Víctor Escribano

Pekín, 13 (EFECOM).- La minería es una de las principales industrias de China, productor número uno a nivel global de algunos materiales de uso cotidiano, como el carbón y el acero, y de otros elementos menos comunes pero igualmente imprescindibles, como el oro o las tierras raras, convertidas en aristas de la guerra comercial.

En 2018, el sector minero facturó 4,56 billones de yuanes (664.692 millones de dólares; 591.039 millones de euros), según datos oficiales.

Pero si algo refleja los buenos tiempos que corren es que su beneficio total se disparó un 40,1 % el año pasado, la mayor tasa de crecimiento entre los sectores analizados por la Oficina Nacional de Estadísticas (ONE).

El gigante asiático se mantiene como número uno mundial en producción de carbón (3.450 millones de toneladas), acero bruto (830 millones de toneladas en 2017) y oro (426,1 toneladas), y de un conjunto de diez metales no ferruginosos.

Dentro de este grupo, destacan el cobre refinado y el aluminio obtenido por electrólisis.

Un informe publicado por el Ministerio de Recursos Naturales revela que China contaba en 2017 con grandes reservas de carbón (1,67 billones de toneladas), petróleo (3.540 millones de toneladas) y gas natural (5,52 billones de metros cúbicos).

También existen en el país reservas destacadas de minerales ferruginosos y de metales como el oro, el tungsteno o el estaño.

En lo que a hidrocarburos se refiere, China no es solo el principal productor de energía del mundo sino también el mayor consumidor.

En 2017, consumió 4.490 millones de toneladas equivalentes de carbón (tec). La producción total de energía primaria fue menor: 3.590 millones de tec.

Según el Banco Mundial (BM), China importaba en 2014 algo más del 15 % de la energía que consumía.

En lo referente a minerales, según datos de 2017 del BM, China importa mucho más (132.845 millones de dólares) de lo que exporta (3.995 millones de dólares).

Los principales destinos de las exportaciones son Japón, Corea del Sur y Estados Unidos, mientras que las importaciones proceden sobre todo de Australia, Brasil y Perú.

LA NORMATIVA Y EL CASO DE LAS TIERRAS RARAS

La principal norma que rige en el sector es la Ley de Recursos Minerales, aprobada en 1986 y reformada por última vez en 2009. En ella se establece que la propiedad de los recursos minerales corresponde al Estado.

La ley señala que las compañías estatales serán el "pilar" de los recursos minerales y que el Estado debe garantizar el desarrollo de la minería.

No obstante, las empresas privadas y extranjeras también pueden explotar los recursos minerales mediante un sistema de licencias concedidas por las autoridades, principalmente por el Gobierno central.

Pekín excluye la inversión extranjera en algunos sectores: en petróleo y gas, solo pueden tomar parte mediante empresas conjuntas con socios locales.

En minería, se prohíbe la participación foránea en la prospección o extracción de tungsteno, estaño, fluorita, minerales radiactivos o tierras raras.

Precisamente este último grupo de minerales se ha erigido en uno de los protagonistas en la guerra comercial que libran China y EEUU.

Las tierras raras son un conjunto de 17 elementos imprescindibles para la fabricación de productos tecnológicos y, como China es el origen de en torno al 80 % de los que importa EEUU, Pekín amenaza con cortar el grifo.

Según datos del Gobierno estadounidense, China alberga un 36,7 % de las reservas mundiales conocidas de tierras raras y produjo en 2018 un 70,6 % del total global.

En 2016, Pekín tomó medidas para acabar con la minería ilegal y mejorar la industria, y desde entonces su producción ha bajado. Algunas consultoras afirman que se ha reducido a la mitad.

MIRANDO AL FUTURO CON LA SOSTENIBILIDAD EN MENTE

De acuerdo con los datos oficiales, los materiales cuyas reservas más aumentaron entre 2016 y 2017 son el gas de lutita (62 %), el grafito cristalino (22,6 %), el mineral de manganeso (19,1 %) y la plata (14,8 %).

Las autoridades consideran que el potencial minero de China, sin contar petróleo y gas, es "gigante" y destacan las posibilidades en la exploración de zinc, plomo, manganeso, litio, galio extraído de bauxita o indio.

No obstante, según el Ministerio de Recursos Naturales, la tendencia vira hacia otras prioridades: en 2017 el gasto en exploración de petróleo y gas subió un 10,8 % interanual, mientras que el del resto de materiales cayó un 19,8 %.

Las tecnologías del futuro, como los vehículos propulsados por hidrógeno, serán clave para dibujar el mañana de la minería en China.

Según un informe reciente de Deloitte, cada vez será mayor la demanda de materiales como el platino, imprescindible para las pilas de combustible.

El Gobierno chino, consciente que el desarrollo económico ha conllevado serios problemas de contaminación, ha aprobado una serie de planes al respecto.

Pekín ha impulsado los conceptos de "exploración verde" y "minería verde", aunque las organizaciones ecologistas consideran que la minería, en especial la del carbón, sigue teniendo "graves impactos ambientales".

"No existe una minería de carbón limpia", explica a Efe el activista de Greenpeace Gan Yiwei.

En su opinión, aunque "la tecnología avanzada puede ayudar a reducir su impacto ambiental, no puede eliminarlo".

Otro de los retos que debe afrontar el Gobierno es la seguridad en las minas: según la organización China Labour Bulletin, en lo que va de 2019 han muerto 120 mineros en 48 accidentes.