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Las claves

El avance hacia una economía baja en emisiones se desarrolla en un entorno cada vez más complejo, que exige soluciones viables y capaces de desplegarse a gran escala. Mientras el sistema eléctrico nacional ha logrado avances significativos gracias al impulso de las energías renovables, la descarbonización progresa a ritmos desiguales según los sectores.

Esta es una de las principales conclusiones de la segunda edición del Observatorio de Tendencias en el contexto de la Transición Energética presentado por Exolum. El informe pone de relieve que actividades clave como la movilidad pesada, la aviación, el transporte marítimo, el sector agropecuario o la industria intensiva no pueden apoyarse exclusivamente en la electrificación para reducir sus emisiones.

Ante esta limitación estructural, las denominadas moléculas verdes -biocombustibles avanzados, combustibles sintéticos, hidrógeno renovable y biometano- se consolidan como una solución esencial para avanzar hacia una descarbonización efectiva, sostenible y a escala.

Neutralidad tecnológica como enfoque imprescindible

El informe de Exolum subraya que la transición hacia una economía baja en emisiones exigirá combinar distintas alternativas tecnológicas. El cumplimiento de los objetivos climáticos requiere un enfoque pragmático basado en la neutralidad tecnológica, que tenga en cuenta las necesidades específicas de cada sector.

Esto implica reconocer que no todas las soluciones son aplicables de forma inmediata. En ámbitos como la maquinaria pesada o determinados procesos industriales, la electrificación presenta limitaciones, lo que sitúa a los biocombustibles avanzados y a los combustibles sintéticos como las opciones más realistas para avanzar en la reducción de emisiones a corto plazo.

Javier Goñi, CEO de Exolum.

Biocombustibles y aviación sostenible

El transporte sigue siendo uno de los sectores más dependientes de los combustibles fósiles, lo que dificulta su avance hacia los objetivos de descarbonización. En España, la penetración de biocombustibles alcanzó el 7,03 % del consumo total en 2024, con un ligero retroceso respecto a ejercicios anteriores debido al aumento del consumo convencional.

En este contexto, la aviación se sitúa como uno de los principales focos de transformación. La normativa europea ya exige la incorporación de un mínimo del 2% de combustibles sostenibles (SAF), un porcentaje que aumentará progresivamente hasta el 6% en 2030 y alcanzará el 70% a mediados de siglo.

El incremento de estas obligaciones, junto con el desarrollo de capacidades industriales y logísticas, será determinante para escalar la producción de SAF, garantizar su disponibilidad y mantener la competitividad del sector aéreo.

En este escenario, el SAF se consolida como la principal alternativa para avanzar hacia los objetivos de descarbonización, gracias a su capacidad para reducir significativamente las emisiones a lo largo de su ciclo de vida y a su integración directa en las infraestructuras y cadenas de suministro existentes.

Dar respuesta a este reto no depende únicamente de incrementar la producción, sino de garantizar su disponibilidad en toda la red aeroportuaria. En este ámbito, Exolum ya gestiona el suministro de SAF en 48 aeropuertos a nivel global, apoyándose en infraestructuras logísticas interconectadas que permiten optimizar operaciones y facilitar la reducción de emisiones.

El impulso del biometano y el hidrógeno

El desarrollo del biometano será clave para reducir la dependencia energética exterior en los próximos años. A nivel europeo, el crecimiento ha sido significativo, con más de 1.600 plantas operativas a cierre de 2025, principalmente en grandes economías industriales.

España, sin embargo, se encuentra aún en una fase incipiente, con apenas una veintena de plantas en funcionamiento, muy por debajo de su potencial. En este contexto, agilizar la tramitación de los proyectos en desarrollo será determinante para impulsar este vector renovable.

Por su parte, el hidrógeno renovable se perfila como una solución estratégica para descarbonizar sectores industriales de difícil electrificación. No obstante, su desarrollo a escala sigue condicionado por dos grandes retos: la reducción de costes y la creación de infraestructuras que permitan transportar y distribuir esta energía desde los centros de producción hasta los principales puntos de consumo.

La gestión del carbono y la competitividad industrial

El informe también pone el foco en la gestión del carbono en aquellos procesos productivos cuya descarbonización resulta más compleja. En este ámbito, el desarrollo de redes logísticas capaces de capturar, transportar y almacenar dióxido de carbono de forma segura será clave para habilitar nuevas cadenas de valor.

El CO₂ capturado puede reutilizarse como materia prima para la producción de combustibles sintéticos, como los e-fuels, contribuyendo a reducir emisiones y a generar nuevas oportunidades industriales.

El metanol renovable y el transporte marítimo

En paralelo, el metanol renovable está ganando protagonismo como alternativa para descarbonizar el transporte marítimo. Su despliegue exige no solo capacidad de producción, sino infraestructuras que permitan su almacenamiento y suministro en condiciones reales de operación.

Exolum ha puesto en marcha en el puerto británico de Immingham el primer servicio comercial de almacenamiento y suministro de biometanol para buques de gran tamaño. Este proyecto permite reducir hasta un 80 % las emisiones frente a los combustibles convencionales, facilitando la adopción de soluciones más sostenibles en el sector marítimo.

Tanque de almacenamiento de Exolum.

Despliegue de los nuevos vectores energéticos

El desarrollo de nuevas moléculas verdes solo tendrá impacto si se garantiza su distribución hasta el consumidor final. La transición energética no depende únicamente de la innovación tecnológica, sino de la capacidad de desplegar estas soluciones a escala.

Por ello, la adaptación de las infraestructuras existentes se convierte en un factor decisivo. Aprovechar y transformar estos activos permite acelerar la implantación de nuevos vectores energéticos, reducir costes y evitar cuellos de botella en el sistema.

España cuenta con una base sólida en este ámbito. Su sistema de refino es capaz de cubrir la mayor parte de la demanda nacional de combustibles, incluido cerca del 80% del combustible de aviación, apoyado en una red logística altamente resiliente.

Estas infraestructuras seguirán siendo estratégicas a largo plazo. Las nuevas moléculas verdes tenderán a desarrollarse en torno a los entornos industriales ya existentes, aprovechando su ubicación y capacidad operativa. Redes como la de Exolum, con más de 4.000 kilómetros de oleoductos, actúan como el nexo que conecta la producción con la demanda y permite trasladar la transición energética al terreno real.

En este contexto, contar con operadores capaces de adaptar y evolucionar estas infraestructuras resulta esencial para que la transición energética se traduzca en una economía más eficiente, sostenible y competitiva.

Conectar la producción de nuevas energías con la demanda final de forma segura y eficiente se convierte así en un elemento clave del proceso, y en el eje sobre el que compañías como Exolum desarrollan su actividad en esta nueva etapa del sistema energético.