Frente a los retos de la sociedad y de una economía cada vez más afectada por condiciones sobrevenidas, como hemos visto en los últimos años, se hace cada vez más necesario que el desempeño de las empresas se rija por unas normas más claras y eficientes. Se trata de impulsar su potencial de competitividad en todos los ámbitos, algo que requiere de instituciones sólidas, estables y democráticas.

Esta idea es el eje en torno al cual gira el modelo que defiende Foro Mercado Libre, un think tank de reciente creación en el que se aboga por promover una economía de mercado más competitiva en el continente. Y lo hace con una serie de líneas de actuación muy diversas que van encaminadas a generar un clima de reflexión en torno al rol de los gobiernos en este esquema y al estudio y análisis de las condiciones más propicias para las empresas. Además, esta entidad también promueve alianzas con asociaciones y patronales que comparten estas mismas ideas.

Benito Arruñada, catedrático en la Universidad Pompeu Fabra, es Coordinador de Foro Libre Mercado. Se trata de una figura muy activa en el ámbito académico, en el que al margen de su labor docente ha encabezado numerosas investigaciones especializadas en cómo se articulan "las condiciones organizativas que facilitan los intercambios impersonales, la vía más eficaz para especializar los recursos y acelerar el crecimiento económico", según explica en su página web. Arruñada nos ofrece su punto de vista sobre el estado actual del paradigma empresarial y de las principales propuestas de Foro Mercado Libre para optimizarlo.

Benito Arruñada, Coordinador de Foro Libre Mercado.

Pregunta.- Todo ese bagaje contribuye en la puesta en marcha de Foro Mercado Libre. Una nueva institución que surge ¿con qué objetivos?

Respuesta.- Foro Mercado Libre es un think tank que defiende el Estado de derecho y la economía de mercado. Creemos que la propiedad privada y el mercado libre son imprescindibles para una sociedad abierta, democrática y próspera.

P.- Entre los puntos que defiende el grupo hay una atención al papel de la Unión Europea en todo el ecosistema empresarial y en cómo afecta a la actividad de las empresas. ¿Cree que el entorno actual en la UE es propicio para el desarrollo de la actividad empresarial? ¿Cuáles son las principales trabas?

R.- Hay grandes diferencias entre países, pero, en general, el entorno europeo impone dos frenos importantes a las empresas: una fiscalidad que castiga el ahorro y la inversión, desanimando la asunción de riesgos; y unos sectores públicos sobredimensionados, poco eficaces y con una burocracia excesiva y creciente.

Por supuesto que la contribución de la propia Unión Europea a ese entorno es ambigua. Por un lado, la Unión ha sido necesaria para configurar un mercado interior de gran tamaño, sin barreras y con una moneda única, lo cual es positivo. Pero la creación de ese mercado único se ha usado por parte de todo tipo de intereses privados para imponer cargas considerables y crecientes en términos de regulación, a menudo innecesaria y en ocasiones anticompetitiva.

P.- Ya en el propio nombre del think tank se alude a la libertad de mercado que defienden. ¿Eso implica que en el contexto actual haya una excesiva injerencia en el mercado español o europeo?

R.- Sí. No sólo es excesiva sino que a menudo está mal orientada. A raíz del Mercado Único, la Unión Europea atravesó unos años de mucha actividad regulatoria. Su activismo regulatorio se ha contenido en los últimos años; pero aún aprueba unas 80 directivas, 1.200 reglamentos y 700 decisiones al año.

El principal problema es que buena parte de esa regulación europea es cuestionable. Como la reacción a la pandemia. Fue muy celebrada porque, al contrario que la respuesta a la anterior crisis financiera, permitió que países ya muy endeudados, como España, pudiéramos seguir endeudándonos y sufriéramos menos. Pero ahora empezamos a ver que, si bien logramos aplazar el ajuste, también lo agravamos. Las consecuencias de ese cortoplacismo ya empiezan a notarse: deuda, inflación y derroche de recursos en subvenciones más que dudosas.

P.- ¿Qué sectores son los más afectados y cuáles pueden ser las consecuencias?

R.- Los más perjudicados son aquellos que prosperarían en un entorno menos intervencionista o "mejor intervenido". Aquellos que dispongan de ventaja comparativa. Pero identificarlos es tarea del empresario en el mercado, no de los burócratas ni de académicos.

En todo caso, parece lógico pensar que, si Europa privilegia el consumo sobre el ahorro y la inversión, sean los sectores orientados al consumo los que hoy tiendan a prosperar. Si se perjudica la inversión a largo plazo, tanto física como en formación, es lógico que sean los sectores más intensivos en capital los que resulten damnificados, y ello incluye desde los que requieren más capital físico, como la energía, a las actividades de servicios más intensivas en capital humano, como las de investigación y desarrollo.

P.- ¿No cree que existan medidas correctoras o que vayan en esta dirección?

R.- Por supuesto que luego ponemos en marcha grandes planes para intentar corregir esas mismas carencias, entrando en un círculo vicioso de carencias e intervenciones. Pero esos planes, por su origen político, suelen padecer errores y sesgos interesados al elegir sectores y proyectos. En España, sufrimos, además, una gestión incompetente, como demuestra la incapacidad del Gobierno incluso para algo tan simple como gastar los fondos Next Generation. Da la impresión de que en nuestro sector público empiezan a abundar los ámbitos parasitarios. Es alarmante el escándalo de las citas previas.

En general, España sufre una serie de fallos propios, como una fiscalidad que, más que en otros países, favorece el consumo sobre el ahorro, la inversión y el trabajo, y que incluye una fuerte progresividad fiscal a niveles relativamente bajos de rentas. Eso desanima la formación de capital humano; pero concuerda con una enseñanza que también se orienta al disfrute más que a la productividad. Muy anómalo que, siendo récord europeo de paro, nuestras empresas tengan dificultades para cubrir todo tipo de puestos de trabajo.

P.- ¿Todas esas regulaciones favorecen que Europa esté preparada para competir a escala global?

R.- Podría estarlo pero su relevancia hoy es escasa. Se le suele dar mucha importancia a que es incapaz de hablar y aún más actuar como una sola entidad política, por lo que ni siquiera se la toma en serio. Y es cierto, pero creo que es más importante su escasa competitividad en nuevas tecnologías o en defensa. Nos ven como un parque de atracciones y hay mucho de verdad en ello. Es un modelo que al menos en los países más occidentales de la Unión Europea confirmamos diariamente al favorecer decisiones políticas que anteponen el consumo al ahorro, el corto al largo plazo. La situación es algo diferente en los países del Este, pero su peso es relativamente pequeño. Tanto la desunión como esa incapacidad para sacrificar el corto al largo plazo nos debilita en la escena internacional, tanto política como económica.

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Una de las preocupaciones de Foro Mercado Libre, tal como refleja en su manifiesto y recalca su coordinador, Benito Arruñada, en esta entrevista, es la necesidad de que este cambio de rumbo en cuanto a condiciones beneficie no solo a las empresas sino que, a través de ellas, puedan darse respuesta a los desafíos de diversa índole que anticipa el futuro. El reto demográfico, el capital humano, los servicios digitales… son ámbitos en los que ya hoy es preciso un cambio de rumbo, por lo que parece previsible que tener visión de futuro es clave.

P.- ¿Son tan necesarias estas reformas para dar respuesta a los desafíos estratégicos y sociales que se avecinan y cómo se podrían articular?

R.- Por supuesto. Pero no se trata sólo de restaurar el marco legal, gravemente dañado por toda una batería de ocurrencias legislativas, desde la ley riders, la reforma penal, la de universidades o vivienda. Esas leyes se han promulgado porque sufrimos un grave deterioro institucional. La separación de poderes, está dañada: el poder legislativo es un apéndice del ejecutivo; se permite que las leyes se improvisen; y hasta el arbitraje constitucional se ha puesto en entredicho con los últimos nombramientos del Tribunal Constitucional, como parecen confirmar algunas de sus decisiones más recientes.

P.- ¿En qué sectores o ámbitos se identifican los mayores retos?

R.- Todos los sectores han sufrido esta deriva con carácter general pues, por ejemplo, todo ellos han de invertir y contratar trabajadores. Pero algunos la han sufrido doblemente, al ser también objeto de ataques específicos para servir como chivos expiatorios de los errores y fallos de la política económica, como la inflación. Ha sido éste el caso de las grandes empresas, las eléctricas, los bancos o los distribuidores comerciales.

P.- ¿Hacia dónde deberían ir encaminados todos estos cambios que defiende Foro Mercado Libre?

R.- Debemos reorientar nuestras prioridades del consumo a la inversión. A largo plazo, no podemos seguir consumiendo mucho más de lo que producimos. No tanto porque sea insostenible, que quizá lo sea si congelamos el consumo, sino porque no nos permitirá crecer al nivel que necesitamos para alcanzar el nivel de vida al que aspiramos. Para consumir más o, simplemente, para mantener el nivel de vida, incluidos los servicios del estado de bienestar que hoy damos por supuestos, es preciso crecer más; y para crecer más son imprescindibles las reformas.

En términos fiscales, la corrección necesaria es clara. Necesitamos gravar menos el trabajo y el ahorro, y, si queremos mantener el gasto público y las pensiones, compensar esos menores ingresos fiscales gravando más el consumo. Esa estructura fiscal, a la danesa, es lo único que asegura un crecimiento suficiente para darnos el nivel de vida al que aspiramos.

P.- ¿Y en el sector público?

R.- También hay mucho qué hacer. Por un lado, puede lograr mucho más eficacia a menor coste si pasa de controlar las empresas a priori a hacerlo a posteriori. Libertad con responsabilidad es preferible a establecer un régimen de restricciones y autorizaciones a priori.

Por otro lado, sean cuales sean los niveles de servicio público que democráticamente decidamos financiar, hemos de elegir la manera más eficiente de prestarlos, que a menudo será la provisión privada. En realidad, a esta separación de la financiación pública y de la provisión privada sólo se oponen los proveedores públicos que aspiran a proteger sus privilegios. Activar esa competencia entre lo público y lo privado es imprescindible para reformar el sector público, incluida la universidad. Lo más triste es que la contradicción básica, entre los fines a los que aspiramos y los medios necesarios para lograrlos, parece estar muy arraigada: basta ver que ningún partido propone corregirla.