Las urnas. Otras vez. 37 millones de españoles están llamados este domingo para participar en unas nuevas Elecciones Generales, las cuartas desde diciembre de 2015. Lo que se desconoce, y lo que se antoja clave para el resultado final, es cuántos acudirán a depositar su voto. El hartazgo tras la interinidad, los bandazos y la falta de acuerdos de los últimos cuatro años amenaza con una abstención que, desde luego, será superior a la registrada en los comicios del pasado 28 de abril, cuando solo fue del 24,25%. 

El hastío, por tanto, condiciona una cita cuya importancia está fuera de toda duda. En juego, la formación de un nuevo Gobierno. Y no uno cualquiera, sino el que se encargará de gestionar una economía que sigue acumulando síntomas de agotamiento. España continúa creciendo, y este año lo hará todavía en torno al 2%, casi el doble del crecimiento previsto para la Eurozona, pero el contagio del enfriamiento de países como Alemania y de amenazas como la guerra comercial cada vez resulta más evidente. 

Las previsiones para el próximo año ya presagian que el motor económico bajará más de revoluciones. El Banco de España rebajó en septiembre su pronóstico para 2020 del 1,9% al 1,7%; el Fondo Monetario Internacional (FMI) lo hizo en una décima, del 1,9% al 1,8%, el mismo movimiento que el Gobierno en funciones de Pedro Sánchez envió a Bruselas a mediados de octubre en su nuevo cuadro macroeconómico; y la Comisión Europea fue bastante más lejos este mismo jueves con un tijeretazo del 1,9% al 1,5% en su proyección para 2020

Este menor crecimiento cuenta además con un desempleo aún próximo al 14% y con más de 3 millones de parados, un déficit público todavía superior al 2% del Producto Interior Bruto (PIB), una deuda pública cercana al 100% del PIB y una deuda exterior, medida por la posición de inversión internacional neta, próxima al 80% del PIB. Es decir, un escenario todavía vulnerable, pese a que España viene creciendo desde finales de 2013, y que complica las ‘alegrías’ fiscales para contrarrestar el enfriamiento del crecimiento

UNA LARGA LISTA DE ESPERA

Este es el contexto que se encontrará el nuevo Ejecutivo, si es que esta vez las urnas y los partidos hacen posible que España pase a tener un Gobierno en plenitud de facultades y no solo en funciones. Un panorama en el que, además, conviene incluir asuntos que han quedado 'desatendidos' o aparcados con el bloqueo político de los últimos años. Como expone Alvise Lennkh, director de análisis de Finanzas Públicas de Scope, "la ausencia de reformas se hace más crítica ahora que el crecimiento económico se está ralentizando en toda Europa"

La duda reside en si los comicios del 10-N proporcionarán el marco político y el brío precisos para acometer las reformas pendientes y apuntalar la solvencia y la credibilidad económica de España

Esas reformas o desafíos que permanecen en 'lista de espera' aluden a las pensiones públicas y su sostenibilidad y suficiencia, la presión demográfica por el envejecimiento de la población, la revolución tecnológica y el riesgo de que amplíe la desigualdad o la exclusión social,  la despoblación o el denominado problema de la 'España vaciada', la educación, la baja productividad, la realidad y la dualidad de un mercado laboral que tras seis años de crecimiento sigue arrojando un paro del 14% o el acceso a la vivienda.

La duda, alimentada por la experiencia electoral reciente y acrecentada por la tensión política adicional que aporta el pulso independentista en Cataluña, reside en si los comicios del 10-N proporcionarán el marco político y el brío precisos para acometer esas reformas y apuntalar la solvencia y la credibilidad económica de España. "España tiene el mayor déficit estructural en la zona del euro. La fragilidad externa (una gran deuda externa) de la economía también la hace vulnerable a los choques de confianza", remarca Rubén Segura-Cayuela, economista jefe para Europa de Bank of America Global Research. Y anticipa: "Pero es poco probable que las nuevas elecciones entreguen las mayorías fuertes requeridas para lidiar con estos problemas. Las dinámicas políticas no conducen a más reformas por el lado de la oferta y a los ajustes fiscales requeridos, particularmente en pensiones". 

Todo ello espera el veredicto de las urnas. Como en diciembre de 2015. Como en junio de 2016. Y como en abril de 2019. A ver si a la cuarta va la vencida. La economía, desde luego, lo va necesitando.  

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