La campaña de vacunación avanza a buen ritmo, y los datos que ésta deja son muy positivos: las muertes semanales por Covid-19 se han reducido un 90% desde que comenzó a vacunarse la población, pero la incidencia del virus continúa siendo elevada y aún se desconoce si el efecto de las vacunas será lo suficientemente duradero. Un proyecto español de investigación podría tener la llave para reforzar la respuesta inmune y mejorar la efectividad de las vacunas contra la Covid-19.

Las vacunas preparan al sistema inmunitario actuando sobre la inmunidad adaptativa, que reconoce y recuerda patógenos para desencadenar una respuesta cuando ese virus entre en el organismo, algo que tarda entre una y dos semanas. Pero hoy en día se sabe que la inmunidad innata, la primera barrera contra virus y bacterias, puede reforzarse para conseguir una mejor respuesta frente a infecciones desconocidas.

Basándose en la idea de que la inmunidad innata se puede ‘entrenar’, y la investigación de esta hipótesis durante cinco años, el proyecto de investigación del Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares (CNIC), liderado por el doctor David Sancho, biólogo especializado en inmunología, está probando el uso de un preparado polibacteriano que podría fortalecer esta inmunidad innata. Asimismo, podría tener una aplicación elevando la eficacia de las vacunas frente a la Covid-19.

Un spray que se aplica en la lengua

“Ciertas sustancias inmunomoduladoras actúan sobre las células inmunitarias y realizan unos cambios que facilitan que esa célula responda mucho mejor al virus y por tanto controle la infección de manera temprana”, explica David Sancho. Básicamente, las reprograma, haciendo que el sistema inmune esté mucho más preparado ante una posible infección.

Esto permite que, al entrenar el sistema inmune, se logre una mejor respuesta ante infecciones de origen viral nuevas para el cuerpo humano, como el actual coronavirus. El estímulo con el que se entrena esta inmunidad innata es el MV130, un preparado polibacteriano “que se da de manera sublingual (y con sabor a piña) y no tiene ningún efecto secundario que se haya descrito”, aclara Sancho. Contiene 6 bacterias inactivadas por calor, por lo que no supone ningún peligro.

David Sancho. CNIC

La empresa Inmunotek ha sido la que ha desarrollado este producto, que en otros países de Europa se encuentra ya en el mercado. Se ha demostrado que protege frente a otras infecciones virales tanto por virus RNA, como la gripe o la Covid-19, y virus ADN como el Vaccinia. Además, también se ha demostrado su efectividad en infecciones respiratorias víricas frecuentes en niños.

El estudio de si este preparado podría funcionar contra el coronavirus fue la primera fase de su investigación, pero a raíz de la llegada de las primeras vacunas, “surgió el planteamiento de si podía servir para mejorar la respuesta a las vacunas. El resultado final es que funciona en los dos sentidos, protegiendo contra la infección y mejorando una serie de vacunas que hemos testado”, explica el doctor Carlos del Fresno, que ha liderado esta segunda vertiente de la investigación. Se trata de un estudio aún en ratones, ya que la vacuna con la que han colaborado, la del CNB-CSIC, aún no se encuentra en fase de ensayos clínicos.

Este proyecto ha contado con el apoyo de Banco Santander, que ha aportado 100.000 euros al trabajo del equipo liderado por el investigador del CNIC en el marco de su Fondo Solidario Juntos, que la entidad puso en marcha el año pasado para contribuir en la lucha contra la Covid 19 a través de la compra de material sanitario y equipos médicos, financiación de investigaciones frente al virus y apoyo a los colectivos más vulnerables frente a la pandemia. Un fondo dotado con 54 millones de euros de los 100 millones en total que la entidad ha destinado a paliar los efectos de la enfermedad en todos los países en los que opera gracias, entre otros, a las aportaciones voluntarias de directivos y empleados del grupo.

Aplicado de manera preventiva antes de la vacuna

El laboratorio de David Sancho ha participado en el desarrollo de la vacuna del Centro Nacional de Biotecnología (CNB-CSIC), denominada MVA, y liderado por los profesores Mariano Esteban y Juan García Arriaza. Esta vacuna se ha probado hasta el momento en ratones humanizados, y los resultados apuntan a una eficacia del 100% en este modelo.

Carlos del Fresno. CNIC

El equipo de Sancho y del Fresno ha estudiado la caracterización de la respuesta celular generada por la vacuna, y de forma simultánea se está investigando si la administración del MV130 podría mejorar la eficacia de las mismas. “Se aplicaría a nivel profiláctico, diariamente durante seis meses. Hemos visto que si previamente a recibir la vacunación se recibe el MV130 la capacidad de respuesta inmune que se genera es mejor”, explica Carlos del Fresno. Esta pauta estaría pensada especialmente para poblaciones de riesgo como son los mayores, que han sido los más perjudicados por la Covid-19.

Pensando en una futura aplicación de este preparado, continúa del Fresno, “el escenario que pensamos que puede haber es que, en lugar de plantear vacunaciones con dos dosis, quizá y según qué contexto, se podría dar primero MV130 y después una única dosis, y que la respuesta a la vacuna sería similar a la que se da con dos dosis”.

Estar al lado de la comunidad científica es fundamental para nuestro desarrollo. El sector no deja de proclamar al unísono que ese apoyo es capital. “Pero un apoyo que no sea cuestión de que ahora hay una pandemia y tenemos que cuidar la ciencia, sino que sea un apoyo sostenido”, sentencia Sancho. En su caso, el proyecto de investigación del MV130 ha podido llevarse a cabo gracias al apoyo del Fondo Solidario Juntos. Además, añade del Fresno, “Banco Santander ha sido la única entidad que ha financiado este proyecto, y lo hemos presentado a muchas”.

La inversión en ciencia, flor de un día

La pandemia ha puesto de relieve la importancia de la inversión en investigación y ciencia, que ha demostrado ser tremendamente efectiva cuando cuenta con los recursos y el apoyo necesarios, desarrollando varias vacunas para un virus desconocido en apenas un año.

Lamentablemente, España se encuentra en la retaguardia en este tipo de inversión. Tan solo destina un 1,25% de su PIB a I+D, cuando la media europea está en el 2%, y se aleja aún más en comparación con países como Alemania, Japón o Corea del Sur, que invierten más del 3%. Pero tan importante es el apoyo de la inversión pública como que la ciencia sea atractiva para el sector privado.

Para David Sancho, cada uno tiene su papel: “El sector público es indispensable porque da el molde sobre el cual se establecen los grupos científicos. Pero la iniciativa privada es muy importante porque junto a esos moldes se facilita un entorno adecuado para el mecenazgo de la ciencia y que se puedan crear empresas. Tenemos que seguir el ejemplo de éxito de otros países que invierten en I+D porque es realmente una fuente de riqueza, que genera empresas y trabajo de calidad, con gente muy preparada que va a ganar buenos sueldos y a pagar buenos impuestos”.





Para Sancho y del Fresno, el apoyo público también debe plasmarse “en leyes de mecenazgo ventajosas para que las empresas privadas puedan patrocinar la ciencia de modo competitivo”. Es, al fin y al cabo, una estrategia de país para una economía más sólida. Para ello “se necesita llegar a un Pacto de Estado, independientemente de quién esté en el gobierno”, concluye Sancho. En los próximos años llegarán los fondos europeos, que permitirán aumentar el gasto en ciencia, pero se teme que esta inversión sea flor de un día. Para tener una ciencia de primera, se necesita un sustento continuado en el tiempo.