El propio Saracho reconoció en la junta de accionistas celebrada el lunes las dificultades por las que atraviesa la entidad, que tal y como dijo "está abocada" a una nueva ampliación de capital, de la que no llegó a dar detalles concretos, lo que ha provocado que el mercado baraje todo tipo de opciones y haya hundido el valor.

La incertidumbre que rodea al Popular ha motivado que los inversores hayan salido espantados y eso ha provocado una caída de sus acciones de casi el 25 % en la semana, hasta dejar su valor en 0,611 euros por título, mínimos históricos.

Su capitalización se ha reducido hasta los 2.564 millones de euros.

Y en el acumulado del año, registra pérdidas del 33,44 %, las mayores de todo el IBEX 35 y del mercado en general, donde sólo es peor la situación de Abengoa.

Aunque los títulos del banco llevan varios meses castigados en Bolsa por las dudas que genera su futuro, las mayores pérdidas las ha cosechado en las dos últimas semanas.

El 3 de abril, el banco anunció que tendrá que cargar más provisiones en sus cuentas de 2016, lo que hará que las pérdidas de ese ejercicio aumenten en, al menos, 124 millones, hasta superar los 3.600 millones.

Ese mismo día, también se conocía que el consejero delegado, Pedro Larena, presentaba su renuncia, aunque él mismo se encargó de asegurar en la junta del lunes que sus motivos eran "estrictamente personales", nada que ver con el nuevo equipo directivo del banco.

Ambas noticias fueron acogidas en Bolsa de forma muy negativa, y el Popular se hundió un 10,44 %, su peor sesión desde el "brexit".

Una semana después, el 10 de abril, se celebró la junta general de accionistas, en la que Saracho anunció una nueva ampliación de capital y no descartó una fusión del banco.

No obstante, la poca concreción en los planes, ya que el presidente no fijó ni la posible fecha ni el volumen de la citada ampliación, hundió la cotización de la acción más del 10 %.

Un castigo que continuó el martes, cuando volvió a desplomarse más del 9 %, después de que algunos analistas como los de Bankinter, asegurasen que "el mercado no estará dispuesto a poner más dinero" en el banco.

Ya el miércoles, el banco intentó una remontada ante lo que, según expertos consultados por Efe, pudo haber sido una reacción "exagerada" del mercado tras la junta, en la que Saracho también dejó claro que una de sus prioridades será vender (más pronto que tarde) los activos improductivos y los negocios que menos aportan.

Algo que no sólo aportará dinero sino que ayudará a redefinir la imagen de la entidad como un banco centrado en lo que mejor sabe hacer, que es atender a pymes y autónomos y sacar todo lo posible de estos negocios.

Aunque el mercado ya descontaba la difícil coyuntura que atraviesa el Popular, parece que al confirmarlo Saracho se hizo evidente la extrema seriedad de la situación.

Así, para la analista de Renta 4 Nuria Álvarez, lo más probable es que la cotización del valor se siga moviendo en los próximos días a golpe de especulaciones, hasta que el banco confirme su próximo movimiento y el rumor dé paso a la realidad.

Según ha explicado Álvarez, "la lógica apunta a que la cotización continúe a la baja, pero al mismo tiempo el mercado sabe que todo tiene su precio", es decir, que las acciones del que en su día fue uno de los bancos más solventes y rentables de España quizá estén demasiado baratas.

Mientras el mercado muestra claramente sus reticencias y los accionistas se ven desbordados por la situación, desde el Gobierno intentan rebajar el tono e insisten en que la entidad no tiene problemas de solvencia, aunque debe encontrar una solución privada, pues es un banco privado.

A la espera de los planes que finalmente ponga en marcha Saracho, Popular sigue registrando fuertes pérdidas que han arrastrado al resto del sector y a la Bolsa española en su conjunto. EFECOM

mtd/ala/sgb