Las dudas sobre su futuro han provocado un día más, y ya van seis consecutivos, que los inversores huyen en masa del Banco Popular, que solo esta semana se ha hundido un 38,17 %, lo que se traduce en la pérdida de más de mil millones en bolsa.

Desde que comenzó el año, la entidad, cuyos niveles de solvencia y liquidez siguen estando por encima de los mínimos regulatorios, ha perdido el 55 % de su valor después de que sus acciones hayan cerrado esta última sesión en 0,413 euros.

Los inversores han negociado hoy más de 100 millones de euros sólo en acciones del Banco Popular, con los que han movido casi 229 millones de títulos de la entidad, un volumen especialmente significativo para el tamaño del banco.

El batacazo de hoy se suma al de ayer, de casi el 18 %, y se convierte en el tercero más grave de la historia de la entidad ante la ausencia de noticias que hagan pensar en un desenlace positivo de la crisis de la entidad.

Los rumores desde el miércoles sobre una posible intervención europea han dado la puntilla a un valor muy volátil, sin que la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) haya decidido actuar, pues el argumento de su presidente, Sebastián Albella, es que hay que dejar trabajar al mercado.

De nada ha servido tampoco el mensaje de "tranquilidad absoluta" sobre la situación del Banco Popular lanzado por el ministro portavoz, Íñigo Méndez de Vigo, a pocos días de que la cúpula de la entidad se reúna con el BCE para hablar de su situación.

La entidad sigue barajando tres escenarios encima de la mesa para resolver su crisis: la fusión, una ampliación de capital que cada vez parece más difícil o la venta de ciertos negocios, con el objetivo de elegir la mejor salida antes de finales de junio.

En un primer momento se planteó el 10 de junio como la fecha tope para tomar una decisión, aunque la entidad habría alargado ese plazo hasta el cierre de junio con el fin de poder aportar más información a los competidores interesados en Popular.

El Banco Santander, BBVA y Bankia son las entidades que más han estudiado los números de Popular, si bien con el paso de las semanas solo las dos grandes entidades se han ido perfilando como las mejores posicionadas para hacerse con la entidad, lo que mete aún más presión al valor.

La posibilidad de que cualquier comprador ofrezca un precio a derribo unido a las informaciones que aseguraban que el nuevo equipo del Banco Popular estaría dispuesto a aceptar ofertas a 0,55 euros por acción ha agravado las pérdidas bursátiles.

Tampoco han ayudado las noticias que adelantan un posible suspenso de la entidad por parte del FMI, aunque el propio banco se ha encargado de aclarar que el organismo no realiza ninguna prueba de estrés individual a las entidades, sino al sistema financiero español en su conjunto.

A diferencia de lo que ocurre con las pruebas del BCE, la que lleva a cabo el FMI no tiene como objetivo cuantificar potenciales déficit de capital reciente. EFECOM

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