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Las claves

Airbus presentó en febrero unos beneficios récord, disparados por encima de los 5.221 millones de euros (un 33% más). Pero apenas cinco meses después, y con una huelga que va a más de por medio, el CEO Guillaume Faury encuentra razones para abrir una crisis corporativa en España y anunciar reformas de calado.

No hay motivos industriales ni operativos: la compañía cabalga sobre una ola de pedidos sin precedentes (un 19% que hace un año) tanto en la rama civil como en Defensa.

Pese a algunos reveses como el abandono del caza europeo FCAS, ha revitalizado proyectos muy relevantes como el carguero A330 MRTT o nuevos encargos del gigante militar A400M en marcha.

Sus aviones son líderes en segmentos tan relevantes del mercado como la aviación comercial de pasillo único (con la familia A320) o en aparatos para uso militar (como el exitoso C295).

La cartera a futuro que maneja actualmente la empresa se sitúa en 618.824 millones de euros. De ellos, 61.395 millones corresponden al área de Defensa (+11%).

De hecho, trabaja para aumentar la capacidad de sus plantas y acelerar el ritmo de entregas en todas sus divisiones, dada la cantidad de contratos que atender. El ciclo expansivo se prevé largo.

Sin embargo, Faury admite un problema que no considera menor, sino que eleva a la categoría de “momento difícil para todos”: la desafección de buena parte de la plantilla en España.

Y la sensación extendida entre los trabajadores de que las decisiones se toman demasiado lejos en distancia física y, más aún, de sus preocupaciones diarias.

Una percepción de “falta de reconocimiento y de un sentido de pertenencia que estamos perdiendo”, en palabras del primer ejecutivo de la compañía, que ha llevado a muchos trabajadores a dejar de sentirse orgullosos de formar parte de una empresa señera en Europa.

“Este descontento profundo no se soluciona de la noche a la mañana. Quiero abordarlo en profundidad y de manera sostenida en el tiempo”, ha asegurado Faury.

Desde el Sindicato Independiente de Profesionales Aeronáuticos, SIPA, consideran que hay mucho que reconstruir. “La plantilla ha perdido totalmente su confianza en sus managers”, aseguran sus portavoces.

A juicio de los sindicalistas “no han funcionado desde hace tiempo los mecanismos de reconocimiento del trabajo, ni tampoco los procedimientos que ya existen para escuchar a la plantilla, nadie habla con confianza por temor a represalias”.

Y añaden: “Aquí todo el mundo es consciente de que estamos en una industria muy competitiva, de que todos los contratos tienen fecha de entrega. Se nos ha pedido esfuerzo y compromiso. Mucho. Y hemos respondido. Hasta que hemos explotado”.

Ha sido poco a poco. En una plantilla donde los sueldos están muy por encima del SMI, ha calado la sensación de que en los últimos años se han ido dejando derechos por el camino.

La huelga

El detonante hasta la situación actual ha sido la huelga convocada precisamente por el SIPA, en todas las plantas españolas y en todas las secciones de la compañía para todo el mes de julio.

Una convocatoria a la que se fueron sumando progresivamente todos los demás sindicatos con representación en Airbus España: UGT, CGT, APP, ATP y UTIL.

Sólo CCOO estuvo al margen de las movilizaciones hasta que la huelga se generalizó y la dirección anunció diálogo.

Hay unos motivos concretos para la protesta: una negociación atascada, y una propuesta de la dirección muy por debajo de las expectativas de los trabajadores tanto en salarios como en condiciones (teletrabajo, vacaciones).

Y también un argumento más genérico, pero más profundo, como la inflexibilidad de la empresa en un contexto de beneficios récord y cartera de pedidos al máximo.

El CEO de Airbus ha asumido que tras el masivo respaldo a la huelga “hay fuerte expresión de insatisfacción no está sólo vinculada a aspectos materiales. Tiene una razón más profunda y menos tangible”.

Sobre las condiciones materiales, Faury ha lanzado un mensaje nítido: “Son cuestiones relevantes y quiero que se resuelvan”.

De hecho, esta semana ha estado en Getafe para conocer de primera mano las movilizaciones, y ha movido ficha.

Primero con un escueto comunicado en el que la dirección avanza que “toma nota de las preocupaciones de los trabajadores”.

Y a continuación, en una mesa de negociación, con una oferta que mejora notablemente la propuesta anterior: pasar de un incremento salarial del 3% en 2026 y un 2% en 2027 hasta un 5% para los dos ejercicios con un 0,5 reservado, respectivamente, para RSI y promociones, así como "una cláusula de revisión vinculada al Índice de Precios de Consumo (IPC)".

La empresa renuncia también a planteamientos anteriores como reducir el teletrabajo de dos días a la semana a uno solamente, y se compromete a establecer vacaciones “flexibles” en cada centro.

Unas condiciones que han sido aceptadas por CCOO, aunque el resto de sindicatos las considera insuficientes, y que han sido rechazadas también por las asambleas de los trabajadores en los centros de trabajo.

La negociación sigue abierta, por tanto. Y el lunes volverán los paros y las asambleas en todos los centros de trabajo.

La chispa se extiende

La huelga y esa “fuerte reacción de insatisfacción” afecta de momento sólo a 14.000 empleados (los españoles) sobre una plantilla global de Airbus que supera los 157.000.

Aunque fuentes sindicales indican que el conflicto se puede extender también a Francia (casi 55.000 personas en plantilla), después de que representantes de los trabajadores galos hayan estado en España esta semana.

“Hay centros en ese país donde puede haber movilizaciones inminentes y otros que se mantienen a la expectativa sin descartarlas”, aseguran fuentes sindicales.

Autocrítica

Guillaume Faury ha decidido coger el toro por los cuernos. Primero asumiendo responsabilidades en primera persona: la gota que colmó el vaso y ha encendido las protestas fue un correo enviado por él mismo sobre el teletrabajo.

“No se entendió bien y se percibió como una falta de confianza. En realidad, mi intención era fomentar nuestra eficiencia colectiva y una colaboración más estrecha entre los equipos”, ha explicado en un vídeo enviado por email a toda la plantilla española.

“Escuchando con atención a los equipos sobre el terreno, me he dado cuenta de que el trabajo híbrido fue solo una chispa”, añade.

Así que promete como primer paso precisamente eso: seguir escuchando. Y tomar decisiones en una segunda fase.

Para ello ha designado un equipo de directivos de alto nivel en la compañía, que Faury considera “muy cercanos a mí”.

Los nombres que ha dado el CEO son los de Cristina Aguilar (Airbus Commercial - SVP Airbus Customer Services), y María Prieto (HO Operations Performance, Excellence and Manufacturing Engineering en Airbus Defense & Space).

También están María Ángeles Martí (responsable de Programas de Aviones de Transporte, Misión y Repostaje en Vuelo de Airbus Defence and Space) y David Fero (Head of Air Power Chief Engineering, Vice President at Airbus Defence and Space).

“Ellos estarán con vosotros, recogerán vuestras opiniones, me dirán la verdad sin filtros y me propondrán soluciones tangibles para reconstruir la confianza”, ha dicho el ejecutivo en su mensaje a los trabajadores.