Los campos de amarrillo intenso ganan terreno en el campo español frente a cultivos como el cereal, en franco retroceso.
La superficie de girasol ha aumentado un 30% y alcanza ya las 800.000 hectáreas, de las 240.000 están en Andalucía (135.000 en Sevilla). "Es una apuesta segura", dicen los expertos.
Durante una jornada técnica celebrada en Andalucía por Asaja y la Lonja de Cereales de la Cámara de Comercio de Sevilla, el socio de Northstar Brokerage, Pedro Villa, ha insistido en que el girasol se ha convertido en una de las alternativas más sólidas para el agricultor.
Northstar es el principal broker mundial en trigo duro y uno de los grandes operadores internacionales en granos y oleaginosas, por lo que los análisis de Villa son relevantes.
"El girasol está de moda", ha llegado a asegurar mientras diseccionaba el mercado internacional de las semillas oleaginosas y las grasas vegetales.
El contexto internacional sopla de cola para el cultivo: una demanda mundial disparada, precios en niveles elevados y la incertidumbre sobre el abastecimiento internacional por crisis como la guerra en Ucrania y la crisis de Ormuz.
El aceite de girasol cotiza actualmente en torno a los 1.300 euros por tonelada en los mercados internacionales, aunque se espera una corrección a la baja, en torno a los 1.200, a partir de octubre.
Villa explicó que esa corrección no responde a una caída del consumo, sino a la expectativa de una campaña más abundante en Europa y en la región del mar Negro. Aun así, subraya que el mercado seguirá moviéndose en niveles históricamente elevados.
¿Qué sembrar?
¿Por qué puede ser una buena alternativa para un agricultor que ahora tiene que decidir qué siembra?
España continúa siendo un país claramente deficitario en girasol. La producción nacional rondará este año las 800.000 toneladas. Las importaciones rondarán las 350.000 toneladas.
Al mismo tiempo, la industria dispone de capacidad suficiente para procesar cantidades muy superiores, de hasta 1,5 millones de toneladas.
"La industria compraría fácilmente más pipa si la encontrara a buen precio", ha señalado Villa.
También ha recordado que España importa cada año alrededor de 600.000 toneladas de aceite de girasol ya procesado, una cifra que pone de manifiesto el margen de crecimiento que todavía tiene el cultivo nacional.
Escenario internacional
Villa explicó que el cultivo encuentra un escenario favorable, con una producción mundial en cifras récord de 700 millones de toneladas. Aunque la demanda crece tanto como la oferta, por lo que prácticamente no hay excedente a la vista.
"El mundo está preparado para asumir esa mayor producción tanto de semilla como de aceite vegetal", ha insistido.
Esa demanda creciente se apoya en varios factores. El primero es el aumento del consumo alimentario en grandes mercados importadores como India, China o la Unión Europea.
El segundo es la expansión del biodiésel, que cada vez requiere mayores volúmenes de aceites vegetales para abastecer los objetivos energéticos fijados por numerosos gobiernos. Las necesidades de mayor soberanía tras las guerras de Ucrania e Irán empujan las decisiones.
Según expuso Villa, la producción mundial de biodiésel ha pasado de 53 millones de toneladas en 2022 a cerca de 70 millones previstas para este año.
Indonesia ha elevado el porcentaje obligatorio de aceite de palma en el biodiésel hasta el 50%, mientras que Estados Unidos también ha incrementado su producción mediante nuevas políticas de apoyo al sector.
El mercado también continúa condicionado por la guerra entre Rusia y Ucrania. Ambos países siguen siendo los principales productores y exportadores mundiales de aceite de girasol.
"Rusia está considerando el sector productor y exportador de aceite vegetal como un sector estratégico para atacar", ha indicado Villa al referirse a los bombardeos sobre terminales de exportación de aceite de girasol en los puertos ucranianos.
A esta situación se suma la incertidumbre sobre los fertilizantes. Y el girasol necesita menos aportaciones de nitrógeno que los cereales, una circunstancia relevante ante la crisis de Ormuz, por donde pasa el 30% del comercio mundial de esta materia prima.
El clima
El comportamiento climático también ha tenido un papel determinante durante el último año. Las elevadas temperaturas registradas en el entorno del mar Negro redujeron las cosechas en algunos de los principales países productores y obligaron a Turquía a incrementar de forma extraordinaria sus importaciones de semilla de girasol.
"Los industriales turcos salieron a comprar semillas de girasol como si no hubiera un mañana", ha explicado Villa para describir la tensión que se produjo en el mercado internacional tras la mala cosecha de la campaña anterior.
La situación es diferente este año. Turquía espera recuperar parte de su producción y Europa afronta una cosecha más favorable en la mayoría de las zonas productoras.
No obstante, el experto advirtió de que las olas de calor registradas durante las últimas semanas en Francia y Hungría podrían reducir los rendimientos previstos.
Para el responsable de Northstar Brokerage, la evolución del mercado confirma que el girasol se ha consolidado como una apuesta estable dentro de las rotaciones agrícolas. "Hay muchos factores que llevan a seguir apostando por el girasol", ha concluido.