El Gobierno ha optado por contener el impacto de la subida del gas en los hogares este invierno, pero la factura no desaparece: se aplaza.
La fórmula elegida para evitar que la Tarifa de Último Recurso (TUR) se dispare consiste en limitar la repercusión de las materias primas sobre el precio regulado y trasladar la diferencia a un mecanismo de recuperación posterior, y eso sí, con un interés del 3,2%.
La medida busca evitar que los consumidores tengan que asumir de golpe un encarecimiento que, sin intervención, podría haber elevado hasta un 51% sus recibos.
"El precio de la materia prima se ha encarecido más de un 230% respecto a hace un año, así que el golpe es enorme", señalan a EL ESPAÑOL-Invertia fuentes del sector gasista.
Pero nadie sabe a ciencia cierta qué es lo que va a ocurrir una vez que finalice el periodo de contención del precio de la TUR. "Es cierto que en primavera el precio del gas suele bajar porque hay menos demanda, pero hay que recordar que en enero de 2027 se cierra el grifo a todo el gas ruso".
Las comercializadoras lo 'pagan'
Pero si se 'topa' el precio del gas, y los mercados internacionales siguen tensionados, ¿quién paga la diferencia?
"Las comercializadoras son las encargadas de 'adelantar' y asumir ese coste para luego recuperarlo los meses siguientes", añaden.
Sin embargo advierten de que el sistema puede generar un efecto acumulativo: cuanto más tiempo permanezcan elevados los precios internacionales, mayor será la cantidad pendiente de recuperar.
El principal interrogante está en abril. Si las cotizaciones siguen altas, los consumidores podrían encontrarse con una factura adicional precisamente cuando se revise el coste de la energía para el siguiente periodo.
La preocupación del sector es que la medida termine convirtiendo una subida inmediata en una deuda diferida, a la que además se suma el coste financiero.
Las cuatro comercializadoras de referencia -Energía XXI (Endesa), Curenergía (Iberdrola), Comercializadora Regulada Gas & Power (Naturgy) y Baser Comercializadora de Referencia (TotalEnergies)-, tendrán que anticipar un extra de unos 100 millones de euros, según las estimaciones trasladadas por el sector.
Cálculo de la TUR
La fórmula resulta especialmente delicada por la referencia utilizada para calcular el coste de aprovisionamiento.
"Está ya muy trasnochada, lleva demasiadas décadas sin ponerse en cuestión si tiene sentido utilizarla", señalan las mismas fuentes.
Se utiliza tomando como referencia la evolución del crudo Brent y la cotización del mercado británico de gas NBP, que "ya no forman parte del escenario que condiciona el precio del gas que llega a los consumidores españoles", advierten.
En este contexto, el problema no es únicamente cuánto sube el gas en el mercado, sino si realmente queda reflejado en la factura de los hogares.
El 'tope' al gas de 2021
La comparación con 2021 resulta inevitable, cuando la guerra rusa en Ucrania encareció el gas en tan solo unas semanas, y el Gobierno tuvo que aprobar rápidamente el escudo anticrisis.
Sin embargo, el mecanismo actual tiene diferencias. Entonces, "el Gobierno estableció un precio artificial para contener el impacto de la crisis energética y la diferencia se compensó a través de los pagos asociados al sistema gasista".
Ahora, el esquema pasa por 'topar' la repercusión del coste de la materia prima en la TUR y recuperar posteriormente la cantidad que queda pendiente en la factura de los mismos consumidores.
Las cifras que maneja el sector reflejan la magnitud del desfase.
En el tercer trimestre, el coste de la energía considerado para la tarifa se situaba en torno a los 2,5 euros por megavatio hora, según los datos facilitados. Pero para el cuarto trimestre, el precio debería elevarse hasta aproximadamente 5,5 euros.
Sin embargo, el encarecimiento de la energía no se traslada de forma proporcional al conjunto de la factura. El coste de la materia prima representa solo una parte del recibo, de modo que un incremento del 35% en ese componente puede traducirse en una subida aproximada del 15% en el total.
El límite aplicado por el Gobierno busca precisamente contener esa repercusión inmediata.
En definitiva, la apuesta del Gobierno depende de que el mercado haga su parte. Una caída de los precios en primavera permitiría moderar el coste de la energía y facilitar la recuperación de las cantidades aplazadas.
Pero si el invierno europeo prolonga la tensión sobre el gas, el mecanismo podría dejar a los hogares ante una factura acumulada, con intereses, justo cuando esperaban que llegara el alivio.
