Montaje de los galardones junto con su autor, Juanpe Somoza.
Juanpe Somoza esculpe un homenaje de acero a los Gigantes: "Refleja la resiliencia de Castilla-La Mancha"
El artista explica la historia de creación que hay detrás de la escultura recibida por Gregorio Marañón, Eugenia Silva, Rafael Canogar y Ana Céspedes.
Más información: Gregorio Marañón, Eugenia Silva, Canogar y Ana Céspedes, Gigantes de EL ESPAÑOL de Castilla-La Mancha
La primera edición de los Premios Gigantes de EL ESPAÑOL de Castilla-La Mancha ya forma parte de la historia reciente de la región. Entregados en el Teatro de Rojas de Toledo, estos galardones han nacido con el propósito de reconocer la excelencia y el talento de una tierra que no siempre se mira lo suficiente a sí misma.
Uno de los grandes protagonistas de la noche fue la propia estatuilla recibida por los premiados: Gregorio Marañón, Rafael Canogar, Eugenia Silva y Ana Céspedes. Bajo el martillo del escultor Juanpe Somoza, esta imponente pieza de acero, modelada a mano, se ha convertido en una representación simbólica de la resiliencia y la fuerza de Castilla-La Mancha.
La obra entregada nace de un proceso artesanal minucioso en el que el metal se pliega hasta sugerir una figura humana que emerge desde su propio vacío. Una metáfora —en palabras del propio Somoza a EL ESPAÑOL de Castilla-La Mancha— de esa "grandeza interior" y de la capacidad de superación que define a los premiados.
Juanpe Somoza trabajando en su taller en los premios Los Gigantes.
P. Todo premio busca reconocer un logro, pero su escultura parece ir más allá. ¿Qué concepto fundamental ha querido proyectar en esta obra y qué simboliza esa figura que emerge con fuerza entre pilastras?
R. El origen de esta obra reside en una reflexión conjunta con la galerista María Porto sobre la esencia de los 'Gigantes' de Castilla-La Mancha. Queríamos alejarnos de lo estático para buscar una imagen que hablara de la vida misma. La escultura presenta la silueta de una persona que atraviesa o brota de entre unas pilastras de gran tamaño; para mí, esas estructuras representan los obstáculos que la vida nos pone en el camino.
Simbolizan el acto de salir de cualquier problema, de superar las barreras que parecen infranqueables. Al final, las personas que recibirán este galardón son figuras muy relevantes que, para llegar a donde están, han tenido que vencer muchísimos desafíos. No ha sido un camino fácil para ellos, y por eso la obra es un homenaje a esa resistencia: es la representación de un ser humano saliendo victorioso de las dificultades que la vida le impone.
P. Castilla-La Mancha es una tierra marcada por la tenacidad. ¿Cómo ha influido esa identidad en su proceso creativo y por qué eligió el acero como material para representarla?
R. La influencia de esta tierra ha sido absoluta y constante. He elegido trabajar principalmente con el acero porque estoy convencido de que la gente de Castilla-La Mancha es, por naturaleza, una gente dura y resistente. Es un pueblo que se ha dedicado históricamente con cuerpo y alma a labores de una exigencia extrema, como la agricultura o la minería, sectores donde la superación de obstáculos es una constante diaria.
El acero es un material robusto, firme y extremadamente duradero en el tiempo; creo que captura perfectamente esa personalidad de la región. Esa firmeza ante la adversidad es lo que he querido plasmar: una obra que, al igual que nuestra gente, sea inalterable y sólida.
Los Gigantes de El Español de Castilla-La Mancha
P. En la pieza destaca el uso de dos tipos de acero con acabados diferentes. ¿Qué buscaba exactamente con ese contraste, tanto a nivel técnico como expresivo?
R. Mi intención era generar un diálogo visual de contrastes para enfatizar la narrativa de la estructura. Para las pilastras he utilizado un acero pulido, lo que técnicamente llamamos acero laminado en frío, que ofrece un acabado liso y limpio. Por el contrario, para la figura central de la persona, he empleado un acero al carbono negro. Este material es notablemente más resistente y ha sido sometido a procesos de temperatura extremadamente altos para otorgarle una dureza y resistencia superiores.
Con esta distinción quería representar dos realidades dentro de la misma pieza: la frialdad estática de los obstáculos frente a la fuerza templada al fuego del ser humano que los supera. Es una diferenciación de texturas que refuerza el mensaje de dureza y resiliencia. Buscaba generar un contraste narrativo. Para las pilastras he utilizado acero pulido laminado en frío, que aporta un acabado más limpio. Sin embargo, para la figura humana he optado por un acero al carbono negro.
"Los materiales evocan esa capacidad histórica de Castilla-La Mancha para volver a empezar"
Este último es más resistente y ha sido sometido a procesos térmicos a temperaturas muy elevadas para incrementar su dureza. Con esta dualidad quería diferenciar visualmente los elementos, aunque formen parte de la misma estructura.
La elección de ese acero duro es muy reveladora. Castilla-La Mancha es una tierra ejemplar que nunca se ha rendido y que sigue generando riqueza. No olvidemos que Toledo fue el centro neurálgico de la península en momentos clave de nuestra historia. He querido reflejar esa capacidad de volver a empezar y seguir creciendo, usando un material sometido al calor y a la dureza, evocando la sequedad de nuestra propia tierra.
P. A menudo solo vemos la obra terminada, pero detrás hay meses de trabajo invisible. ¿Qué peso tiene ese tiempo de reflexión y cuánta conceptualización ha habido antes de empezar a trabajar el metal?
R. Ese proceso "invisible" es, de hecho, el más crítico. Hemos dedicado alrededor de dos meses solo a darle vueltas al proyecto y a la idea. Inicialmente exploramos otros conceptos, como temas relacionados con los molinos, pero decidimos descartarlos porque queríamos ofrecer algo novedoso, huyendo de los clichés más típicos de la región.
A menudo, el tiempo que tardamos en decidir qué escultura se va a hacer es mucho más largo que la fabricación física de la propia obra. Para mí es vital que el trabajo me llame, que me guste a mí primero; si no me apasiona lo que hago, no puedo entregar un trabajo honesto. Ha sido un proceso largo de crear prototipos, editar modelos en el ordenador y modificar una y otra vez los pliegues de las columnas para encontrar la armonía visual perfecta.
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P. Es inevitable pensar en su trabajo con el origami y sus pajaritas. ¿Encuentra algún vínculo entre la calma que transmite esa técnica y la fuerza que proyecta esta escultura de los Gigantes?
R. Aunque estéticamente parecen mundos opuestos, comparten una base conceptual de valores humanos. En mi colección de pajaritas trabajo con la paz, los buenos deseos y la longevidad. Esta escultura para los Premios Gigantes, en cambio, se centra en la fuerza, la perseverancia y la superación. Son conceptos distintos, pero ambos me apasionan por igual.
Lo que las une es la simbología profunda: si en el origami hay paciencia y creación, en esta obra hay una lucha contra los elementos. Las pilastras aquí son los desafíos que todos superamos en nuestras vidas, y esa superación es, a su manera, una forma de encontrar la paz.
Juanpe Somoza mientras trabaja en la obra.
P. En un contexto dominado por la fabricación digital, usted reivindica el trabajo manual. ¿Cómo defiende hoy el papel del escultor tradicional y qué aporta la artesanía al resultado final de esta pieza?
R. Para mí es una cuestión de principios. Todas mis obras las trabajo a mano, porque creo firmemente que las manos son la herramienta que nos distingue a las personas y, especialmente, a los artistas. Elaborar una pieza a mano le confiere una identidad única. El proceso es muy laborioso: primero creamos prototipos en cartón para estudiar los volúmenes; luego, traspasamos ese diseño al metal, marcamos, cortamos y empezamos la soldadura.
Es un trabajo que requiere repasar, lijar y montar cada parte con precisión para que la separación sea exacta. Es una labor artesanal que hoy en día, con tantas facilidades técnicas, se está perdiendo, pero yo prefiero conservar la tradición de crear con mis propias manos.
Soy una persona a la que le apasionan los detalles. Me encanta que alguien pueda observar una de mis piezas de cerca y diga que está perfecta, que no tiene ninguna marca ni mancha.
P. Esta escultura ha llegado a manos de Gregorio Marañón, Eugenia Silva, Rafael Canogar y Ana Céspedes. ¿Qué le gustaría que hayan sentido al recibir este "pedazo de Castilla-La Mancha"?
R. Estoy convencido de que han entendido el mensaje. Por la propia forma narrativa de la escultura y porque, junto al certificado de autenticidad, he entregado una pequeña leyenda explicando lo que simboliza para mí y lo que he querido expresar con ella.
Creo que el concepto de superación llegará de forma clara. Para mí es un orgullo inmenso saber que figuras de esa talla tendrán una obra mía; es algo realmente impresionante que todavía me cuesta asimilar.