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En el marco del evento Wake Up! Spain, Wake Up! Europe organizado por El Español, la innovación se dibuja como el pilar fundamental para la competitividad industrial en España y Europa. Gonzalo Álvarez Marañón, director de I+D de Funditec, ha analizado el papel estratégico de los centros tecnológicos y cómo proyectos de vanguardia están resolviendo retos críticos en la cadena de suministro global.

Funditec es un centro de investigación privado sin ánimo de lucro que se define como un aliado esencial para el tejido empresarial, actuando como un brazo externo de I+D para aquellas compañías que no cuentan con la infraestructura necesaria para innovar.

Según Álvarez Marañón, la misión del centro es "ayudar a las empresas a innovar" para cumplir con las nuevas exigencias del mercado y la regulación, permitiéndoles "extraer valor tangible de los avances científicos para que los pueda aterrizar y adaptar a productos ya concretos".

Gonzalo Álvarez Marañón, director de Funditec Research

Uno de los mayores desafíos en el desarrollo tecnológico es lo que los expertos denominan el "valle de la muerte de la innovación", el espacio crítico entre la investigación básica (TRLs bajos) y la comercialización del producto (TRLs altos).

Álvarez Marañón subraya que es precisamente ahí donde los centros tecnológicos aportan su mayor valor: "tratamos de servir como puente entre el conocimiento inicial y la industria, que lo que busca es sacar el producto al mercado".

Este modelo permite a las pequeñas y medianas empresas acceder a hardware especializado y científicos de primer nivel sin asumir costes fijos inalcanzables, facilitando que los prototipos escalen hasta convertirse en soluciones comerciales reales.

En un contexto de vulnerabilidad geopolítica como el actual, la soberanía de materiales es una prioridad para la Unión Europea. Funditec participa activamente en MaDiTraCe, un proyecto estratégico diseñado para combatir la opacidad en las cadenas de suministro de materias primas críticas como el litio, el cobalto o el grafito, esenciales para la movilidad eléctrica.

El sistema propone una solución de doble capa para garantizar la autenticidad de los materiales. La primera consiste en trazadores artificiales microscópicos infalsificables que se integran en el mineral. La segunda es una capa digital: el Pasaporte Digital de Producto.

"El pasaporte digital es una garantía de que las materias primas y componentes han pasado por unos procesos específicos, de dónde vienen y cómo se han procesado", explica Álvarez Marañón.

Este documento digital funcionará de manera similar al que usamos cada vez que queremos cruzar una frontera, acumulando un historial completo durante todo el ciclo de vida del producto. El consumidor o fabricante final podrá acceder a toda esta información simplemente escaneando un código QR.

Hacia la trazabilidad total

La conversación también puso el foco en la madurez de la identidad digital en Europa. Con la entrada en vigor de la normativa eIDAS 2.0, el despliegue del EUDI Wallet (la cartera de identificación personal europea) marcará un hito en 2026 y 2027. Este sistema no solo servirá para las personas, sino que sienta las bases tecnológicas para la trazabilidad total mediante credenciales verificables.

Álvarez Marañón destaca la importancia de la privacidad en este nuevo ecosistema descentralizado: "Se generan unas pruebas de conocimiento nulo para que, si yo tengo que autenticar mi edad para entrar en un sitio web, de mi wallet solamente se revele ese dato".

Esta tecnología permite que un verificador tenga la certeza absoluta de la veracidad de una información sin necesidad de que el usuario comparta más datos de los estrictamente necesarios.

Con estas herramientas, España y Europa avanzan hacia un modelo donde la transparencia y la seguridad del dato no solo sean requisitos legales, sino ventajas competitivas que aseguren la resiliencia del sector industrial frente a los desafíos globales.