Javier Albisu

Bruselas, 4 sep (EFECOM).- La Asociación Europea de Fabricantes de Automóviles (ACEA) quiere que los responsables políticos de la Unión Europea impulsen un despliegue masivo de puntos de carga para coches eléctricos, que actualmente representan el 2,4 % de las ventas de nuevos utilitarios frente al 90,8 % de los diesel y gasolina.

"Tenemos que construir una amplia red de infraestructura de carga para coches eléctricos en toda a Unión Europea (UE)", declaró el secretario general de ACEA, Erik Jonnert, durante la conferencia anual de la patronal del motor en Bruselas, que coincide con el comienzo de la nueva legislatura europea.

La UE cuenta actualmente con 157.000 enchufes adaptados para automóviles y requeriría, según el sector, multiplicar esa cifra por 20 en los próximos 12 años.

"No hay duda de que las cero emisiones son el futuro, aunque sea un desafío", añadió el responsable de la plataforma que representa a grupos como Volkswgen, Renault o BMW, quien consideró imprescindible esa inversión en infraestructura para alcanzar los objetivos climáticos de la Unión Europea (UE), tesis que también apoyaron la patronal eléctrica Eurelectric y la ONG Transport & Environment.

OTROS DESAFÍOS

No obstante, multiplicar los puntos de carga no es el único reto del vehículo eléctrico, que necesita también modificar los hábitos de consumo de los conductores y, por ejemplo, eliminar la "ansiedad" de quienes piensan que no encontrarán un punto de carga cuando se le agote la batería del coche, apuntaron varios asistentes a la conferencia.

Ni tampoco es el único desafío general del sector de la automoción, que requiere desde seguir investigando otras tecnologías de motorización, como los coches impulsados por hidrógeno, hasta un plan de acción global que implique a todos los agentes del sector, "como se ha hecho en Estados Unidos y China", añadió Jonnert.

El sector europeo de la automoción, que produce 16,5 millones de coches al año, genera 134.800 millones de euros en exportaciones y acumula un balance comercial positivo de 84.400 millones para Europa, pero tiene además otros desafíos por delante.

Entre ellos está impulsar un sistema tecnológico propio que haga que la industria europea sea menos dependiente de las baterías producidas en China, sin soslayar incertidumbres como las delicadas relaciones comerciales entre la Unión Europea y Estados Unidos o la posibilidad de un "caótico Brexit sin acuerdo", añadió el secretario general de ACEA.

Impulsar la competitividad es crucial en una industria que genera el 11,4 % de los empleos manufactureros de la Unión Europea (6 % de todos los puestos de trabajo de la UE), y que suele funcionar como termómetro de la situación económica, no demasiado boyante en Europa en los últimos tiempos, como demuestra una caída de las matriculaciones en la Unión del 3,1 % en el primer semestre.

En España, por ejemplo, las ventas de automóviles cayeron un 30,8 % en agosto y acumulan un retroceso del 9,2 % desde enero.

Un sector competitivo "no puede prosperar con reglas lentas e inflexibles", declaró Mervi Kaikkonenen representación de la presidencia finlandesa de turno del Consejo de la UE.

La delegada finlandesa pidió esfuerzos para acortar los plazos en la producción de legislación europea para adaptarse a una revolución de la movilidad que avanza día a día y garantizar que las nuevas formas de transporte son asequibles para todos los ciudadanos.

Desde la Comisión Europea, el titular de la Dirección General de Movilidad y Transporte, Herald Ruijters, resaltó la importancia de que los Estados miembros de la UE reflejen su deseo de desarrollar el coche eléctrico en el nuevo presupuesto a largo plazo para la Unión, que se negocia en estos momentos.

"Dadnos el dinero para que podamos hacer ese millón de puntos de carga", bromeó Ruijters en un panel de expertos en el que se insistió también en la necesidad de financiar adecuadamente la transición hacia la movilidad limpia.

CERO MUERTES

La industria, por otro lado, aboga también en los próximos cinco años de ciclo político europeo por avanzar hacia las "cero muertes" en accidentes de circulación.

Y para ello quiere impulsar la rápida aplicación de tecnologías conectadas y el desarrollo de los vehículos autónomos, así como mejorar el comportamiento de los conductores.

Según datos de la Comisión Europea (CE), 25.100 personas perdieron la vida en las carreteras europeas en 2018 (-1 %), cifra que queda aún lejos del objetivo de "cero muertes" en 2050.

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