Bruselas

Durante la crisis de deuda entre 2010 y 2012, los ministros de Finanzas de la UE pasaron muchas noches en blanco en busca de soluciones para salvar al euro. Reuniones que tenían como límite la apertura de los mercados, donde se decidiría la suerte de programas de rescate acordados en tiempo de descuento. La emergencia del coronavirus ha provocado el retorno de los Eurogrupos que duran hasta altas horas de la madrugada y que acaban sin resultados, aunque es la primera vez que esto ocurre en formato de videoconferencia.

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La decisiva reunión del Eurogrupo en la que estaba previsto aprobar un plan de urgencia por valor de 500.000 millones de euros en créditos para hacer frente al Covid-19 ha tenido una duración maratoniana de 16 horas: desde las 16:00 horas del martes a las 8:00 de la mañana de este miércoles. Pero el choque entre el Norte (liderado por Alemania y Países Bajos) y el Sur (representado por España, Italia y Francia) ha impedido cerrar el acuerdo. Se repite la misma fractura que ya complicó la respuesta de la UE a la crisis del euro.

"Tras 16 horas de discusiones, nos hemos acercado a un acuerdo, pero todavía no  estamos ahí", ha dicho el presidente del Eurogrupo, el socialista portugués Mario Centeno, en su cuenta de Twitter. "He suspendido la reunión y continuaremos mañana jueves", ha anunciado.

"Mi objetivo sigue siendo una red de seguridad sólida de la UE frente a las consecuencias del Covid-19 (para proteger a trabajadores, empresas y países) y el compromiso de un gran plan de recuperación". La rueda de prensa final, que se había programado para las 10:00 horas de este miércoles en previsión de una larga noche, se ha cancelado.

Dos son los principales escollos que enfrentan al Norte y al Sur y que al final han provocado un fracaso de la negociación. Por un lado, las condiciones en materia de reformas económicas que se exigirán a los países que pidan un 'rescate blando' del Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE). La propuesta sobre la mesa es una línea de liquidez preventiva de hasta 240.000 millones de euros. Los países que lo necesiten podrán pedir hasta el 2% de su PIB, es decir, 24.000 millones en el caso de España y 36.000 millones para Italia.

Los países del sur reclaman poder acceder a esta liquidez barata del MEDE sin ningún tipo de condiciones. El único requisito debe ser que el dinero se gaste exclusivamente en hacer frente a la emergencia del Covid-19 y no en otros programas de inversión pública. Berlín ha flexibilizado su posición y acepta suavizar al máximo las exigencias: no habrá "troika" que viaje periódicamente a Madrid y Roma para verificar que hacen las reformas exigidas.

Pero Países Bajos insiste en que esta ayuda no puede ser gratis. "En caso contrario, ¿por qué estamos subiendo la edad de jubilación aquí? ¿Por qué fijamos requisitos estrictos para nuestro propio presupuesto?", argumentó su ministro de Finanzas, Wopke Hoekstra, durante una comparecencia este martes ante el Parlamento holandés.

"En la medida en que el MEDE se utilice para prestar asistencia económica, creemos que es prudente vincularlo con la adopción de medidas económicas. Seguiremos hablando entre nosotros, porque debemos enfrentar esta crisis juntos", ha escrito Hoekstra en un hilo de Twitter al término del fallido Eurogrupo

Países Bajos e Italia han representado los dos extremos más opuestos y alejados durante el largo debate. "A pesar de los progresos, todavía no hay acuerdo en el Eurogrupo. Continuamos trabajado por una respuesta europea que responda al desafío del Covid-19. Es el momento de la responsabilidad compartida, de la solidaridad y de opciones valientes", sostiene el ministro italiano, Roberto Gualtieri.

La gran paradoja es que ni España ni sobre todo Italia se plantean pedir ayuda del MEDE por el 'efecto estigma' que lleva asociada. "En este momento no es una cuestión que esté en el horizonte para España, pero nos parece importante ampliar al máximo las posibilidades para que todos los Estados miembros puedan acceder de forma eficaz a los instrumentos de liquidez de los que nos hemos dotado", ha dicho la vicepresidenta económica, Nadia Calviño.

Pero el problema más importante que bloquea el acuerdo es el plan de recuperación a largo plazo. España, Italia y Francia insisten en que las medidas de emergencia inmediatas no son suficientes y exigen que en las conclusiones del Eurogrupo figure una referencia a algún tipo de mecanismo de mutualización de la deuda. Pero Alemania, Países Bajos, Austria y Finlandia -que aquí sí forman un frente común inquebrantable- mantienen su oposición férrea a los eurobonos: consideran que abrirían paso a una Unión de Transferencias permanente entre el Norte y el Sur.

"La etiqueta no es lo más importante en este momento: que se llamen eurobonos o 'coronabonos', eso nos parece secundario. Lo más importante es que estemos unidos en los mercados financieros para garantizar que nuestras economías se recuperarán sin que aumenten las divergencias en la eurozona y en el conjunto de la UE", ha asegurado Calviño.

"No es aceptable que cada país tenga que hacer frente solo a los costes derivados de esta emergencia. Por eso tenemos que trabajar en mecanismos de mutualización y buscar un vehículo -dentro o fuera del marco financiero plurianual- que pueda servir como fondo de recuperación económica para abordar juntos estas inversiones necesarias", sostiene la vicepresidenta económica.

"Países Bajos estaba y sigue estando en contra de los eurobonos, porque aumentan los riesgos en Europa en lugar de reducirlos. Además de ser imprudentes, tampoco son razonables: Países Bajos debería garantizar las deudas contraídas por otros. La mayoría de los países de la eurozona apoya esta línea", ha replicado el ministro de Finanzas holandés en su hilo de Twitter

Está claro que estas diferencias irreconciliables no iban a resolverse ni siquiera con una noche en blanco. Lo que busca ahora el Eurogrupo es redactar unas conclusiones ambiguas con las que puedan convivir las dos partes y remitir la decisión final a los jefes de Estado y de Gobierno de la UE. Pero la fractura entre Norte y Sur impide incluso un compromiso de mínimos.

Los ministros de Finanzas de Francia, Bruno Le Maire, y de Alemania, Olaf Scholz, han intentado sin éxito ejercer de mediadores. Un fracaso que se explica porque las posturas de fondo de París y Berlín siguen estando muy alejadas. "Tras 16 horas de negociación, no hay acuerdo en el Eurogrupo sobre la respuesta económica a la crisis del coronavirus. Apelamos a todos los Estados europeos a estar a la altura de los retos excepcionales para poder llegar a un acuerdo ambicioso", han escrito Le Maire y Scholz en dos mensajes casi simétricos simétricos.

El plan de emergencia en el que trabaja el Eurogrupo se basa en tres pilares. En primer lugar, los 240.000 millones del MEDE, una red de seguridad para los Estados miembros, cuyo objetivo es que puedan seguirse financiando a tipos razonables en un momento en el que deberán disparar la emisión de deuda para cubrir los costes de la crisis.

El segundo pilar es el fondo para el empleo por valor de 100.000 millones de euros (llamado SURE) propuesto por la presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen. Con este mecanismo, la UE dará a España créditos en condiciones favorables para contribuir a la financiación de los expedientes de regulación temporal de empleo (ERTE) y las ayudas a los autónomos que el Gobierno de Pedro Sánchez ha puesto en marcha como respuesta a la pandemia.

La vicepresidenta económica ha señalado que este fondo temporal no responde "al 100%" a lo que pedía Sánchez, que era un sistema permanente de reaseguro de paro. No obstante, reconoce que constituye "un instrumento de apoyo y complemento particularmente adecuado" para España. En todo caso, Calviño no ha desvelando cuánto dinero piensa pedir el Gobierno de SURE. Holanda pide más garantías de que este fondo será temporal.

Además de ayudas a los Estados y a los trabajadores, el plan del Eurogrupo contempla un tercer pilar cuyo objetivo es actuar como red de seguridad para las empresas. Aquí será el Banco Europeo de Inversiones (BEI), el equivalente al ICO español, el que ofrezca garantías por valor de hasta 200.000 millones de euros para ayudar a las empresas con problemas de toda la UE, en particular las pymes.

Tras el nuevo Eurogrupo del jueves, la última palabra la tendrán los jefes de Estado y de Gobierno de los Veintisiete durante una nueva videocumbre que todavía no tiene fecha fijada. En la anterior, celebrada el 26 de marzo, Pedro Sánchez y Giuseppe Conte se plantaron en protesta por la falta de solidaridad de sus socios. Desde entonces, se ha avanzado muy poco en sus exigencias. ¿Habrá un nuevo veto conjunto de España e Italia?

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