La Administración Federal de Aviación estadounidense (FAA) ha encontrado "un riesgo potencial que Boeing debe mitigar" en las mejoras del software del 737 MAX que el fabricante estadounidense ha presentado para que el avión sea certificado y pueda volver a volar.

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La aeronave, que entre finales de 2018 y comienzos de 2019 sufrió dos accidentes mortales, está pasando un exhaustivo proceso de certificación. El objetivo es garantizar que las mejoras que Boeing ha realizado en el software del 737 MAX solventan los fallos que estuvieron relacionados en los accidentes sufridos por la aeronave.

Tras el anuncio de la FAA, Boeing emitió un comunicado en el que respondió al anuncio del regulador estadounidense. "Durante la revisión de la actualización del software 737 MAX y las sesiones recientes de simulador, la FAA identificó un requisito adicional en los cambios de software que hemos estado desarrollando durante los últimos ocho meses. Boeing está de acuerdo con la decisión de la FAA, y está trabajando en el software requerido".

Del mismo modo la compañía incidió en que "no ofrecerá el 737 MAX para la certificación final por parte de la FAA hasta que hayamos cumplido con todos los requisitos para la certificación del 737 MAX que garantice la seguridad de su vuelta al servicio".

Espaldarazo de IAG al 737 MAX

El anuncio de la FAA llega en un momento en el que Boeing comenzaba a recibir las primeras noticias positivas sobre el 737 MAX. Durante el pasado Paris Air Show, la feria aeronáutica más importante del mundo, International Airlines Group (IAG) firmó una carta de intención con Boeing para integrar en su flota 200 aviones 737 MAX.

El avión será operado por algunas de las aerolíneas del grupo como Vueling y Level, además de British Airways, en el aeropuerto Gatwick de Londres. El acuerdo tendría un valor a precio de catálogo de 24.000 millones y se espera que las aeronaves se entreguen entre 2023 y 2027. 

El anuncio supuso una bocanada de aire para Boeing, que está pasando los meses más complicados de su historia. Ahora, el fabricante encara la recta final de la nueva certificación del 737 MAX. Un proceso que mantendrá a los aviones en tierra, al menos hasta septiembre, tras el que la aeronave con más pedidos del fabricante estadounidense tendrá que recuperar la confianza de los consumidores.