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Las claves

Cuando visitamos por primera vez una ciudad –o incluso cuando paseamos por la nuestra– nos perdemos por sus calles, nos acercamos a sus lugares más emblemáticos y nos fijamos en esos edificios y fachadas que definen su identidad.

Sin embargo, rara vez prestamos atención a lo que permanece oculto bajo nuestros pies: las estructuras subterráneas que sostienen discretamente la vida cotidiana. Tampoco le damos demasiada importancia al agua, capaz de infiltrarse incluso en los materiales más resistentes.

La mayoría de estas infraestructuras están hechas de hormigón, un material sólido y robusto que, sin embargo, tiene una estructura porosa. Esta estructura interna con microespacios permite que el agua y la humedad puedan penetrar en su interior.

Más de un 68 % de los problemas en estructuras subterráneas están causados por el agua. Su interacción con el hormigón favorece procesos de deterioro que derivan en filtraciones, pérdida de capacidad resistente y reparaciones de alto coste. En muchos casos, estos daños no se manifiestan de forma inmediata, sino que evolucionan con el tiempo, comprometiendo la durabilidad y el rendimiento de la estructura.

La solución infalible al agua

En este contexto, Krystaline nace como una solución a esta problemática. Esta empresa alicantina ha desarrollado unos aditivos que permiten impermeabilizar y proteger las estructuras de hormigón.

Gracias a la tecnología de Krystaline, el hormigón se vuelve menos poroso, evitando que el agua penetre y alargando así su durabilidad.

La labor de Krystaline no se limita al suministro del producto, sino que acompaña a sus clientes en todas las fases del proyecto, desde el diseño hasta la aplicación en obra, para asegurar que cada paso se realiza correctamente y garantizar un resultado óptimo y satisfactorio. Además, sus soluciones destacan por su facilidad de aplicación. No requieren mano de obra altamente especializada ni trabajos adicionales, ni provocan retrasos en el calendario de la obra. A cambio, ofrecen una protección permanente y la capacidad de autocurar las microfisuras que puedan aparecer con el tiempo en el hormigón.

Más allá de la impermeabilización

El stand de Krystaline en una feria

Las ventajas de esta tecnología van más allá de la impermeabilización. Aumenta la resistencia mecánica del hormigón, reduce la fisuración por retracción, prolonga su vida útil y disminuye los costes de mantenimiento. Además, es apta para el contacto con agua potable y elimina la necesidad de utilizar sistemas de impermeabilización externos o superficiales, que suelen degradarse con los años.

Su aplicación es válida tanto en obras nuevas como en proyectos de rehabilitación, donde las filtraciones ya se han convertido en un problema. Desde Alicante, Krystaline ha llevado sus soluciones a más de 40 países. Entre sus casos de éxito destacan el puerto de Alicante, el Distrito Digital o el Morskie Centrum Nauki en Szczecin, Polonia.

Pero su impacto no se limita solo al ámbito técnico. En un contexto marcado por la emergencia climática y la necesidad de construir de forma más responsable, prolongar la vida útil de las infraestructuras se ha convertido en un indicador clave de sostenibilidad.

Cada reparación implica nuevas emisiones, consumo energético y uso de materiales. Evitar intervenciones innecesarias es, hoy, una forma directa de reducir la huella ambiental.

Krystaline asegura que sus aditivos contribuyen a disminuir el impacto climático al prevenir patologías causadas por el agua y optimizar los recursos a lo largo del ciclo de vida de los edificios. Así, proteger el hormigón también significa proteger el planeta.

En un momento en el que las ciudades se replantean cómo crecer, adaptarse y protegerse frente a un clima cada vez más imprevisible, la manera de construir está evolucionando. Proteger las infraestructuras del agua ya no es una opción, sino una necesidad universal.

“El objetivo de Krystaline es crear estructuras enterradas estancas y libres de filtraciones en todo el mundo”, afirman desde la empresa. Es un mensaje que invita a construir pensando no solo en el presente, sino también en los desafíos del futuro.

Desde Alicante, esta innovación española demuestra que la tecnología puede ser una aliada decisiva para lograr ciudades más seguras, duraderas y comprometidas con el entorno.