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Las claves

La industria del hidrógeno verde en España está entrando en una fase decisiva. Ya ha saltado del pelotón de los proyectos europeos y entre ellos, lidera la carrera H2Med, el primer corredor europeo de hidrógeno verde para llevarlo a los principales centros de consumo del norte de Europa.

"El 65% de los que ya tienen FID (Decisión Final de Inversión) están en España", señala a EL ESPAÑOL-Invertia Amir Sharifi, responsable de estrategia Hy24, la mayor gestora de inversiones del mundo dedicada a invertir en toda la cadena de valor del hidrógeno verde.

Hy24, a través de su fondo Clean Hydrogen Infrastructure Fund, anunció hace unos días que aumentaba su participación en Enagás Renovable del 30% al 80%, responsable del desarrollo de hidrogenoducto.

"Si observamos la cartera de proyectos de Hy24 a nivel mundial, contamos con 6 GW (gigavatios) en Europa, Norteamérica, Oriente Medio y Australia, pero no todos están en la fase final de inversión". En nuestra cartera, hay 2 GW de proyectos que podrían entrar en funcionamiento en 2030.

"El avance de proyectos de gran escala, el endurecimiento regulatorio europeo y el creciente interés de actores industriales están configurando un nuevo mapa energético en el que España aspira a posicionarse como uno de los líderes del continente", puntualiza Sharifi.

Una de las señales más claras de este cambio es el refuerzo de inversiones y movimientos corporativos en el sector. Desde 2022, algunas compañías han ido incrementando su participación en proyectos inicialmente compartidos con operadores como Enagás, en parte debido a las limitaciones regulatorias de separación de actividades.

Este proceso, ahora materializado, refleja un cambio estructural: el mercado español ya no se encuentra en fase experimental, sino en pleno despliegue industrial.

“El hecho de aumentar la participación de Hy24 en Enagás Renovable es la traducción real de que la industria española está avanzando hacia proyectos de gran envergadura”, explica.

La implicación es clara: la producción y el transporte de hidrógeno empiezan a consolidarse como actividades diferenciadas, en línea con el modelo energético europeo.

Coste 'competitivo'

El coste del hidrógeno verde sigue siendo uno de los principales debates, pero la ecuación está cambiando rápidamente. Más allá de su precio intrínseco, para el fondo francés Hy24 el factor determinante es la regulación.

La normativa europea —especialmente la vinculada a objetivos de descarbonización— introduce penalizaciones por el uso de hidrógeno gris (producido con combustibles fósiles).

En este contexto, muchas empresas consideran ya competitivo el hidrógeno verde. “La penalización por no cumplir es mayor que el coste de cambiar”, asegura Sharifi.

Este cambio de incentivos está impulsando decisiones de inversión. Grandes compañías como Repsol han optado por desarrollar producción propia, apoyándose en socios que aportan financiación y experiencia técnica.

Incluso en nuestro país, "este impulso podría intensificarse en los próximos meses con la transposición de la normativa europea RED III".

Una transposición que sigue en anteproyecto de ley desde hace meses, y cuando se apruebe, "se espera que la legislación nacional haga obligatorio un porcentaje de uso de hidrógeno renovable en determinados sectores, lo que consolidaría la demanda y aceleraría nuevas inversiones".

España, en ventaja… si actúa rápido

Aunque la mayoría de países europeos acumulan retrasos en la transposición regulatoria, España parte con cierta ventaja. Su abundante recurso renovable, especialmente solar y eólico, y su apuesta política por el hidrógeno la sitúan en una posición favorable.

“Si España se mueve rápido, puede asegurar una posición logística clave en Europa”, apunta Amir Sharifi. La rapidez en el despliegue será determinante en un contexto donde, a medio plazo, podría surgir competencia por el suministro de hidrógeno entre industrias.

Sin embargo, este liderazgo potencial convive con riesgos. Informes recientes, como los de Enrico Letta o Mario Draghi, advierten de la pérdida de competitividad industrial europea debido a los altos costes energéticos.

El hidrógeno verde forma parte de esa tensión: implica mayores costes en el corto plazo, pero se plantea como una apuesta estratégica a largo plazo.

La transición: coste hoy, ventaja mañana

El paralelismo con las energías renovables es recurrente. Hace dos décadas, tecnologías como la solar o la eólica eran significativamente más caras que las convencionales. Hoy son, en muchos casos, la opción más competitiva.

Con el hidrógeno, la diferencia de costes es menor: actualmente puede situarse entre dos y tres veces el precio del hidrógeno gris, frente a ratios de hasta 20 veces en los inicios de las renovables. Además, esta brecha ya se está reduciendo gracias a economías de escala y mejoras tecnológicas.

Ejemplos como el acero verde ilustran el potencial. Si se incorpora el precio del CO2, la producción con hidrógeno renovable puede ser ya competitiva, al tiempo que reduce hasta un 80% de las emisiones.

Esto explica el interés de sectores como la automoción, que buscan descarbonizar sus cadenas de suministro, pero sobre todo, a las refinerías ya les salen los números.

Europa frente a China

En el tablero global, Europa no avanza sola. China ha integrado el hidrógeno en su planificación estratégica y está desplegando gigafactorías y proyectos a gran velocidad.

“China se mueve más rápido”, reconoce el responsable del fondo con sede en París. Mientras tanto, Europa enfrenta procesos regulatorios más lentos y debates políticos internos que ralentizan el despliegue.

Aun así, el continente cuenta con ventajas estructurales: acceso a energías renovables competitivas en distintas regiones —hidroeléctrica en el norte, solar y eólica en el sur— y un marco regulatorio que internaliza el coste del carbono.

En cualquier caso no descarta que "deberíamos aceptar cierta dependencia con un suministro diversificado", sin olvidarse de "tener nuestra propia base de suministro de energía".

Un desarrollo en tres fases

El despliegue del hidrógeno seguirá una evolución progresiva. Primero, proyectos de producción vinculados directamente a centros de consumo (refinerías, industria química). Después, el desarrollo de infraestructuras como gasoductos permitirá conectar regiones con distintos costes energéticos.

En una tercera fase, a partir de 2035, se espera un mercado global más maduro, con comercio internacional de derivados del hidrógeno, como amoníaco o metanol, transportados por vía marítima desde regiones altamente competitivas como Australia, Chile o el norte de África.

Más allá del clima, el argumento central del hidrógeno es geopolítico. Las crisis recientes, desde Ucrania hasta Oriente Medio, han reforzado la idea de que la seguridad de suministro es crítica.

“Si dependes solo de combustibles fósiles, vas a perder”, resume Sharifi. La volatilidad de precios, la exposición a conflictos y la concentración de recursos en pocos países obligan a replantear el modelo energético.

En este contexto, el hidrógeno se presenta como una herramienta de soberanía. “Es energía para la libertad”, afirma. Un concepto que resume la lógica de fondo: asumir costes hoy para reducir dependencias mañana.

España, con recursos, industria y posición geográfica, tiene la oportunidad de jugar un papel central en esta transformación. Pero el tiempo, y la ejecución, serán decisivos, concluye.