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Las claves

Arabia Saudí ha descubierto que ni siquiera el desierto es suficiente para poner a salvo su petróleo.

El ataque contra el oleoducto que atraviesa el reino de este a oeste para llevar el crudo hasta el mar Rojo ha puesto de manifiesto una de las grandes vulnerabilidades de las monarquías del Golfo: pueden invertir miles de millones en infraestructuras para esquivar el estrecho de Ormuz, pero no pueden alejarse de la amenaza militar iraní.

"Arabia lo está pasando fatal", señala a EL ESPAÑOL-Invertia fuentes próximas al Gobierno de Emiratos Árabes.

La infraestructura saudí atacada es precisamente la que debía permitir al país reducir su dependencia de Ormuz.

El East-West Pipeline conecta los campos petrolíferos del este con Yanbu, en el mar Rojo, y permite transportar crudo sin tener que atravesar el estrecho por el que circula una parte esencial del petróleo mundial.

El problema es que Irán ha demostrado que también puede golpear esa alternativa. "La tubería fue bombardeada hace unos días, y aunque dicen que ya vuelve a funcionar, demuestra que Irán puede volver a hacerlo nuevamente", explican las mismas fuentes.

Y ahí está el problema para Riad. No se trata únicamente de cuánto petróleo puede producir Arabia Saudí, sino de cuánto puede sacar al mercado cuando sus rutas de evacuación están bajo amenaza.

Emiratos busca una salida propia

Emiratos Árabes Unidos (EUA) lleva años preparándose para este escenario. Abu Dabi dispone ya de una infraestructura que permite transportar crudo hasta Fujairah, en el golfo de Omán, evitando Ormuz.

Pero la guerra ha convertido esa estrategia de diversificación logística en una cuestión de supervivencia energética.

Por eso está acelerando la construcción de un nuevo oleoducto.

"Emiratos Árabes está construyendo un oleoducto para que desemboque a 60 kilómetros al sur del Estrecho de Ormuz, mientras mantiene las caravanas de convoyes con diésel y queroseno para exportar", señalan las mismas fuentes.

La lógica es sencilla: si Ormuz deja de ser seguro, hay que conseguir que el petróleo llegue al mercado por cualquier otra vía posible.

Pero la nueva infraestructura no elimina el riesgo. Lo desplaza.

"Los misiles son capaces de alcanzar objetivos en Jordania e incluso en Chipre, así que cualquier oleoducto en el Golfo Pérsico es aún más fácil de atacar, están más cerca", advierten.

La vulnerabilidad de las infraestructuras críticas de ha quedado patente también con los ataques sufridos por instalaciones relacionadas con la central nuclear de Barakah. Las autoridades del país han asegurado que la seguridad nuclear no se vio comprometida, pero el episodio ha añadido otra preocupación.

90 dólares, la frontera saudí

Y aquí aparece la gran diferencia entre Arabia Saudí y Emiratos.

"Hay un divorcio brutal entre Arabia Saudí y EUA porque tienen diferentes necesidades", explican las fuentes próximas al Gobierno emiratí.

Riad necesita precios elevados del petróleo para sostener sus enormes necesidades presupuestarias y financiar su transformación económica.

"Mientras el primero basa toda su economía en el petróleo y necesita que al menos se mantenga por encima de los 90 dólares el barril para evitar la quiebra fiscal del país, EUA quiere vender cuanto antes su producto porque está diversificando su economía".

La frase es especialmente relevante porque pone sobre la mesa una paradoja: un petróleo caro ayuda a Arabia Saudí a cuadrar sus cuentas, pero también amenaza con destruir demanda y acelerar la transición energética; un petróleo barato, en cambio, puede perjudicar gravemente las cuentas del reino.

Y las mismas fuentes consultadas creen que el mercado puede estar acumulando precisamente las condiciones para una fuerte caída cuando desaparezca la prima geopolítica.

"El precio del petróleo está tan elevado por la incertidumbre geopolítica de Ormuz. La realidad es que hay una sobreoferta en el mercado internacional y, en el momento en que esta situación se normalice, el precio del barril caerá en picado más de un 30%", aseguran.

Incluso ponen una cifra encima de la mesa: 60 dólares por barril. "No es descabellado que baje a unos 60 dólares rápidamente. Hay mucha oferta retenida y la demanda no crece".

Trump, Irán y las 'midterm'

Por eso todas las miradas vuelven a Washington.

"Todo dependerá de lo que ocurra en las 'midterm elections' en Estados Unidos con Trump", señalan las fuentes. "Y, en cualquier caso, el Ejército no puede aguantar financieramente desplegado en Oriente Próximo indefinidamente. Es una realidad que no ha destruido el Gobierno iraní de los ayatolás, después de todo".

La ecuación es complicada. Estados Unidos necesita contener a Irán, garantizar la seguridad de las rutas energéticas y, al mismo tiempo, evitar quedar atrapado en un conflicto prolongado y extraordinariamente caro.

Mientras tanto, Arabia Saudí y Emiratos están haciendo lo mismo que hacen siempre los grandes productores cuando perciben que una ruta estratégica deja de ser fiable: construir otra.

La diferencia esta vez es que no están construyendo únicamente para ganar eficiencia. Están construyendo para sobrevivir a un escenario en el que el estrecho de Ormuz puede dejar de ser una garantía.