Berlín

Cada vez que internet deja de funcionar, independientemente del motivo, se pone en marcha un contador de pérdidas económicas. Éstas aumentan a medida que pasa el tiempo en que autoridades, empresas y consumidores se mantienen desconectados de la red. Según las estimaciones de la firma estadounidense de consultoría Boston Consulting Group, la economía digital representa el 5,7% del PIB de la Unión Europea (UE). Es decir, supone cerca de un billón de euros.

Su peso en Europa, pero también en otras partes del mundo, va en aumento. En la UE, hace seis años, la economía digital significaba un 3,8% del PIB. También se han registrado crecimientos similares en Corea del Sur, que está en el 8% según la consultora estadounidense, China (6,9%), India o Japón (ambos 5,6%), países que están por encima de Estados Unidos (5,4%).



En total, esos porcentajes representan cantidades de dinero astronómicas. Sin embargo, este ámbito de la economía global se caracteriza igualmente por sus riesgos inherentes. Entre ellos se cuentan eventuales ataques informáticos, pero también catástrofes naturales que afecten a las infraestructuras de transmisión de la información. Además, en un número creciente de países, son los gobiernos los que han llegado a tomar repetidas medidas en contra de la comunicación en internet. Para ello siempre argumentan “motivos de seguridad”. Parece imposible que puedan utilizar argumentos económicos.



“Hay un riesgo enorme de sufrir grandes pérdidas económicas por la ruptura de la comunicación en internet durante unos días, incluso si sólo ocurre en unas horas”, dice a El Español Benjamin Fabian, profesor e investigador de la Universidad Humboldt de Berlín y también de la Universidad de Ciencias Aplicadas de Leipzig. Este informático y especialista en estadística dirige un equipo de una veintena de personas que lleva ya cuatro años investigando esas rupturas de comunicación en la red.



Sus investigaciones se basan en el estudio de internet como si se tratara de una red expuesta a crisis por fallos, principalmente, en los routers o, en español, enrutadores. Esos son los dispositivos que hacen posible el intercambio de comunicación de unos ordenadores con otros en la red.



“Una avería total del sistema no es que todos los ordenadores dejen de estar conectados”, precisa Fabian. En realidad, “basta con destruir una cantidad relativamente pequeña de puntos de interconexión en internet para hacer que internet se convierta en una especie de archipiélago, dentro las islas podrías comunicarte localmente, por ejemplo, las universidades de Berlín seguirían conectadas entre sí, pero no tendrían acceso a los servidores de Facebook, de Amazon o de Japón”, añade.



El número de enrutadores que hacen posible internet se cuenta en cientos de miles, sino millones. Los modelos que emplean los investigadores de la Universidad de Humboldt en Berlín y de la Universidad de Ciencias Aplicadas de Leipzig plantean la existencia de grupos de enrutadores que forman parte de sistemas autónomos que sirven para conectar diferentes partes del mundo. Éstos son la clave.

PÉRDIDAS MILLONARIAS POR PERTURBACIONES

“Cualquier eventualidad que afecte la comunicación entre grandes áreas de Internet, por ejemplo, entre Alemania y Estados Unidos, afectaría al comercio electrónico y también a ciertos servicios ofrecidos a nivel global, como los de computación en la nube, o también a servicios automáticos entre diferentes sedes de grandes compañías”, plantea Fabian. “Estamos ante algo muy difícil de cuantificar, pero probablemente hablemos de daños de millones de euros”, abunda este investigador.



Las estimaciones de Fabian y compañía se afinarán a en los próximos años, pues tienen previsto indagar en la dimensión económica de unas catástrofes en internet que él y su equipo simulan en sus despachos de Berlín y Leipzig. Ahora bien, en lugar de hablar de de millones de euros, tal vez cabría calcular los costes de una apocalipsis en internet en miles de millones de euros.

Esto es al menos lo que se extrae de un reciente estudio del Centro para la Tecnología y la Innovación de la Institución Brookings, un think tank estadounidense con sede en Washington. Firmado por el director de dicho centro, Darrell West, ese documento estima que, entre el 1 de julio de 2015 y el pasado 30 de junio, en el mundo se han perdido hasta 2.400 millones de dólares (unos 2.170 millones de euros) por culpa de apagones de la red. Ese montante, según West, es una previsión “conservadora”. La cifra podría ser mucho mayor.

“El análisis sólo atendió al impacto sobre el PIB”, sin incluir “estimaciones en pérdidas fiscales asociadas al acceso bloqueado a internet, ni “el impacto en la productividad de los trabajadores, ni “las barreras para la expansión” de negocios o “las pérdidas de confianza que suponen estas perturbaciones en inversores, consumidores y negocios”, escribe West. “2.400 millones de dólares es una estimación conservadora que probablemente subestime [todo, nldr.] el daño económico”, agrega el fundador del Centro para la Tecnología y la Innovación de la Institución Brookings.

CUANDO LAS AUTORIDADES CIERRAN INTERNET

Su estudio se centra en las consecuencias del hábito que están teniendo las autoridades de algunos países a la hora de perturbar internet. Puede ser a través de la suspensión temporal de toda la conexión a nivel nacional, sólo de la que se realiza a través de teléfonos móviles o, directamente, la interrupción de servicios de mensajería o de llamadas telefónicas como WhatsApp o Skype.

En el periodo de tiempo analizado por West hubo 81 perturbaciones de este tipo. La India e Iraq fueron los países donde más se registraron estos incidentes. Se repitieron, en ambos casos, hasta en 22 ocasiones.

Sólo la ocurrida en febrero en el distrito indio de Rohtak (norte), asociada a las manifestaciones de la comunidad Jat pidiendo igualar sus derechos a los de otras castas del sistema social del país asiático, costaron 190 millones de dólares (unos 172 millones de euros), según las cuentas de West. En aquella ocasión, el apagón de la red afectó a internet en teléfonos móviles durante algo más de una semana. Las autoridades se sirvieron de esta medida para no perder el control de la situación. Aún así, las protestas desencadenadas durante las manifestaciones dejaron una treintena de muertos y unos 200 heridos.

Según West, la India fue el país que más pérdidas ha registrado por decisiones restrictivas como esa. En total, por estar 70 días y medio con perturbaciones en la comunicación de internet, el país pagó un precio muy elevado, casi 970 millones de dólares. En la clasificación elaborada por la Institución Brooking en función de los costes asociados a apagones en la red, siguen a la India dos países del mundo árabe. Se trata de Arabia Saudí, con 45 días de perturbaciones que costaron 465 millones de dólares, y Marruecos, que sumó hasta 182 días de perturbaciones valorados en 320 millones de dólares.

DESASTRES NATURALES Y HACKERS

Las autoridades, cuando deciden coartar la comunicación en la red, están lejos de ser los únicos elementos de riesgo para la economía digital. Fabian, el investigador de la Universidad Humboldt, plantea así escenarios en los que catástrofes naturales dejan enrutadores inservibles en diferentes partes del mundo. “Grandes tormentas, huracanes, terremotos, volcanes o tsunamis”, según enumera este profesor universitario, pueden originar situaciones graves para la economía dependiente de la red.

“Pero también puede haber ataques de hackers, independientes o de Estados Unidos, Rusia o China, de donde sea, éstos ya están interviniendo en los enrutadores para investigar, por ejemplo el tráfico de información”, expone. “En un caso de una guerra informática, por otro lado, la idea no es vigilar a la máquina en concreto, sino desconectarla, o más elegante aún es manipular el enrutador para que envíe la información a un lugar diferente al que en principio tenía previsto, como le ocurrió al portal Youtube en 2008 en Paquistán y partes de Europa”, agrega Fabian.

Escuchándole, parecería que Internet no es un lugar del todo seguro para hacer negocios. “Hay enrutadores que sí, están seguros, pero quién sabe, incluso ésas máquinas pueden ser pirateadas, lo cierto es que ninguna máquina está a salvo”, según Fabian. “El concepto de seguridad en Internet vino mucho después de la aparición de la red, que surgió como un medio basado en la confianza, porque al principio eran universidades que confiaban las unas en las otras y que se comunicaban entre sí”, apunta. “Ahora internet es tan grande que ya es muy difícil hacer que vuelva a ser seguro”, concluye.

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