Euskaltel comunicó este jueves a la CNMV que se busca sustituto para Alberto García Erauzkin. Una salida, que como ya explicó EL ESPAÑOL, responde a una escalada de desacuerdos del histórico presidente de la compañía y el nuevo CEO, José Miguel García, nombrado por el fondo británico Zegona en su condición de principal accionista de la compañía desde comienzos de año.

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Desencuentros entre los que se encontró la política de salidas y contrataciones del nuevo gestor. García despidió antes del verano a una veintena de directivos, de primer nivel nacional, pero también responsables regionales. Unos puestos que no han sido cubiertos por ningún responsable tres meses después en el caso de las estructuras de Galicia y Asturias, lo que ha generado una situación de abandono de estos equipos.

García habló en julio de crear una estructura única centralizada en País Vasco, más ágil y que evitara tener tres empresas en una (en relación a Euskaltel, R y Telecable), pero con el paso de los meses estas regiones siguen sin tener ningún responsable ni coordinador que controle y supervise su trabajo. Una nueva estructura que ha generado un profundo descontento en los equipos de Galicia y Asturias. 

En el caso de los directivos, nada más llegar García salieron unos veinte ejecutivos del equipo del CEO saliente Francisco Arteche. Responsables de primer nivel como Jesús Pérez Iglesias, hasta entonces Chief Information Officer (CIO); Ignacio Molinos, director de Estrategia del grupo; y Aitor Markaida, director de Comunicación Corporativa y Relaciones Externas; y Charo Lacal, directora de Operaciones y Transformación.

Situación de abandono

Pero no fueron solo directivos de nivel nacional, se produjo además un éxodo de responsables de estructuras regionales en Galicia y Asturias, las regiones herederas de las compañías adquiridas por Euskaltel, R y Telecable. Territorios que lograron integrarse en la compañía, pero que ahora han quedado descabezados, ya que nadie ha asumido el control directivo de estos equipos.

Esto ha generado una situación de desconcierto en la plantilla, sin dirección y bajo la exigencia de resultados inmediatos. Conocida es la presión a la que García somete a sus equipos para que obtengan resultados de manera inmediata y su nueva etapa en Euskaltel no es la excepción.

Estamos hablando de unos 400 trabajadores que no saben qué hacer ni cuál será su futuro y a los que se les pide que ganen clientes en un contexto en el que no tienen muy claro el rumbo de la compañía. Un momento en el que además las portabilidades de la compañía están cayendo tras la arremetida de las grandes operadoras en País Vasco, Asturias y Galicia.

Resultados económicos

De esta manera, ya nadie cierra la puerta a nuevos despidos dentro de la compañía. En julio salieron otros 25 empleados de Euskaltel, Telecable y R, un mes en el que también se produjo la externalización de otros 40 trabajadores, en este caso el servicio de mantenimiento de redes del operador ZTE. Junto a los directivos hablamos de unas 85 salidas en total.

¿El futuro? De momento, no se mueve ficha, pero el objetivo de García es reducir costes para poder tener más recursos y poder invertir en el despliegue nacional de la operadora. Un proceso nada barato y que llega en momentos en que las cuentas de Euskaltel no son demasiado halagüeñas.

La compañía redujo sus ingresos hasta los 334,5 millones de euros en el primer semestre de este año, lo que se tradujo en una caída del 20% de sus beneficios hasta los 22,9 millones. Unas cifras peores de lo esperado que se suman a un pasivo de casi 2.000 millones de euros con 1.388 millones de deudas a largo plazo y 185 millones de deudas a corto plazo.