Víctor Escribano

Pekín, 21 nov (EFECOM).- La economía global se enfrenta a una "ralentización sincronizada" íntimamente relacionada con factores como la guerra comercial entre China y EEUU, e instituciones como el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM) apuestan por el multilateralismo para tratar de paliar los problemas.

Esta fue la conclusión de la reunión "1+6" celebrada hoy en Pekín, en la que las autoridades chinas -representadas por el primer ministro, Li Keqiang,- debatieron con los líderes de las principales instituciones económicas internacionales.

La nueva directora gerente del FMI, Kristalina Georgieva, indicó en una intervención ante los medios posterior al encuentro que las pérdidas estimadas para la economía global por la guerra comercial ascenderán a 700.000 millones de dólares hasta 2020, el 0,8 % del PIB mundial: "debemos movernos de una tregua comercial (entre China y Estados Unidos) a una paz comercial", exhortó.

La búlgara explicó que el crecimiento global "está previsto en solo un 3 % en 2019, el más lento en una década", y recordó que el crecimiento del 90 % del PIB mundial se ralentizó en el último año, algo que contrasta con el avance del 75 % de las economías hace dos años.

Para Georgieva, la actual coyuntura -que podría agravarse dependiendo del resultado de la salida del Reino Unido de la Unión Europea- aumenta la vulnerabilidad financiera y plantea retos a largo plazo como la desigualdad en los ingresos, los problemas demográficos o las disparidades regionales.

"Cuando la economía se ralentiza, afecta a todo el mundo, pero especialmente a los más vulnerables. Por eso, se necesitan protecciones sociales fuertes", pidió.

Estos asuntos "seguirán pesando sobre el crecimiento a menos que nos enfrentemos a ellos con rapidez", advirtió la mandataria del FMI, quien mantuvo la perspectiva de crecimiento de 2020 en el 3,4 %.

INCERTIDUMBRE Y CRISIS DE CONFIANZA

Por su parte, el secretario general de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), Ángel Gurría, denunció que "la incertidumbre es el peor enemigo del crecimiento", y que esa situación está provocando "prácticamente la paralización" del comercio y del crecimiento de la inversión, así como una menor creación de empleo y más desigualdad.

"El resultado de todo esto es una crisis de confianza que hace que sea más difícil para los líderes ser capaces de tomar las medidas necesarias a la hora de (enfrentarse a) todo tipo de problemas de gobierno", lamentó el mexicano.

Según los cálculos de su organización, el crecimiento económico global en 2019 será del 2,9 %, pese a que "se suponía que íbamos a ir a cerca de un 4 %: las tensiones comerciales (...) están teniendo un impacto y ya pasan factura".

"Todos esperamos que haya un acuerdo comercial entre China y Estados Unidos, pero también hay una cuestión que va más allá del comercio: la tecnología, que también está causando fricciones y tensiones", dijo, en relación a los problemas entre Pekín y Washington por las redes 5G y por la firma china Huawei.

DEBERES PARA LAS AUTORIDADES CHINAS

Aparte de las cuestiones globales, todos los intervinientes también analizaron la economía china. Por ejemplo, el presidente del BM, David Malpass, habló de la necesidad de resolver la guerra comercial para "evitar una ralentización todavía más aguda" en el país asiático, al que pidió encontrar "nuevos motores del crecimiento".

Malpass recomendó más reformas orientadas a impulsar el papel de los mercados, a reducir las subvenciones a empresas públicas o a reforzar la transparencia de la deuda, tema este último en el que coincidieron varios de los participantes.

El consenso general de los representantes hoy presentes es que China logrará su objetivo de crecimiento en 2019 -situado en una horquilla de entre el 6 y el 6,5 %-, y que en 2020 cruzará hacia abajo la barrera psicológica del 6 %.

"Si las tensiones continúan, China está muy expuesta", explicó Gurría, que pidió a las autoridades locales que "sigan en la línea" de abrirse al exterior y seguir facilitando la llegada de inversión foránea que fomente la competición.

El presidente del Consejo de Estabilidad Financiera (FSB), Randal Quarles, pidió a Pekín que "evalúe cuidadosamente" la resistencia de su sistema financiero, ya que, pese a que a nivel global es "mucho más fuerte que antes de la crisis (de 2008)", en China el crecimiento sostenido del crédito en los últimos años podría presentar riesgos.

Ante las opiniones de los organismos internacionales, el primer ministro chino mostró su confianza en las perspectivas económicas mundiales y reiteró su defensa del multilateralismo y el libre comercio, al tiempo que subrayó su compromiso con las reformas estructurales en su país.

Li prometió que, como parte de las políticas de apertura, los negocios extranjeros recibirán idéntico tratamiento que los chinos y explicó que su Gobierno marcará como prioridades la protección del empleo, la estabilidad macroeconómica y la "prudencia" monetaria.

Por último, el mandatario aseguró que la economía china ha tenido un "rendimiento estable" este año y se mostró optimista de cara a cumplir con los objetivos marcados a principios de 2019.