Soplan vientos de cambio en Airbus. La junta general de accionistas del fabricante aeronáutico europeo ha escenificado el traspaso de poderes al frente de la compañía. Tras siete años como consejero delegado de Airbus, el alemán Tom Enders cede los mandos de la empresa al francés Guillaume Faury. Un cambio en la dirección que marca un punto y aparte entre la vieja y la nueva Airbus.

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Tom Enders ha sido el directivo encargado en culminar el trabajo comenzado en el cambio de milenio para convertir al fabricante aeronáutico en la empresa que es hoy. El directivo alemán ha tenido que bregar con muchas de las dificultades inherentes a la propia naturaleza de Airbus: una empresa conformada por distintas compañías, de países que no habían trabajado antes juntos y donde la política tenía un peso muy importante en muchas de las decisiones que se tomaban.

Hoy, Enders deja una empresa alineada con lo que un conglomerado industrial debe de ser en el siglo XXI. Durante su mandato, el alemán ha sido el responsable de tomar muchas de las decisiones a nivel de gestión y de negocio que, aunque en muchas ocasiones han sido dolorosas, el tiempo ha demostrado que fueron acertadas.

Entre sus muchas decisiones, seguramente una de ellas será la más simbólica. Enders ha querido marcharse siendo la persona bajo cuyo mandato se ponía fin al programa A380, el avión más grande del mundo, capaz de transportar a más de 800 personas en su interior. El proyecto ha sido el gran símbolo que ha tenido en las últimas décadas la empresa y su puesta en marcha supuso uno de los retos ingenieriles más importantes de la industria aeronáutica.

Los grandes cambios sufridos por la aviación comercial en la última década han provocado que el A380 no entre en los actuales planes de las aerolíneas. La necesidad de contar con aeronaves más pequeñas y eficientes capaces de transportar a distancias intercontinentales un número menor de pasajeros, ha hecho que otros modelos ocupen el lugar que, en un principio, estaba proyectado para el A380.

Durante el mandato de Enders, Airbus ha sido capaz de consolidar dos de los programas más exitosos de la historia de la empresa: el A350 y el A320neo. El primero de ellos se trata de esa aeronave pensada para el largo radio que sí ha dado en la diana de lo que las aerolíneas necesitaban: eficiencia y flexibilidad.

El A320neo, por su parte, se ha convertido en el avión más popular para el segmento que más aviones vende en estos momentos. Esta aeronave ha marcado un nuevo nivel de eficiencia en las rutas más operadas por parte de las aerolíneas de medio mundo lo que le ha reportado un gran éxito comercial.

Pero no todo han sido cambios en la política interna y en los programas de aviones. El mandato de Enders quedará marcado por una evolución económica muy positiva. Desde 2012, año en el que accedió a su cargo como primer ejecutivo del fabricante aeronáutico, la empresa gana 3.000 millones netos al año, ha doblado su resultado operativo, ha duplicado su nivel de caja y ha multiplicado por tres el dividendo a los accionistas. Unos resultados que han sido muy bien acogidos por el mercado, que ha multiplicado por cinco el valor de la acción de Airbus durante su mandato.

Aumentar el ritmo de entregas de aviones

Faury recibe una compañía bien alineada con los tiempos que corren pero no exenta de retos. El éxito comercial cosechado por Airbus, sumado a la voracidad del mercado de la aviación comercial va a requerir al mandatario francés grandes niveles de excelencia al frente de la compañía. 

Durante la próxima década, el sector aéreo va a acometer la mayor renovación de flota de su historia. Además, el ritmo de apertura de nuevas líneas parece estar lejos de aminorar. Tras 10 años con tasas de crecimiento anuales por encima del 5%, el transporte de pasajeros aéreo no da síntomas de cansancio.

Esto hace que el gran reto de Airbus esté en la velocidad de ejecución. La compañía va a tener que ser capaz de poner en manos de sus clientes cada vez más aviones. De la misma manera, la empresa va a tener que ser capaz de responder a las necesidades de un mercado totalmente condicionado por la exigencia de ser, cada vez más eficiente. Una circunstancia en la que, como ha señalado Enders durante su despedida, la evolución en los combustibles será clave.

Esto va a hacer que, sobre todo, los programas A350 y A320neo lleguen a unos niveles de exigencia cada vez más importantes. Airbus, que el año pasado fue capaz de entregar 800 unidades, va a verse obligada a aumentar su capacidad de entrega a un ritmo del 10% anual. De cara a 2019, la empresa ha proyectado entregar entre 880 y 890 unidades, un ritmo que, la división que reporta el 74% de los ingresos del grupo, deberá seguir manteniendo, al menos, durante los tres años con los que Faury cuenta en su mandato.

Del mismo modo, en la pata militar de Airbus, que supone un 17% de su negocio, Faury va a tener que ser capaz de hacer despegar el programa A400M. Tras varios años en los que llegó a estar en situaciones ciertamente complejas, el avión militar estrella de Airbus afronta unos años en los que llega el turno de convencer a los clientes de que se trata de la alternativa que cubre las necesidades de transporte y carga de este segmento.

Además, las guerras comerciales que comienzan a disputarse entre Estados Unidos, China y Europa también van a poner a prueba las capacidades de Airbus. El gigante asiático es el mayor mercado potencial para la compañía y, a la vez, un posible rival en el futuro próximo. En el caso de EEUU, Faury tendrá que enfrentarse a una nueva situación arancelaria de la que todavía es difícil predecir la profundidad de su impacto. 

En el argot aeronáutico, los pilotos denominan "limpiar las alas" al proceso por el cual, mientras la aeronave va ganando altura, recoloca sus flaps hasta llegar a la configuración que le permite conseguir las mayores velocidades. Faury recibe una compañía que, tras años de atravesar turbulencias, navega a la velocidad adecuada y está configurada para ir a velocidad de crucero. Ahora le toca a él demostrar que es capaz de sacar a Airbus el máximo de sus posibilidades sin ninguna resistencia externa que frene a la compañía.