El futuro de la movilidad es eléctrico. Ese es uno de los 'mantras' que acompañan el arranque de la transición energética y que, de la mano de medidas para fomentar este tipo de vehículos, persigue un objetivo: reducir las emisiones contaminantes. Sin embargo, más allá del debate sobre la lenta penetración de los coches eléctricos en España, el necesario desarrollo de ‘electrolineras’ y las inversiones que requiere la red para sostener la demanda… hay otra arista a la que es necesario atender: las baterías, la posibilidad de una segunda vida y su gestión como residuo.

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El parque eléctrico español es aún pequeño, con poco más de 23.200 vehículos al cierre de 2017, un 71% de ellos turismos y todoterreno. La cifra total en España es la misma que las nuevas matriculaciones registradas en Noruega en el último año. Siendo un parque móvil ‘discreto’, apenas un 1% del total de vehículos en circulación, y dada la vida útil de entre 8 y 10 años de las baterías, el volumen de residuos que gestionar “es aún muy pequeño”, apunta a este periódico Gabriel García, director de operaciones de Recyclia. 

Eso sí, desde 2015 las ventas de este tipo de vehículos han aumentado un 115%, según los datos del Observatorio Sectorial de Informa. Y si la tendencia y la previsión que hacen tanto los expertos como el Gobierno se cumple, el parque actual se multiplicará por cinco para 2020. A medida que las ‘pilas’ de estos vehículos hagan su servicio, se hará más necesario seguir “la teoría de las ‘Tres R’: reducir, reutilizar y reciclar”, añade García. “La reutilización y el reciclaje son clave para sacar más partido a las baterías”.

El reciclaje de las baterías, además de ser una obligación legal, sirve para recuperar las preciadas materias primas con que se fabrican. En el caso de las baterías de vehículos, son recuperables y reutilizables un 70% de los materiales. El porcentaje baja a un 60% en el caso de baterías de bicicletas, apuntan desde Reciclya, entidad sin ánimo de lucro que se encarga de gestionar la recogida de los residuos electrónicos y agrupa a los principales fabricantes de vehículos eléctricos e híbridos del país.

La segunda vida de la batería

Pero, antes del reciclaje, buscarle una segunda vida a esa batería puede ser clave para atender a otra necesidad en el proceso de electrificación de la economía: el almacenamiento energético. Bien sea a pequeña escala, con soluciones para los hogares, o a gran escala con el desarrollo de estructuras para edificios o instalaciones industriales, las baterías están llamadas a ser una de las claves para lograr una gestión más eficiente de la energía. 

¿Por qué? Por una combinación de factores. Por un lado, el desarrollo de baterías es caro. Para fabricarlas se necesita litio, cobalto, níquel… Se trata de minerales estratégicos que, por su escasez, son caros. Por otro, es una tecnología en maduración que, aunque ha evolucionado rápidamente, aún tiene que reducir sus costes y mejorar las prestaciones para que puedan utilizarse como solución de respaldo energético. Esto no pasaría antes de 2030, estima Deloitte en su informe ‘Una transición inteligente hacia un modelo energético sostenible para España en 2050: la eficiencia energética y la electrificación’, publicado este año. 

Mientras llega ese momento, los expertos de la consultora apuntan a dos alternativas viables económicamente para garantizar la seguridad de suministro del sistema español: los sistemas de bombeo en las centrales hidroeléctricas y la integración de sistemas de baterías.

En esto trabaja precisamente Endesa en su central térmica de Melilla. La eléctrica que preside Borja Prado se ha aliado con Nissan para desarrollar un proyecto pionero en España: un sistema de almacenamiento a gran escala que reutiliza baterías de vehículos eléctricos.

¿Por qué en Melilla? “Elegimos esta central porque, dentro de las zonas donde Endesa está presente, nos ofrecía la oportunidad de aportar una solución de valor a una red con necesidad y cierta inestabilidad”, afirma a EL ESPAÑOL, Andrés Sánchez-Biezma Sacristán, responsable de Innovación en Generación de Endesa. “Al ser una red aislada, con una única central para abastecer de electricidad a la ciudad, cualquier problema que surja genera problemas en el suministro”, añade.

El sistema de almacenamiento constará de 78 baterías que ya han cumplido su vida útil proporcionando energía a coches Nissan Leaf, un modelo del que ya se han vendido más de 354.000 unidades. En total, el sistema contará con 4 MW de potencia y 1,7 MWh de energía almacenada que servirá “para dar respaldo energético y seguridad al suministro de la ciudad autónoma”, apunta. Para hacernos una idea, en caso de fallo en la central, la energía guardada en esas baterías podría suministrar electricidad durante 15 minutos a los más de 86.000 habitantes de Melilla mientras se soluciona el problema.

Sánchez-Biezma explica que la diferencia a nivel tecnológico de este proyecto con la instalación de baterías estacionarias (diseñadas específicamente para el almacenamiento a gran escala) es pequeña. La clave está en el precio. Pese a que los avances tecnológicos han reducido el precio de las primeras, hay que tener en cuenta que, “al ser baterías de segunda vida, ya se ha amortizado una parte de su precio, por lo que salen más económicas”. Además, “a medida que el parque de vehículos crezca y aumente la disponibilidad de baterías para reutilizar, una solución como esta será también más barata”.

Para este proyecto, la eléctrica prevé invertir alrededor de 2,5 millones de euros. La cifra dista mucho de la que ha destinado, por ejemplo, al sistema de almacenamiento de su central de carbón en Almería (8 millones) y la que prevé gastar en el de As Pontes (11 millones). La razón, además de que las baterías estacionarias son más caras, se debe a que la capacidad de estos dos proyectos es también mayor: la primera, de 20 MW, es actualmente la mayor del país; la segunda, también de 20 MW, aún está en desarrollo.

El proyecto de Melilla es un piloto y la eléctrica tiene ya en mente replicarlo en zonas donde “hay más necesidad de estas soluciones”, señala su jefe de Innovación. ¿Dónde? Las islas tienen todas las papeletas. “Tienen redes más pequeñas, aisladas e inestables. Una solución así ayudaría en su operación”, añade.

Baterías de coche que iluminan estadios

El proyecto en la central de Melilla no es el único en el que se ha embarcado Nissan para darle una segunda vida a las baterías de sus Leaf. El estadio holandés Johan Cruyff Arena, en Ámsterdam, es ya parte de la red eléctrica de la ciudad gracias a un macrosistema de almacenamiento construido con baterías de coche.

Gracias a las 148 baterías que forman el sistema de almacenamiento de 3 MWh, el estadio se ha convertido en una ‘pila’ gigante para la ciudad y la más grande de Europa construida con baterías recicladas. Para cargar de energía estas baterías se han instalado 4.200 paneles solares en el tejado del estadio. La energía que acumula sirve tanto para proporcionar energía al estadio y a varios miles de hogares de la ciudad, como para dar estabilidad y ayudar al uso eficiente de la red. 

En el desarrollo de este sistema, llamado xStorage Buildings, además de Nissan han colaborado estrechamente con las autoridades holandesas firmas como Eaton, la firma especializada en soluciones de gestión energética, Honeywell y BAM. 

Este tipo de almacenamiento es clave para el proceso de transición energética como herramienta para gestionar la energía producida por fuentes renovables. Tanto para controlar que su intermitencia no afecte al suministro, como para aprovechar (y guardar) el excedente que no se consume en momentos de alta producción. 

“A medida que avanzamos hacia un sistema de energía más distribuido, la flexibilidad se convierte en un factor más decisivo para los operadores de redes. El almacenamiento de energía combina electrónica y baterías eléctricas para permitir este modelo”, explica a este periódico José Antonio Afonso, responsable del segmento Commercial Building de Eaton en España.

La ‘macrobatería’, instalada en las ‘tripas’ del estadio, garantiza la energía suficiente para iluminar este estadio con capacidad para 55.000 espectadores que, además de eventos deportivos, suele albergar grandes eventos musicales. Pero también sirve para reducir las emisiones contaminantes porque, al ser una reserva de energía, evita que se utilicen generadores alimentados por diésel para asegurar el suministro eléctrico al estadio durante los eventos. 

“El Johan Cruyff Arena es uno de los estadios más sostenibles del mundo y lidera la introducción de innovaciones inteligentes como este sistema único de almacenamiento de energía”, comentó durante la inauguración del sistema el pasado mes de junio Henk van Raan, director de innovación de Johan Cruyff Arena. 

Esta revolución a gran escala es ya replicable en los hogares y edificios corporativos, por ejemplo. “Los sistemas domésticos y en empresas pueden ser agregados para gestionar cuánto y cuándo gastan y aportan los propietarios a la red”, comenta Afonso, de Eaton. “Las microgrids (micro redes o ‘islas energéticas’), instaladas a la escala de un gran edificio, un campus o una ciudad, ofrecen incluso más flexibilidad para la gestión de energía actual y futura”. 

¿Es replicable en España? En nuestro país, apunta el directivo de Eaton, se ha realizado ya la primera instalación doméstica. El sistema se llama xStorage Home y sirve para “optimizar y complementar la instalación de autoconsumo fotovoltaico que tenía el cliente en su vivienda”. Esta instalación es, conceptualmente, una réplica a escala hogar de lo que han instalado en el estadio holandés. “La vivienda se apoya en las renovables y el almacenamiento para ahorrar en el consumo eléctrico contratado”, añade.  

El experto considera que a nivel tecnológico, no hay barreras para que este tipo de sistemas se instalen en grandes infraestructuras. Un ejemplo es el caso de Endesa. “En el mercado hay desconocimiento, pero el interés crece año a año y en Eaton creemos que ya quedan pocas barreras o tabúes sobre las fuentes renovables y la acumulación de energía como apoyo y potenciador de las mismas”, sostiene Afonso.

Pendientes de que el Gobierno dé un empujón a la reglamentación que elimine las trabas burocráticas para las instalaciones de autoconsumo, desde Endesa también miran hacia un futuro más ‘verde’ y con grandes almacenamientos energéticos en grandes infraestructuras. ¿Veremos un Wanda Metropolitano iluminado gracias a baterías recicladas? “Es posible”, comenta Sánchez-Biezma. Aunque bajo su punto de vista, en el corto o medio plazo, las soluciones de almacenamiento que más proliferarán serán las adaptadas a los hogares y a las pequeñas plantas fotovoltaicas. “El almacenamiento es fundamental para la transición energética”, remata el director de Innovación de la eléctrica.