Con el S&P 500 cerca de máximos históricos parece un buen momento para plantearse si seguir expuesto a renta variable americana o, por el contrario, vender y brindar por un mercado que lleva ocho años de recorrido alcista. Los datos y argumentos de este artículo intentarán demostrar que, para un inversor a largo plazo, la bolsa americana no es un buen lugar donde aparcar su dinero y que podrá volver a invertir en ésta con un descuento de entre el 30% y el 50%.

Elegimos primero analizar los datos macroeconómicos. Por ejemplo, el Global Liquidity Tracker de Bank Of America Merryll Lynch. Éste trata de medir la liquidez mundial a través de datos monetarios, crediticios, bonos y otros factores de Estados Unidos, la Unión Europea y Japón. Liquidez es una palabra confusa y no debe confundirse con la política monetaria de los bancos centrales.

El GLT pretende medir cómo afectan estas políticas al crédito y a la inversión. El caso es que el índice ha estado cayendo violentamente desde mediados de 2015 y ahora está en el mismo valor que en marzo de 2008. Desde el 31 de marzo de 2008 hasta el 10 de marzo de 2009, el S&P 500 bajó un 48.39%.

Nos alejamos de la Macroeconomía para analizar los resultados y expectativas de las empresas americanas. Según Yardeni Research, las expectativas de BPA (Beneficio por Acción) del S&P 500 llevan cayendo desde septiembre de 2015, pero sólo desde principio de año han caído un 3%. Aun así, lo que sacamos en claro es que las expectativas de beneficios de las empresas estadounidenses están en tendencia bajista. Lo cual no es bueno para futuras rentabilidades. Habrá lectores que respondan a este dato con que esto está causado, fundamentalmente, por la caída de beneficios en las empresas de materias primas.

En parte el lector tendría razón, pero estas empresas, sobre todo las energéticas, influyen en muchas otras industrias. Por lo que una caída en sus beneficios afecta al resto de industrias como la financiera, química e industrial, entre otras.

No obstante, el principal argumento para no invertir en la bolsa estadounidense es que está sobrevalorada. Analizaremos dos indicadores de valoración para demostrarlo.

Empecemos con el PER (ratio Precio-Beneficio) de Schiller. Un indicador de valoración que fue creado por Robert Schiller, premio Nobel de Economía 2013, para identificar burbujas bursátiles.

Analizando datos de Morningstar, observamos que históricamente, un PER mayor a 24 ha derivado en alguna gran crisis bursátil (caída de más del 30%) en los 3 años siguientes a esta valoración. Actualmente está en 25.54 y sólo ha habido tres años en los que el mercado americano ha estado más caro (en términos de este indicador): 1929, 1998 y 1999. Excepto 1998, ambos años precedieron grandes caídas bursátiles.

El otro dato de valoración importante es el de precio/facturación del S&P 500, el cual está en máximos de este milenio, según los datos de S&P.

Esto significa que las empresas que componen este índice no han tenido un precio tan alto relativo a su facturación desde la gran burbuja tecnológica de 1999. En este momento, nos encontramos con un precio/facturación de 1.86. La media de este se sitúa en 1.42 y en términos de rentabilidad futura, el mercado americano tendría que caer un 31% para estar en su media histórica de valoración en términos de este indicador.

Podríamos estar ante un nuevo 1998, donde el S&P 500 siga subiendo considerablemente y nos encontremos en la segunda burbuja más cara de la historia de este último siglo. Sabiendo que es año de elecciones en Estados Unidos; esto no es del todo improbable. No obstante, según los datos aportados en este artículo, la proporción de riesgo/recompensa está claramente a favor de sacar el dinero de índices y acciones americanas dado el peligro real de una caída mayor al 30%.

Javier Saavedra es Director General de trademarketedge.com