Bruselas

Los ministros de Energía de los Veintisiete celebran este martes una nueva reunión de emergencia en Bruselas (la quinta desde el verano) con el objetivo de lograr la "cuadratura del círculo". Un acuerdo de mínimos sobre el tope al precio del gas importado que satisfaga al mismo tiempo a los países que como España, Italia y Francia lo consideran una medida imprescindible para rebajar la factura de la luz; y a aquellos como Alemania y Holanda que creen que cualquier intervención pondrá en riesgo el suministro.

Los dos bandos proceden de "mundos diferentes", según ironiza un alto funcionario europeo. Mientras que para Alemania y Holanda el tope de precio que propuso originalmente Bruselas (275 euros por megavatio hora) supone un "máximo", España y sus socios denunciaron que este límite "ni siquiera puede considerarse un punto de partida" por ser excesivamente alto y por ello "inaplicable".

Pese a estas enormes diferencias, las negociaciones a nivel técnico se han intensificado en los últimos días y el acuerdo parece al alcance de la mano, aunque nadie lo da por seguro. "Hay mucho movimiento, pero no está claro si eso conducirá a un compromiso global aceptable para todos", explica un diplomático de un país que se opone al tope del gas. Si los ministros de Energía no logran una solución, la discusión subirá de nivel a la cumbre de líderes europeos que se celebra este jueves.

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Una de las últimas propuestas de compromiso presentadas por la presidencia checa de la UE plantea situar el precio límite del gas en 220 euros/MWh. Es decir, prácticamente a medio camino entre la cifra de 275 euros que sugirió inicialmente Bruselas y gustaba a Alemania; y los 160 euros que reclaman Italia, Polonia, Bélgica y Grecia, los "talibanes" del tope al gas.

Para activarse, el precio debe superar el umbral de 220 euros/MWh durante cinco días seguidos (en lugar de dos semanas como pedía inicialmente Bruselas). Pero, además, debe marcar un diferencial medio de 35 euros respecto al mercado internacional del gas natural licuado (en lugar de 58 euros en el plan original). Se trata así de evitar que los buques metaneros se desvíen de la UE hacia Asia.

Con las cifras que propone la presidencia checa, el tope sí que se habría activado durante la crisis de precios que sufrió la UE a finales de agosto, cuando el gas marcó un máximo histórico de casi 320 euros/MWh. Al mismo tiempo, queda claro que se trata de un mecanismo para combatir picos de precios y no para rebajar la factura de forma estructural. De hecho, el gas se ha situado en los últimos días en alrededor de 130 euros de media.

Este denominado 'mecanismo de corrección del mercado' se aplicará en el mercado TTF holandés, al que están indexados la mayoría de contratos en la UE. Las transacciones a un precio más elevado no podrán ejecutarse. Pero queda excluido el comercio al contado (OTC), en el que se negocian y firman contratos bilaterales individuales al margen de cualquier mercado, que suponen una gran parte de las transacciones.

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Y esta es una de las cuestiones que llegan más abiertas al debate de los ministros. España pide ampliar al máximo el ámbito de las operaciones cubiertas por el tope del gas e incluir también el comercio al contado, algo a lo que se niegan Alemania y Holanda.

"Es uno de los expedientes más complejos porque los diferentes bandos tienen expectativas incompatibles entre sí sobre lo que puede lograr este instrumento. Mi impresión es que nadie está realmente satisfecho con el compromiso que hay sobre la mesa", explica otro diplomático europeo.

En todo caso, España y sus aliados se guardan un as en la manga. Si no se aprueba el tope al precio del gas, bloquearán también otros dos reglamentos paralelos que Alemania y Holanda consideran vitales: la norma que impulsa las compras conjuntas de gas y la que tiene como objetivo facilitar la concesión de permisos para la construcción de parques de renovables. O todo o nada.