actividades difíciles de electrificar, como la aviación, el transporte marítimo, determinados usos industriales y la defensa.

España, posición única

En este contexto, España conserva una posición relevante dentro del mapa europeo del refino.

El principal problema de las refinerías europeas es económico. Según FuelsEurope, las instalaciones afrontan unos costes energéticos superiores y más volátiles que los de sus competidores de otras regiones del mundo.

Posición neta (exportaciones menos importaciones) de productos refinados de la UE. GTPO, centro de estudios paneuropeo.

La organización sostiene que estas cargas y la mano de obra reducen los márgenes operativos y dificultan la financiación de proyectos de transformación industrial.

A ello se añade la complejidad normativa. Las empresas deben adaptarse a distintos marcos legislativos relacionados con los combustibles renovables, las emisiones de los vehículos, la descarbonización de la aviación y el transporte marítimo, las emisiones de metano y la regulación química.

La organización recuerda que una refinería clausurada representa una pérdida industrial difícil de revertir. Construir desde cero nuevas instalaciones para fabricar combustibles renovables requeriría más capital y tiempo que adaptar buena parte de las infraestructuras existentes.

De hecho, el manifiesto estima que reconvertir una refinería puede reducir entre un 30% y un 50% la inversión necesaria frente a un proyecto nuevo, además de evitar duplicidades de infraestructuras.

Importar diésel y queroseno

La reducción de la capacidad de refino tiene consecuencias directas sobre la seguridad energética.

El informe señala que la UE mantiene una dependencia estructural de las importaciones de determinados productos petrolíferos, especialmente el queroseno de aviación y el diésel.

En el caso del combustible para aviones, la dependencia neta de las importaciones representa alrededor del 34% de la demanda europea, según los datos citados por FuelsEurope a partir de Eurostat.

En el diésel, el continente también presenta desequilibrios estructurales entre la producción y el consumo.

Esta situación expone a la industria y al transporte a las interrupciones de las rutas marítimas, las tensiones geopolíticas y las oscilaciones de los precios internacionales.

La importancia del refino va más allá de los carburantes. FuelsEurope calcula que aproximadamente la mitad de las materias primas utilizadas por la industria química europea procede de productos obtenidos en las refinerías.

Estas instalaciones suministran también materiales esenciales para la construcción, la agricultura y otras actividades manufactureras.

La descarbonización industrial

Estas cuestiones también estuvieron presentes en el encuentro Retos de la Descarbonización: Industria y Transporte, organizado por la Embajada británica en Madrid y bp en la residencia del embajador británico en España, Alex Ellis.

El diplomático defendió la necesidad de impulsar las energías limpias y la descarbonización industrial para reforzar la soberanía energética europea, estimular el crecimiento económico y crear empleo.

Por su parte, Olvido Moraleda, presidenta de bp España, subrayó que el actual contexto geopolítico obliga a mantener la seguridad de suministro como un elemento central de cualquier política energética.

También destacó la apertura de un diálogo estratégico de la Comisión Europea con el sector del refino como reconocimiento de su papel en la competitividad industrial y la resiliencia económica.

Alberto Ruiz, director general de Programas Industriales del Ministerio de Industria, señaló que la descarbonización ofrece una oportunidad para modernizar las fábricas, desarrollar nuevas tecnologías y atraer inversiones.

También apuntó a las posibilidades de cooperación entre España y Reino Unido en energías limpias, hidrógeno renovable, innovación y movilidad.

Durante el encuentro, Fernando Silva, director ejecutivo de Siemens España, defendió la combinación de datos, inteligencia artificial y electrificación para optimizar el consumo energético industrial.

Y Luis Buil, responsable de Smart Mobility de Iberdrola, destacó la necesidad de anticipar las inversiones en redes eléctricas para facilitar la electrificación del transporte pesado.