Matilde Martínez

Madrid, 26 ago (EFECOM).- El importe de la compra de mercancías a China se ha multiplicado por quince en algo más de dos décadas, al pasar de 1.756 millones de euros en 1995 a 26.908 millones a cierre de 2018, gastados principalmente en equipos de telecomunicaciones y procesamiento de datos, juguetes, ropa, calzado y marroquinería.

En este periodo -el que abarca la serie histórica de la Secretaría de Estado de Comercio-, las ventas a China también han crecido exponencialmente y se han multiplicado por nueve, si bien los importes son más modestos, ya que las exportaciones han pasado de 679 a 6.276 millones.

Esta diferencia ha provocado un déficit comercial crónico entre España y China que ha aumentado de 1.077 a 20.632 millones entre 1995 y 2018, con un volumen de importaciones en línea con los países del entorno, pero con unas exportaciones "relativamente escasas", de acuerdo con la Oficina Económica y Comercial de España en Pekín.

En su último informe sobre el país, esta oficina destaca que China es la segunda economía del mundo tras EEUU y que desde que inició el proceso de apertura en 1978 ha registrado una tasa media anual de crecimiento económico cercana al 10 %, con la consiguiente transformación económica y de los patrones del consumo del país.

El documento incide en que se está creando una clase media urbana con un nivel de poder adquisitivo comparable al europeo, lo que genera oportunidades comerciales para los bienes de gama alta, ya que China es ahora mismo el primer consumidor mundial de productos de lujo.

En este ámbito la oficina comercial detecta oportunidades para el sector agroalimentario (en concreto para el jamón ibérico, los vinos y el aceite de oliva), la moda, el calzado, los cosméticos, el mueble y la decoración.

También señala la importancia para el sector tecnológico industrial español de un país que es el primer productor de automóviles y el principal inversor de energías renovables, además de contar con más de un centenar de ciudades de más de un millón de habitantes que demandan gestión de agua y residuos.

Actualmente, España exporta a China sobre todo cobre y sus aleaciones, equipos, componentes y accesorios de automoción, carne de porcino y medicamentos.

En el caso del comercio de servicios, el intercambio está por debajo de su potencial por las restricciones y limitaciones establecidas para las empresas extranjeras de servicios legales, financieros, educativos o agencias de viajes.

De acuerdo con la Encuesta de Comercio Internacional de Servicios del Instituto Nacional de Estadística (INE), el año pasado 2.795 empresas españolas (28,4 % más) exportaron servicios a China por 982,5 millones (32,9 % más) y 2.943 empresas españolas (6,6 % más) importaron servicios de China por 698,7 millones (10,2 % más).

Mientras no se liberalice el acceso a los servicios, la oficina comercial en Pekín destaca como oportunidades de negocio la enseñanza de español, cuya demanda ha aumentado significativamente, y el turismo, dado que China es el mayor mercado emisor de turistas.

El intercambio de turistas entre ambos países aún es escaso, aunque se ha registrado un progresivo crecimiento desde que en 2004 se firmó el Acuerdo de Destino Autorizado, que permite a los turistas chinos visitar España en viajes organizados.

Según el Frontur del INE, 649.032 turistas chinos visitaron España en 2018, un 26 % más que un año antes.

La oficina comercial en Pekín destaca que el turista chino está entre los que mayor gasto realizan, con 2.500 euros de media, y que presenta un perfil diferente al del turista europeo, ya que busca una oferta cultural, gastronómica, de ocio y compras, en lugar del turismo estacional de sol y playa.

mmr/jlm